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Preguntado y Respondido por Minimum el 06-Dec-2004 03:24 (3991 lecturas)
S G: Vaya pregunta, ¿no? El condicionamiento del hombre sobre la vida del perro dificulta la respuesta. Como que se adaptó a las necesidades y costumbres humanas, y el hombre –obviamente- suele desarrollar sus actividades en las horas del día. Al convivir junto a él, los modos humanos se imponen.

Creo que el comportamiento de los perros salvajes podría responder dónde ubicarlos. Una pregunta anterior, sobre la visión canina, hace al tema: El ojo del perro, rico en bastones, le permite una buena vista crepuscular... Eso corresponde a animales nocturnos. No sé; no estoy totalmente convencido; quisiera analizarlo más... Deberíamos tener una respuesta en algo tan importante para entender algunas conductas caninas...

L de la S: En sus orígenes, al igual que ahora en estado salvaje, fueron nocturnos. Concuerda, pues los cazadores grupales furtivos muy rara vez actúan de día. Algunas conductas del perro doméstico, del que vive con nosotros, pertenecen al animal noctámbulo. Las actividades más serias de nuestros perros, y las más lúdicas –bien serias-, ocurren de noche: Desde escapar o romper cosas, a parir (La cantidad de nacimientos diurnos es escasa y, por lo general, un retraso en la parición). ¿Y hay algo más serio que morirse?, actividad o jugarreta para la cual los perros ancianos prefieren la noche. Las objeciones confirman mi conjetura: "Es lógico que se escapen o que las grandes macanas sucedan de noche; además de esconderse mejor, aprovechando la oscuridad, a esas horas los dueños están dormidos". Los animales nocturnos, precisamente, eluden la luz por razones parecidas: ocultarse, sorprender a dormidos y cegatos, encubrir la fuga. ¿Dirán, también, que el morirse de noche obedece a la metáfora? No, claro; "se relaciona con el descenso de la temperatura". Pero el frío del invierno no produce más fallecientes diurnos; otra metáfora, supongo.

Y no sólo aquello clandestino canil, elección entendible; tuve una dobermann, Bauch, a la que le daba por ayudarme por su cuenta: Uno de sus trabajos nocturnos fue trasladar cientos de libros de mi biblioteca al jardín; otro, con los rosales recién trasplantados, ponerlos nuevamente en las macetas donde viniesen. Y no ha sido el único perro ayudante nochero.

Sobran los de conductas noctámbulas. Una de mis pitbull, Bini, de día se esconde en el fondo de un cajón, pero la noche entera la emprende con resoplidos, quejidos, murmurios, gruñidos, ladridos y cantares. Muy propio de una lunática pretender a los gallos caricias de su dueño. Calvin, un bobtail de Ana Ferrari –esposa de Grodsinsky-, diurno en apariencias, dedica la noche a destrozar botellas de plástico y demás servicios ecológicos. ¿Es una excepción?

Todo hace suponer que son nocheriegos, que el hombre les impuso el día. Sin embargo, confunde la profusión de colores del pelaje: Iría contra el mimetismo y la lógica. Quizá la respuesta esté en su característica de animales dormilones, en que viven de sueño en sueño, en cortos estadios intermitentes... ¿Por qué dividir las especies sólo en diurnos y nocturnos? Agrego la calificación de virtuales cronocíclicos.

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