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Publicado: 31/5/2003
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002. ¡Me voy a comprar un Perro!

por Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros, Octubre de 2001



Es posible, amable lector, que cuando acabe de leer este artículo y, si ya ha disfrutado o disfruta de la compañía de un perro, piense que se equivocó en casi todo, cuando decidió adquirirlo. No se preocupe, yo pienso igual después de haber enterrado muchos de estos amigos y lo que es peor, creo que siempre seguiré equivocándome. En España, hay un viejo refrán que dice: mal de muchos, consuelo de tontos. Sin menospreciar, en absoluto, su capacidad intelectual ni la mía, pienso que si a los humanos nos cuesta trabajo elegir a nuestra propia pareja... ¿Cómo no nos vamos a equivocar con nuestro perro?.

El problema es que antes de casarnos, intentamos conocer a nuestra futura 'costilla' mediante el noviazgo y, aún así, muchas veces erramos. Para adquirir un perro, que será nuestro amigo durante varios años, nos fiamos del compañero, familiar, pajarero o peor aún, leemos toda una enciclopedia canina y llegamos a la conclusión de que todos los perros son buenos.

A usted, que ya tiene uno, debo decirle que no hay perro viejo para educar sino cachorro al que destrozar, y al que esté pensando en adquirirlo, le diré que lea el artículo sin complejos, ya que pertenece a una especie tan evolucionada que siempre será admirado por su futuro amigo.

¿Por qué quiere un perro? o dicho de otra forma, ¿para qué lo quiere?. En el artículo anterior decía que, también los humanos estamos sujetos a la Selección natural y el perro nos ayuda muchas veces a elevar nuestra aptitud sobre todo, en las funciones de supervivencia.

¡Yo soy muy gregario y necesito compañía!. ¡Cómprese un perro como el Boxer!. Si vive en un espacio de 60 metros cuadrados, tampoco le sirve esa raza sino otra que, a la vez de gregaria, no estorbe en su casa.

¡Tengo un problema de seguridad!. ¡No trate de solucionarlo con un amable Retriever!. Para su problema quizás un buen Pastor Alemán sea la solución adecuada.

¡Soy minusválido o convivo con ellos!. El Retriever del caso anterior sí es adecuado en esta ocasión.

¡Tengo poco carácter y no sé si me podré imponer a mi perro!. No adquiera un perro poco neoténico (1) como el Husky o Malamute.

¡Mi hogar está lleno de niños!. No se la juegue con un perro de raza tribal o expansiva que necesite competir por el liderazgo.

Condicionamientos vitales como los descritos hay muchísimos, pero también las razas que se comercializan cuentan entre ellas, con la adecuada al suyo. Siempre existirá el perro que usted necesita sea de raza pura o cruce.

Cuando preconizamos el adquirir un pura raza no lo hacemos por elitismo o desprecio a los cruces. El factor importante que aporta el espécimen puro es que su conducta está más estandarizada y la posibilidad de que se comporte como sus patrones filogenéticos mandan, es muy superior a la del mestizo.

Otro de los factores importantes en el que debo hacer hincapié es el de nuestra formación cara a la educación y/o adiestramiento de nuestro amigo así como nuestra forma física, edad e incluso, sexo. Debemos ser conscientes de que nuestro perro, sea de la raza que fuere, está buscando en nosotros el líder o Humano Superalfa que le asegure su supervivencia y reproducción y, para demostrarle lo preparados que estamos para ser su señor feudal, debemos establecer un modelo jerárquico adecuado a su raza y carácter individual. Tengan en cuenta que es muy difícil 'engañar' a un perro. Si queremos hacernos pasar por lo que no somos, nuestra conducta será detectada de inmediato por él y clasificada como deshonesta. Somos capaces de impresionar a un humano con una comunicación de farol pero nunca a un perro. ¡Ellos son maestros en señales interespecíficas!.

