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: 013. Truco, la manada, el gato y el canario.  
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Publicado: 31/5/2003
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013. Truco, la manada, el gato y el canario.

por Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros, mayo de 2002



Debo ante todo, disculparme por mi torpeza al escribir este artículo en el lugar "trece" y no en el segundo. No obstante y como decimos en mi tierra, nunca es tarde si la dicha es buena. El lector habrá padecido, con toda seguridad, los problemas de la convivencia entre especies si es como yo, un amante del reino animal que trata de mantener en su hogar el número máximo de "bichos" ejerciendo, a la vez, de árbitro antidepredación.

Los enamorados de la especie canina casi siempre extrapolamos nuestra complacencia a otras especies tratando de que, entre ellas, exista la paz. Nos empeñamos en educar al depredador más importante, Truco, para que olvide su enemistad filogenética con el compadre felino, tratamos de convencer al gato para que no cace a los canarios, le contamos al hámster que no debe escaparse ni roer la alfombra del despacho y al gavilán que respete a las crías de jilguero de nuestro aviario...¡Lo tenemos claro!.

Muchos de los naturalistas que conozco se empeñan en algo tan complejo como es el convencer a Truco de que nosotros somos los compañeros Alfas de su manada. ¿Cómo va nuestro perro a creernos perro a nosotros también?. ¿Acaso Truco es tonto?.

Quizás podríamos cambiar la impronta de un modesto pato para que se crea que somos sus padres por el mero hecho de haber visto nuestra cara en la primera imagen después de la eclosión. A un mamífero evolucionado como nuestro perro, es muy difícil engañarlo de esa forma. Cuando me refiero, en artículos anteriores, al humano dominante lo llamo Superalfa, dueño del recurso, señor feudal o cualquier cosa menos perro líder. En mi territorio, el Jefe de manada canina es Roco y yo, su dueño, pero dueño humano.

En mi casa, por tanto, hay una manada de hámsters con su correspondiente líder, un montón de canarios capitaneados por un macho blanco de cinco años, unos ariscos jilgueros a los que el Alfa hace retirar a la parte alta del aviario, unas tortugas que campan por sus respetos, una familia de gavilanes que anidan en unos árboles cercanos y que depredan todo lo que pueden y una manada de perros de la que Roco se encarga de disciplinar. En medio del follón interespecífico, me encuentro yo con la única ayuda de mi paciente familia. Insisto en que yo soy el Superalfa, el superdepredador o simplemente, el que paga la comida de todos.


Truco y el gato


Muchos perros criados con gatos mantienen una convivencia feliz y sin sobresaltos. Algunas veces hasta se retiran del plato ante la acometida del iracundo felino. En muchas fotos de propaganda de piensos, vemos hasta un gato subido en la cabeza de un perro y un canario en la del gato. He de reconocer que es admirable la paciencia y dedicación del adiestrador que ha conseguido tal montaje fotográfico sin lesiones irreversibles de los modelos pero, eso no es lo normal. Estoy de acuerdo en que hay razas de gatos que son menos "instintivas" y otras de perros en las que casi se ha erradicado la agresividad pero, un perro normal, antes o después hará la "perrada" y un gato, la "gatada". Cada vez que estas situaciones se produzcan, habrá duelo entre la manada humana que perderá un ejemplar de su especie favorita.

A una sobrina de mi esposa, le dio por criar gatos de razas exóticas haciéndolos convivir con un buen macho de Pastor alemán. Al perro se le "convenció" de que no debía importunar a los gatos ni disputar recurso con ellos. Durante unos años, el buen pastor, soportó a los gatitos con una paciencia y filosofía propia del Santo Job. Un buen día, la criadora nos llamó por teléfono, en un alto grado de excitación, asegurándonos que su perro era un "asesino", que había matado al más querido de los gatos de concurso, precisamente uno sueco que había costado cerca de 1000 dólares.

Yo, con anterioridad, le había recomendado que separase a las dos especies dentro del territorio pero, como nadie es profeta en su tierra y nuestra sobrina creía en la "bondad" de la especie canina, el gato entregó el equipo con presteza después de conseguir herir al perro en el hocico. ¿Asesinato?. No, cuestión de competencias.

El perro y el gato se encuentran en el mismo nivel de la pirámide de predación, es decir, ninguno toma al otro por presa pero compiten por ellas. Así, un felino en libertad, tratará de cazar en el mismo territorio y a las mismas presas que el cánido, por lo que la relación entre ellos será la de competencia. Las hienas son las más directas competidoras de los leones sin que por esto podamos decir que se "odien". Simplemente disputan territorio y presa.

Los especialistas en organizar esta especie de convivencia, aseguran que la mayor parte de los ataques de perros a gatos amigos, se producen como respuesta a una carrera que el gato efectúa delante del perro. Al parecer, esta acción desencadena el instinto de presa del perro y bloquea momentáneamente los lazos de amistad y convivencia que, hasta entonces, les unían. No deja de ser una hipótesis a tener en cuenta pero, entiendo que el perro en ese momento, no ve a su compañero el gato como una posible presa, sino como un potencial competidor.

Entre los felinos domésticos y los perros, puede entablarse una amistad basada en la abundancia de recurso en el territorio, en la modificación de su conducta mediante la selección artificial y en la aplicación, por nuestra parte, de un ordenamiento territorial pero, insisto, siempre estamos expuestos a un desaguisado del tipo referido.


