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Conducta: Informe sobre los 'Perros Potencialmente Peligrosos'  
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Publicado: 31/5/2003
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Informe sobre los 'Perros Potencialmente Peligrosos'

por Manuel Lazaro Ribio, septiembre - 2002


Original en : http://www.asocan.com

Es indiscutible el papel y la importancia del animal de compañía, principalmente perros y gatos,  en toda sociedad moderna y civilizada. Una convivencia hombre-perro de más de 10.000 años no puede ser cuestionada de golpe y plumazo a consecuencia de unos desgraciados accidentes, pasando de ser “el mejor amigo del hombre” a auténticos proscritos, como viene sucediendo en estos últimos años. Como prueba de la existencia desde siempre de ciertos incidentes en esta relación, decía una máxima periodística que “perro muerde a hombre” no era noticia, sino al revés, “hombre muerde a perro”. Los actuales medios de comunicación se han encargado de invertir esto realizando una información sensacionalista y, en la mayoría de los casos,  lejana de la realidad.

Pacto hombre-perro


El perro y el gato son las únicas especies animales que el hombre primitivo no sometió por la fuerza en el proceso de domesticación, sino que estableció una relación de mutuo interés; los primitivos cánidos ayudaban al hombre vigilando los poblados y colaborando en la caza, aprovechándose por su parte estos animales de la seguridad que les proporcionaba el hombre frente a otros depredadores y obteniendo comida fácil en los desechos y sobras de la caza. El perro es un depredador con unas características que  lo han hecho especialmente útil para el ser humano, cumple con importantes misiones en la caza, en salvamento, en labores de guardería, en auxilio de discapacitados, en terapias de enfermos y por supuesto, su valor como animal de compañía es indiscutible. La agresividad es un rasgo comportamental normal en el perro como mecanismo protector al ser amenazado o competitivo ante su territorio, la comida o la pareja. Si  esta conducta se vuelve excesiva o incontrolada, es cuando el animal podrá resultar peligroso.

Violencia en la Sociedad


La agresividad con los perros de ciertos colectivos no es un hecho independiente de la “agresividad social” que parece invadirlo todo: la violencia en el deporte (fútbol), en los radicales de la política, los brotes de xenofobia, la denominada “violencia doméstica”, incluso el “botellón”, son sólo algunos aspectos exponentes de la falta de educación, respeto al prójimo e incluso de violencia intrínseca de las sociedades actuales. En palabras de Ray Butcher,Presidente de FECAVA (Federación Europea de Asociaciones de Veterinarios de Animales de Compañía), …debemos preguntarnos si la raíz principal del problema está relacionada con los perros por sí mismos o a aspectos más complejos secundarios al ambiente y la cultura social. El problema es que ¿la gente posee perros peligrosos o más bien es que algunos perros son propiedad de gente peligrosa e irresponsable?. Existen por ejemplo claras conexiones entre peleas de perros y crimen organizado o entre perros peligrosos y delincuencia en general. La prohibición de una determinada raza simplemente conlleva el cambio a otra, continuando con sus actividades, como ya ha sucedido en Gran Bretaña a consecuencia de la “Dangerous Dog Act” de 1991. Es difícil imaginar que los responsables de determinadas conductas antisociales puedan preocuparse de atender a las necesidades de los animales de compañía, evitando perjudicar a sus conciudadanos. A la hora de legislar debemos ser conscientes de nuestras limitaciones, evitando crear una mayor presión sobre los “buenos ciudadanos”, mientras los auténticos responsables incumplen sistemáticamente toda normativa.