Es muy normal en mi consulta la queja de muchos dueños relativa a que su perro se va con cualquiera. El único problema aquí, es que ese perro no tiene dueño o simplemente, lo está buscando en otra persona. Casi siempre son ellos los que eligen dueño pero. ¿Cómo lo hacen?. Buscan entre la familia, al humano más dominante para que les ampare en su 'feudo' y, aunque quieran a todos los componentes, el respeto absoluto lo mostrarán hacia el líder de la manada humana. Los machos presentan esta conducta de necesidad de líder con mucha más intensidad que las hembras. ¿Por qué?. Simplemente porque el macho es más competitivo y territorial que la hembra.

La siguiente pregunta obligada es: ¿Que hace que un individuo, de cualquier especie, sea dominante?. Muchos etólogos, como Wilson, Yasukawa, Arcesse, Hoberton, Cristol y Piper, trabajaron duramente en la determinación del status individual hasta que Ketterson lanzó en 1979 los resultados: el factor más importante es el tamaño, seguido de la edad, la familiaridad con la zona, el sexo y el nivel de Testosterona en sangre.

No nos extrañemos, por tanto, si nuestro perro elige como dueño y señor al humano macho más corpulento, adulto y con mayor nivel plasmático de Testosterona. No quiere decir esto que no quieran y admiren a los demás miembros familiares. En mi caso y entre mis perros machos, la situación es algo así como la relación:

  • Mamá, comida y cariño.
  • Niños, juego y diversión.
  • Papá, trabajo y respeto.
Parece que al estereotipar al humano dueño caemos en una corriente machista. Realmente es así, pero no olvide el lector que su perro no entiende de modas ni filosofías humanas. La Testosterona, como saben, es una hormona muy unida a las conductas competitivas, agresivas y de dominancia social humana. Ellos respetan a quién la contiene y casi siempre le temen cuando la reacción previsible es de alta intensidad.

Cuando generalizo, no excluyo en absoluto a magníficas adiestradoras de corta edad, cuerpo ligero y poca Testosterona, sino que expongo conceptos etológicos que, aunque se opongan a nuestras creencias, están presentes en los patrones de conducta de la especie canina.

Otro práctica importante, a la hora de adquirir un perro, es hacer una introspección de nuestra forma de vida. ¿Me gusta el campo?...¿Tengo poco o mucho tiempo para dedicar a mi perro?....¿Estoy dispuesto a sacrificar ese tiempo en su beneficio?. Piense el lector que una equivocación, a la hora de elegir raza o individuo, puede ser una fuente de conflictos que se prolongará durante toda la vida de nuestro amigo. Por el contrario, una decisión correcta nos reportará muchos años de convivencia feliz entre ambas especies.

¿Dónde lo busco?. Mi consejo es que lo haga en criaderos serios, donde pueda ver y juzgar el carácter y la morfología de los progenitores, sus pedigríes, sus cartillas de trabajo o cualquier dato que contribuya a conseguir un ejemplar sano de cuerpo y espíritu. Si puede, hágase acompañar por un veterinario y por un especialista en conducta. Estoy seguro de que, entre todos, elegirán al espécimen correcto.

¿Con qué edad lo compro?. La edad perfecta para separar a un cachorrito de su madre, ronda los tres meses y medio y depende, en mayor medida de que haya superado el Imprinting y periodo de socialización(2). A esa edad ya veremos un retrato de su futuro carácter y un boceto de su morfología. Piense que un perro, aunque sea feo, si su carácter es bueno será un excelente compañero, pero si es guapo y con una tara psíquica tendremos en él una fuente de conflictos.

Si el perro nace en casa podremos estimular su desarrollo psicofísico mediante el estudio de sus periodos vitales y de las manipulaciones adecuadas. Es muy gratificante ver crecer en armonía un cachorrito hijo de nuestra perra. Podremos actuar sobre él como si de un hijo se tratara, aumentaremos sus condiciones intelectuales, nivel de instintos y patrones ontogénicos de conducta. Por su parte, él no entenderá otra clase de vida que la que usted le enseña.