Los pájaros y el depredador


Cierto día de la Primavera pasada, y durante el periodo reproductor de los canarios, yo pasaba lista dentro del aviario tratando de inventariar los pollitos recién nacidos para anillarlos y hacerle su "carnet de identidad". Roco, profundamente interesado en la operación, seguía las evoluciones de los pájaros desde fuera de la tela metálica. Al no haber cerrado yo la puerta con la fuerza necesaria, uno de lo volantones se escapó por el resquicio. Mientras me giraba, oí un típico chasquido de mandíbulas. La cara de Roco era un poema. Perfectamente sentado y tratando de despistarme, miraba a un canario que se encontraba en la parte alta del aviario, y a mí de reojo. ¡Yo no he sido!. El canalla tenía la boca cerrada de la que asomaba, por su parte delantera, la cola del inocente pajarillo. Cuando lo llamé, me miró sin inmutarse para volver a fijar la atención en el punto anterior. Tuve que ordenarle ¡Junto! para que acudiera con su presa en la boca y solo con la orden de ¡Suelta!, reconoció la perrada que acababa de hacer.

En este caso, el pobre pajarillo salvó la vida y no sufrió más que un buen susto y un inesperado baño de babas. El respeto se impuso a la depredación pero, de no estar yo presente, hoy faltaría en mi casa un pájaro a lista.

Yo he educado a mis perros para que no destruyan la bandada de "Kikos" pero claro, ejerciendo yo de árbitro y de rey Salomón. Sorprendo con frecuencia, al viejo Roco sentado delante del aviario mirando con éxtasis a los pajarillos que revolotean en él. El granuja mueve la cola tratando de convencerme de que está allí con la intención de cuidar de ellos. ¿Usted lo creería?. ¡Yo no!.

Aunque Roco sea un depredador de herbívoros, tampoco le hará ascos a un buen pavo, pollo o canario que no pueda escapar volando de su acción cazadora. Además, cuando pequeño le estimulé el instinto de caza, por lo que ahora ya sé lo que me juego si lo dejo al cuidado de las demás especies que pueblan mi casa.

Truco, las tortugas y los hámsters


Para Truco, una tortuga es un animal extraño que practica la estrategia o efecto del "enemigo raro" descrito por R. Dawkin. No corre delante de él, para salvar su vida, pero tampoco es capaz de responder al ataque. Se desplaza parsimoniosamente delante de él y parece no temerle. Esta conducta la mantenían dos tortugas de cerca de un kilo de peso que poseíamos cuando mi macho era cachorro. El perro miraba sus evoluciones lentas y periódicas con estupor y algo de fascinación. Ya le habíamos enseñado a respetarlas cuando, por las noches se desplazaban de un lado a otro del cuarto de estar mientras veíamos la televisión. Eran tan tozudas que bajaban los tres pisos de mi casa lanzándose escaleras abajo y de peldaño en peldaño.

A mi perro lo condicionamos no solo para que no las depredara, si no para que supiera donde estaban en cualquier momento. Para ello les pusimos un nombre que él pudiera relacionar con estos bichos. Sonaba algo así como "Taco" y Roco, al oirla, corría hasta ellas ladrando y con ganas de juego.

Un buen día, desaparecieron las dos a la vez. No estaban dentro de la casa ni en el jardín, ni en los alrededores del aviario ni en la piscina. Se las había tragado la tierra o..... ¿Se las había tragado Roco?. El perro, a partir de ese día, al oír la palabra Taco, desaparecía y se refugiaba en un rincón del jardín. ¡Convicto y confeso!. Ya no tenemos duda de la autoría del crimen y por supuesto, las tortugas que tenemos ahora, son de otra especie y viven en un acuario que mi hijo tiene instalado en su habitación.

La tortuga puede ser una presa que, en épocas de hambruna, el perro puede incorporar a su dieta de vivir en el mismo ecosistema. Son lentas, fáciles de cazar y nutritivas presentando solo un factor negativo; lo difícil de su manipulación por la coraza natural. ¡Nada que no pueda solucionar un paciente y bien armado Pastor alemán!.

Los Hámsters que mi hijo cría en su terrario son, para mis perros, como los actores de una telenovela de esas que nunca acaban. Todos se pasan las horas muertas delante del cristal que los separa, observando sus evoluciones, peleas y construcción de madrigueras subterráneas. El problema es que mientras los observan, se relamen nerviosamente y gimen. Sospechamos, con fundamento, que el día en que alguno de los actores escape del televisor, entregará el equipo con la misma rapidez que el gato sueco de mi sobrina.

Los roedores sí son una presa habitual de los cánidos, por lo que la convivencia entre ellos es muy inestable y delicada. Es tan difícil conseguir que mi perro perdone la vida a una Cobaya como que mi hijo no deprede los langostinos que mi esposa guarda en el congelador para ocasiones especiales. Quizás la felonía no la cometan en nuestra presencia pero tenemos la seguridad de que, antes o después, la llevarán a cabo.

En este artículo he hablado de la convivencia del perro con algunos animales que, en este caso, son los que pueblan mi casa. Estoy seguro de que el lector podrá ampliar sus experiencias a tenor de los individuos que mantenga en su zoo particular.

Asimismo, quiero hacer hincapié en que para cometer un crimen y merecer el calificativo de "asesino" es necesario que concurran los circunstancias de dolo, premeditación, alevosía, nocturnidad, cuadrilla y descampado. Estas circunstancias agravantes de la responsabilidad criminal, solo pueden ser tenidas en cuenta si el acusado es un humano y no un pobre perro que, encima de cumplir con las leyes naturales, tiene que adaptarse a las de otra especie.


AUTOR


Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros E-mail : pacemvis@gmail.com
Web : www.etologiacanina.net , AEPE: Asociacion para el Estudio del Perro y su Entorno

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