Tenencia responsable


Todo ello no debe restar en absoluto importancia al problema de las agresiones a las personas, algo que debe preocuparnos y ser atendido con el mayor interés por todos los implicados, criadores de perros, comerciantes, adiestradores, veterinarios, la Administración y fundamentalmente, por los propietarios de los animales. Para evitar los problemas, hasta cierto punto lógicos de esta convivencia, es imprescindible la integración plena de estos animales, independientemente de su raza o características físicas, así como su control en la vía pública y en sus alojamientos. La tenencia responsable” de todo animal de compañía, debe ser el eje sobre el que se dictaminen los pasos a seguir para tratar de raíz los problemas de convivencia con los animales, tanto desde el punto de vista del bienestar animal (abandonos, crueldad, etc.) como fundamentalmente, frente a la sociedad en general (agresiones, ladridos, molestias al resto de ciudadanos, animales que se fugan, suciedad en la vía pública, etc.). Distintos estudios manifiestan que en su gran mayoría las denuncias de los ciudadanos son interpuestas por ruidos o suciedad, siendo aquellas motivadas por agresiones muy escasas.

¿Razas peligrosas?


Se ha intentado identificar de forma concluyente las razas o tipos de perros más peligrosos, no obteniéndose resultados concluyentes en ningún caso. No existen razas claramente peligrosas, la agresividad es una característica principalmente individual, con un cierto grado de influencia genética, pero con una importancia mucho mayor de la educación y socialización, como veremos después. La raza no es un factor que nos permita predecir con un mínimo de garantías esta conducta, al igual que sucede con las características físicas, que han intentado recoger en determinadas normativas. Cualquier animal con un tamaño y peso suficiente podría resultar conflictivo. En la  propia exposición de motivos de la Ley  50/1999 se indica que “…la peligrosidad canina depende tanto de factores ambientales como de factores genéticos, de la selección que se haga de ciertos individuos, independientemente de la raza o del mestizaje, y también de que sean específicamente seleccionados y adiestrados para el ataque, la pelea y para inferir daños a terceros.  Así, perros de razas que de forma subjetiva se podrían catalogar como “peligrosos” son perfectamente aptos para la pacífica convivencia entre las personas y los demás animales, incluidos sus congéneres, siempre que se les hayan inculcado adecuadas pautas de comportamiento y que la selección practicada en su crianza haya tenido por objeto la minimización de su comportamiento agresivo.” Continúa más adelante indicando que “…el concepto de perro potencialmente peligroso expresado en la presente Ley no se refiere a los que pertenecen a una raza determinada…”

La definición de “perro potencialmente peligroso” que figura en todas las legislaciones, debería huir de razas o tipologías como lo demuestran todas las estadísticas de siniestralidad. Las listas más amplias de razas peligrosas en la normativa, nunca han incluido más de un 15-20% de las agresiones. Estas listas son muy diferentes en la normativa de cada uno de los países o incluso en regulaciones comunitarias o locales, tanto en las razas que lo componen como en el número de las mismas, incluyéndose desde tan sólo 1 ó 2 hasta 14 razas. La única raza que se repite con mayor frecuencia son los “Pit bull”, si bien en este caso sería necesario hacer algunas precisiones. Esta raza o agrupación de perros tiene su origen en las peleas y por ello es la preferida por colectivos con estas perversas aficiones y por delincuentes que buscan animales para hacerlos agresivos. Ello desviaría de forma importante las estadísticas de siniestralidad. Sucedería lo mismo que en los accidentes automovilísticos si, como reza el tópico, los jóvenes prefieren los coches pequeños, deportivos, rojos con muchos caballos de potencia y fruto de ello aparece una mayor siniestralidad; entonces ¿serían realmente “vehículos peligrosos” precisando permisos especiales, o por el contrario la responsabilidad recaería en los conductores?

Pueden manejarse multitud de datos estadísticos que, aun con las imprecisiones que en este tema entrañan, indican que el factor raza no es en nuestro entorno pronóstico de peligrosidad. En Francia en 10 años se produjeron 7 muertes de personas viéndose implicados 9 Pastores alemanes o cruces de estos, 1 Rottweiler, 1 perro de caza y 1 mestizo. En España los perros que históricamente se han visto más implicados en siniestros graves han sido Pastores alemanes, mastines y cruces de estos. En la actualidad se han producido accidentes con Rottweiler, Pit bull o Dogo argentino. La explicación es clara, los Pastores alemanes y sus cruces son la raza con mayor número de ejemplares en nuestro entorno y a medida que se popularizan otras, son también responsables de accidentes. Distintas estadísticas municipales ofrecen datos como que un 30% de las agresiones de cualquier tipo son producidas por mestizos, un 20 % por Pastores alemanes y cruces, un 5% por Rottweiler, un 2% por Boxer, Doberman, Mastín, Pastor Belga, Pit bull y menos de un 1% por el resto de razas, estando la mayoría representadas. Existen estudios que destacan la implicación en accidentes, de los perros utilizados en trabajo y deporte, posiblemente fruto de su adiestramiento.