En el siguiente artículo, veremos como desarrollamos este programa que empieza en el periodo neonatal y acaba cuando nuestro perro no necesita más que mirar nuestra cara para saber lo que queremos de él.

Ahora pregunto yo: ¿Está usted dispuesto?. Si es así... ¡Vamos a criarlo!.


1. La Neotenia es un retraso en el desarrollo psicomorfológico de una raza que hace que sus individuos mantengan caracteres juveniles en la edad adulta del animal. Está en relación directa al periodo de domesticación de esa raza. Así, un Pastor alemán seguirá siendo un cachorro juguetón hasta que muera mientras un ejemplar de razas nórdicas, se asemejará más al lobo en sus comportamientos.

2. El Imprinting o Impronta es la primera y más duradera forma de aprendizaje. Hace que un animal se identifique como miembro de una especie. El periodo crítico o sensible se produce entre las ocho y doce semanas de vida.

Aún cuando en este artículo solo toque las primeras etapas vitales de nuestro perro, pienso que será el más complejo en su exposición ya que, los cuatro principales meses, en la vida del animal, son estos primeros que pasará con usted.

Debemos tener en cuenta que cada perro tiene un papel a desarrollar en la convivencia con su dueño. Así, el que va a ser utilizado como guarda personal, defensa o trabajo deportivo debe ser 'modelado' con otros parámetros que los del animal de compañía pero, dado que la mayoría de estos simpáticos cachorros van a caer en manos de familias normales sin excesivas pretensiones de especialización, detallaré el método más lógico - científico en la cría de nuestro amigo y que no se oponga en absoluto al destino que, en su día, queramos darle. Quiero decir que, esta crianza, es la deseada como base para cualquier especialización futura.

El primer y principal trabajo consiste en enseñarle a nuestro cachorrito cual es su territorio y su puesto en el escalafón familiar. Él necesita, como nosotros, un rinconcito de privacidad propio dentro de todo el territorio de la 'manada'. Cuando entre en casa, enséñele cual es el sitio donde debe dormir, comer y ponerse a salvo de los niños propios y ajenos, esconderse de las visitas y eliminar el estrés que, cualquier perro-bebé, necesita con elevada frecuencia. Tenga en cuenta asimismo, que ese será su sitio hasta que cambiemos de casa y no trate, por falta de planificación, de cambiárselo caprichosamente.

Su puesto en la jerarquía familiar tratarán de enseñárselo los humanos más pequeños sin que usted deba impedírselo. Quizás la única precaución que deba tomar es prevenir que los 'profesores' atenten contra la integridad física del perrito, dejándolo lisiado, en el propio afán de su magisterio. No solo es aceptable que los niños jueguen con el cachorro, hasta cansarlo, sino que lo preconizo.

La evidencia clínica enunciada por el etólogo español Xavier Manteca, muestra que, perros que no han tenido contacto con niños en los primeros meses de vida, son responsables en el futuro de conductas agresivas hacia ellos. Piense el lector que un niño es un cachorro humano y, por más que nos declaremos amantes del perro, su integridad es objetivo fundamental en el otorgamiento de nuestros cuidados parentales y que, cualquier atisbo de agresividad del cachorro hacia un menor, debe ser erradicado con contundencia.

En la vida del perro distinguimos varios periodos o etapas vitales:
  • Periodo neonatal.
  • Periodo de transición.
  • Periodo de socialización o crítico.
  • Etapa juvenil.
  • Periodo de madurez.

Si el perrito nos ha sido vendido por un buen criador estará en el de transición o en el de socialización, y su carácter habrá sido modelado por él y por la perra. En este tiempo no debemos tratar de adiestrarlo ni enseñarle nada que requiera esfuerzo ya que es como un bebé, al que no se le puede exigir que resuelva ecuaciones. Insisto en que solo debemos educarlo en la jerarquía y el territorio. Si el perro crece, sin tener claros estos conceptos, será un animal inestable y potencialmente peligroso.