La prohibición de las razas no afecta a los colectivos violentos puesto que en muchos casos se mantienen en la clandestinidad, o cambian a otras razas con los mismos resultados o incluso se continúa con la cría de por ejemplo “Pit bull terrier” pero sin su aspecto físico, lo que los hace pasar inadvertidos. (Las denominadas líneas de trabajo o incluso los ejemplares utilizados en peleas, no presentan el físico tan espectacular de otros ejemplares, siendo animales de gran resistencia física, con agresividad muy potenciada, pero pasando físicamente en muchos casos inadvertidos)

Agresividad por dominancia


La “agresividad por dominancia” es una de las principales causas de agresiones en los perros;  se produce en el interior del núcleo familiar y se dirige en muchos casos hacia los niños. Esta patología del comportamiento se produce como consecuencia de un conflicto jerárquico en el que el perro no acepta la autoridad de uno o varios de sus dueños. En el momento en que el animal se ve cuestionado en alguno de sus privilegios, muestra una conducta agresiva que puede variar desde un simple gruñido hasta una grave mordedura. Los niños son especialmente vulnerables ya que pueden provocar con sus juegos la agresividad del perro, no siendo conscientes de los gestos previos del animal o avisos y además, porque debido a su pequeño tamaño, las lesiones suelen ser en cabeza o cuello lo que entraña mayor gravedad. Ninguna de las medidas tomadas en la legislación previene este tipo de ataques que generalmente se producen en el hogar. La única manera de atajarlos es mediante una correcta socialización del cachorro, una selección de los ejemplares para eliminar esta patología y fundamentalmente con información hacia los propietarios.

Normativa en otros países


Las normativas publicadas con anterioridad en otros países y de las que son copia las nuestras, han demostrado su total ineficacia, habiendo sido ya derogadas en muchos casos. La pionera “Dangerous Dog Act” británica hace agua por todas partes, por la indefinición de los perros peligrosos, implicaciones en el bienestar animal, vulneración de los intereses de multitud de honrados propietarios, la continuación igual que estaba del mundo clandestino de las peleas,  la existencia de “pit bull” sin aspecto  de “pit bull” y así un largo etcétera. En Alemania cada región tiene sus Leyes, con listas de razas que van de 3 a 13 según los Estados, habiendo sido en la actualidad derogadas en muchos lugares. La Ley francesa de la que emana nuestro Decreto 287/2002, fue modificada tan sólo 3 meses después de haber sido promulgada, debido a la presión social. En Suecia se prohíben sólo los híbridos de lobo, en Holanda los Pit bull, ….

Si el problema real de la agresividad canina fuera posible atajarlo con listas de razas o tipos de perros, ¿no sería lógico que estas listas coincidieran aproximadamente en todos los países?. Por desgracia podemos asegurar que la mayor parte de las veces las leyes han sido tramitadas apresuradamente en respuesta a la presión de los medios de comunicación y a pesar de oposiciones muy significadas de sectores profesionales implicados.

Las autoridades de Bélgica se han convencido de que las leyes de razas específicas no son capaces de proporcionar soluciones, no estando prohibida ninguna. En su lugar se crearon una serie de grupos de trabajo multidisciplinares para investigar el problema de la agresividad y la seguridad pública, salud pública, el manejo de los perros en la sociedad, los criaderos y comercios, las técnicas de adiestramiento y el tratamiento de las patologías de conducta.

Perros peligrosos


El colectivo veterinario es partidario de Leyes sensatas que controlen los problemas de convivencia con los animales, y en este sentido, el Decreto sobre perros potencialmente peligrosos tiene muchos aspectos de gran interés. En donde todas las normativas fracasan es el intento simplista de incluir a un determinado número de razas o de tipo de perros. Deberíamos ponernos de acuerdo primero sobre ¿quién puede ser considerado un perro peligroso o potencialmente peligroso? y por lo tanto aplicarle la normativa. Por todo ello la definición de “perro potencialmente peligroso” debería huir de razas o tipologías. Animal peligroso debería ser considerado a aquel que muestre signos de serlo por su conducta o que haya tenido algún episodio previo de agresión, o que haya sido adiestrado para el ataque. En este apartado se abre un importante capítulo que son los denominados “test de aptitud” que permiten valorar la conducta de un perro en distintas situaciones de convivencia diaria y, en función de su resultado, decidir si un ejemplar es o no apropiado para vivir en Sociedad y hasta qué grado. La Administración debe potenciar y poner los medios para que estos test se generalicen a partir de una determinada edad (12-18 meses), realizados por profesionales capacitados (veterinarios etólogos) auxiliados por adiestradores y así conocer con precisión los “perros potencialmente peligrosos” reales, basados en pruebas fiables. La importancia de los ataques de los perros a otros miembros de su especie, aun siendo mucha, no es comparable con las agresiones al ser humano y deberían diferenciarse.

Una vez identificado el problema exijamos en estos casos el cumplimiento de una normativa oportuna que evite riesgos a la sociedad.

Socialización del cachorro


Multitud de estudios demuestran que la principal arma para evitar la agresividad y otras conductas inadecuadas de los perros es la correcta “socialización de los cachorros”, consistente en criar al animal en un entorno adecuado, con contacto con distintas personas y así permitirle adaptarse a múltiples situaciones variables. Esto le permitirá por ejemplo aprender a controlar la agresividad desde muy pequeño si muerde y provoca dolor a su madre, hermanos o a su dueño, a no tener miedo a los sonidos, a confiar en las personas y muy especialmente a los niños, etc. Es en definitiva el momento de acostumbrarse a “personas, cosas o situaciones” de su entorno; puesto que aquellas experiencias que no se produzcan durante este periodo, serán más difíciles de tolerar en un futuro por el perro adulto. Si no existe contacto con personas u otros perros, este animal de adulto será agresivo con los individuos de su propia especie y podrá resultar agresivo o tímido con las personas.  Un cachorro criado de forma aislada con escaso o nulo contacto con el exterior y con las personas, nunca tendrá un carácter equilibrado, salvo raras excepciones,  pudiendo resultar agresivo o tímido. En este momento está la génesis de un futuro animal desequilibrado y peligroso. Las normativas que restringen el acceso a la vía pública de los animales son generadoras de futuras conductas indeseables en los animales.

Un aspecto importante que es preciso aclarar a la población en general, motivado por la sistemática desinformación de los medios de comunicación en este tema, es la inexistencia de perros que “de repente” se vuelven locos o agresivos y atacan a las personas. Detrás de cada incidente existe una mala crianza, un animal desequilibrado o una serie de circunstancias que conducen a ese desgraciado suceso. Los propietarios de un perro equilibrado, con una buena convivencia familiar y que nunca ha manifestado signos de violencia, deben estar tranquilos sabiendo que u perro en absoluto es peligroso sea de la raza que sea. En el pasado se han regalado, eutanasiado o abandonado muchos perros con una conducta intachable a consecuencia de la psicosis creada por los medios de comunicación y la desinformación de los propietarios.