Aparte de la inestimable colaboración de los infantiles profesores aficionados, nosotros, sus dueños adultos, trataremos de estimular su gregarismo y enseñarle su sitio y forma de actuación en nuestra familia.

A la hora de comer
El perro siempre debe comer en el mismo sitio y a la misma hora mientras dura su crianza. Jamás se le debe dar ningún alimento fuera de su escudilla o mientras comemos nosotros, ya que esta sería la mejor forma de hacerlo un maleducado pedigüeño. La regularidad en la hora viene impuesta por su respuesta fisiológica. El perrito tiende a defecar pasados diez o veinte minutos de su comida. Sabiendo esto, no tenemos más que llevarlo, a esa hora, al sitio donde queremos que defeque de ahora en adelante. Cuando lo haga, alábelo siempre con las mismas palabras y en el mismo tono. ¡Muy bien! o ¡Bravo!.

Mientras se le suministra el alimento, los miembros de la familia y concretamente los niños, deben acariciarlo y jugar a quitarle la comida para posteriormente, devolvérsela. Con esto conseguiremos dos objetivos. El primero es aumentar la voracidad del animal incidiendo en su capacidad de alimentación per se (1) evitando uno de los problemas molestos para el dueño que ve inapetente a su perro adulto. El segundo es demostrar al cachorro que él se alimentará cuando nosotros queramos y no cuando le apetezca. Esta práctica de otorgamiento de recurso es una de las bases de la jerarquización temprana al igual que el suministro controlado del agua.

Algunos cachorros de tres o cuatro meses y de carácter excesivamente dominante, tienden a gruñir cuando tratamos de retirarle la comida. En ese caso, se le retira con más brusquedad a la vez que le golpeamos ligeramente en el hocico. Solo se le dejará comer cuando acepte este juego, incluso con los niños. Tenga en cuenta que, a esta edad el cachorro tiene muy poca capacidad de agresión y casi ninguna de provocar una lesión.

Cuando acepte de buen grado esta jerarquización, lo dejaremos comer a la vez que lo acariciamos y lo premiamos con la voz. Los niños, si los hay, deben estar siempre presentes en estas manipulaciones e intervenir como actores principales de la comedia.

Enseñándole la negación
El cachorrito aprende con facilidad a detectar el estado anímico de su dueño pero es necesario, enseñarle una palabra que él asocie a nuestro descontento. Esa palabra es. ¡NO!. Hay que dársela en un tono mas elevado que la de ¡Muy bien! y si pensamos que no la asocia con rapidez, la acompañaremos de un ligero golpe en el hocico (siempre con la mano).
Cuando crezca y, si le regañamos siempre por las mismas cosas y castigamos por los mismos desastres, conseguiremos que el perro entienda el bien y el mal sin tenérselo que explicar todos los días y de forma más contundente.

¿No puedo adiestrarlo en ninguna orden?
Bajo ningún concepto debemos enseñarle habilidad alguna hasta que aya completado su madurez psicofísica. Eso no quiere decir que no lo estemos educando constantemente en sus órdenes básicas como son el conocimiento de su nombre, la llamada y la sugerencia de que se retire a su sitio y no moleste.