Errores del Decreto 287/2002


La principal oposición de nuestro colectivo, como creemos que ha quedado suficientemente clara y justificada, es la referida a la definición del grupo de perros potencialmente peligrosos a los que se les aplica la normativa. La mayoría de las obligaciones en él recogidas nos parecen acertadas si se dirigen a los verdaderos responsables del problema. En cualquier caso existen algunos aspectos a destacar:

El Decreto, con sus medidas de control, fomenta la antisocialización de un elevado número de perros, siendo por ello responsable de problemas futuros. El aislamiento de los animales es la mejor forma de conseguir que estos sean tímidos, agresivos, incontrolables en la vía pública y, en definitiva, candidatos a futuros problemas.

Deberían diferenciarse las normas de tenencia de perros en la etapa juvenil del control de animales adultos, tan importante para su futura conducta y permitir una cierta interacción con el entorno y las personas.

El uso permanente del bozal es responsable de trastornos de conducta (ansiedad) así como de riesgos para la salud del propio perro (golpe de calor). Además en la mayoría de los casos es innecesario pues prácticamente no existen accidentes ni agresiones de animales sujetos por su dueño con la correa. (Todos los accidentes graves se producen con animales sueltos, descontrolados)

Soluciones



Intentar solucionar aspectos puntuales conduce inexorablemente al fracaso. La educación de los ciudadanos es fundamental en la convivencia en nuestras ciudades y no lo es menos en el caso de los animales de compañía. El ejemplo de enfoque multidisciplinar belga parece que podrá conducir por el buen camino, y deberemos estar pendientes de sus conclusiones. La implicación de todos los estamentos relacionados con el problema se puede plasmar en propuestas que deberían incluir:

Legalización de los criadores y obligación de realizar una selección de la cría contra la agresividad. Todos los reproductores deberían superar los test de aptitud. Tanto ellos como los comerciantes informarán a los nuevos propietarios de las características de su animal y de la importancia de una correcta socialización.

Control de los adiestradores, evitando la potenciación de la agresividad y facilitando la socialización de los animales.

Los veterinarios deben potenciar la tenencia responsable y la socialización de los cachorros desde sus primeras visitas. Fruto del contacto estrecho con el cachorro podrán detectar conductas indeseables y modificarlas.

Los propietarios recibirán información de todos los profesionales implicados, estando obligados a mantener los perros siempre bajo control, respetando su bienestar y sin provocar molestias a sus conciudadanos. Si son establecidos, deberán pasar los test de aptitud y cumplir la normativa vigente que les sea aplicable.

La Administración debe dictar normativas que respondan a unos criterios lógicos y consensuados. La aplicación de estas normativas debe ser inflexible para obligar a quienes se relajen en su cumplimiento. Los poderes públicos deberían estar abiertos a posteriores modificaciones propuestas bajo asesoramiento de los profesionales implicados y siempre buscando el mayor consenso posible. Las leyes fáciles de entender por la población y que respondan a criterios correctos, contarán con el respaldo de la mayoría de los “buenos ciudadanos”.

Persecución implacable de la delincuencia relacionada con los perros (peleas, usos intimidatorios, etc.) con castigos ejemplares que hagan desistir del uso de los animales en estos delitos. Tipificación como delito de la crueldad con los animales.

Deben identificarse las víctimas potenciales de las agresiones, especialmente los niños, para proporcionarles una educación especial en prevención de riesgos.

La obtención de perros tipo “ciudadano modelo, debería ser la tendencia futura para una mejor convivencia e integración del perro en nuestra sociedad. Estos animales demuestran su plena adaptación (test de aptitud, pruebas de obediencia, ausencia de incidentes, etc.) y se les permite, según los resultados, un mayor o menor acceso a lugares públicos.

Para terminar, un aspecto fundamental que debiera quedar bien claro es, que las críticas  a la normativa actual realizadas por nuestro colectivo, responden no tanto a la defensa de los intereses de propietarios o animales, sino a considerar la ineficacia en la resolución de los problemas de estas medidas frente a la agresividad canina. El problema de las agresiones caninas es tan importante que merece soluciones globales, consensuadas y lógicas, lejos de “leyes apagafuegos” para acallar a los medios de comunicación.


Asocan

Fdo. Manuel Lazaro Rubio


AUTOR


Manuel Lazaro RibioWeb: ASOCAN


 
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