Enseñándole su nombre
Debemos nombrar a nuestro perro con una palabra seca, sonora, corta y en las que aparezcan, a ser posible, las consonantes K, R, T y las vocales A, O. Diversos experimentos demuestran que una palabra onomatopéyicamente correcta, facilita enormemente la capacidad de comprensión y adaptación al lenguaje humano del perro. Uno de mis perros, Roco, ha llegado a entender cerca de cien vocablos (en diez años) pero he tenido que enseñarle, por ejemplo, que los pájaros de mi aviario se llaman KIKOS y la leña que él debe aportar a la chimenea son TRONCOS. Si le digo 'Troncos a los kikos' comenzará a llevar leña al aviario hasta que lo felicite y libere de la orden. Esto parece cosa de brujas pero, realmente, es un condicionamiento básico, aunque mantenido durante diez años.
Supongamos que hemos decidido que nuestro protagonista se llame, de ahora en adelante, TRUCO. Vamos a enseñarle a que venga y contacte con nosotros cada vez que emitamos ese sonido.

Llamando a 'Truco'
Para enseñar a nuestro cachorro a que venga cuando nosotros querramos, debemos utilizar el Condicionamiento Operante, es decir, vamos a hacer una adquisición de hábito basada un poco en la paciencia y un mucho en la Ciencia. Llamaremos al perro con voz suave y jovial (nunca lo llame para castigarlo), acompañaremos la voz de ¡Truco! con unas palmadas mientras nos inclinamos hacia él y esperaremos a que 'se le ocurra' venir.

Cuando esté a nuestro lado lo acariciaremos efusivamente e incluso, le daremos una pequeña porción de golosina. Para este trabajo necesitamos que el animal tenga hambre y que la golosina sea lo suficientemente pequeña para que no se sature su instinto de alimentación. Se sorprenderá de lo rápido que aprende a venir y de lo 'listo' que es el alumno.

Supongamos que ya viene cada vez que lo llama pero que no toma contacto con usted, es decir, no llega a tocarlo sino que se mantiene medio metro alejado de su pantalón. Dejaremos de acariciar y acercaremos la golosina a nuestra ropa hasta que el hambre y la necesidad de caricias lo venzan y toque nuestra pierna. Inmediatamente le suministraremos su premio y le diremos: ¡Truco, muy bien!. Pocas repeticiones bastan para que lo entienda.

Insisto en que nunca llame al perro para castigarlo porque destrozaríamos, para siempre, el trabajo. Si hace una faena y, al llamarlo viene, debemos premiar su acción y olvidar la fechoría. Por otra parte, si decide castigarlo, no lo llame, vaya hacia donde está él y regáñelo con el ¡NO!.

¡No molestes, vete a tu sitio!
Si desde que llegó a casa él tiene una manta, transportín, rincón o cualquier 'pequeño territorio' donde se sienta a cobijo de calamidades, coma, duerma y se tranquilice, observará que la conducta de 'retirarse' la ejecuta con espontaneidad. Solo tiene que inventar una palabra como ¡SITIO! y hacérsela llegar mientras él se retira. Cuándo se eche en su rincón, alábelo con ¡Muy bien, SITIO!. No se preocupe del tiempo que tarde en aprenderlo ya que usted está grabando en su 'disco duro' palabras imborrables a lo largo de su vida.

En el siguiente artículo veremos la segunda fase de la educación de su cachorrito cuando este se acerca a su adolescencia. Mientras tanto no se canse de jugar con él y sobre todo, no impida que cualquier niño se le acerque e incluso lo toque y juegue aunque no sea de su familia.


(1) Los perros, como todos los animales gregarios, se alimentan per se y por actividad de alimentación.
La primera forma implica hambre y necesidad de recurso. La practica el animal que tiene una necesidad imperiosa de consumir alimento para cubrir sus necesidades biológicas. La actividad de alimentación consiste en alimentarse porque ve hacerlo a los demás miembros del grupo aunque su necesidad de alimentación no sea perentoria. Suele ser una terapia adecuada el hacer comer a un perro inapetente junto a varios compañeros hambrientos de tal forma que, estos estimulen a comer al primero, con su amenaza de consumir su ración al acabar la suya.

AUTOR


Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros E-mail : pacemvis@gmail.com
Web : www.etologiacanina.net , AEPE: Asociacion para el Estudio del Perro y su Entorno

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