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Publicado: 31/5/2003
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Educación del perro de búsqueda y rescate urbano y rural de area

por Engels Germán Cortés Trujillo, 2002




Se presentan las consideraciones básicas para garantizar la convivencia y la seguridad del perro de búsqueda y rescate urbano y rural de área en el medio humano, y facilitar su adiestramiento y control general y operativo.

1. INTRODUCCIÓN:


Una de las habilidades que debe dominar el perro K-SAR es la educación, tanto para convivir adecuadamente con el entorno humano y sus reglas de comportamiento, como para desenvolverse con seguridad en ese mismo entorno, y para que el miembro humano de la pareja cinófila pueda orientar con mayor eficacia el adiestramiento y el control de su compañero canino. Esta ponencia establece algunas pautas pertinentes para desarrollar ésta, la segunda etapa del Adiestramiento K-SAR.

2. JUSTIFICACIÓN DE LA EDUCACIÓN:


Al igual que la preparación, la educación es necesaria para un perro de búsqueda y rescate, ya sea por la simple necesidad de controlarlo en la vida cotidiana, obtener su aceptación en la sociedad, los medios de transporte y los lugares de trabajo, o dirigirlo exitosamente en la labor de rescate. Aquí menciono edades y procesos ideales, pero tampoco son una camisa de fuerza.

A su vez, la educación no es el objetivo único de esta etapa, sino también el de reforzar los comportamientos básicos de búsqueda y señalamiento observados en la evaluación final de la etapa de preparación, en aras de no permitir su extinción. Por ende, es bueno repetir esos ejercicios, gradualmente su complejidad, al menos quincenalmente mientras se termina la educación. Esta variedad de acción también hace el trabajo más interesante para el perro y favorece su disposición de aprendizaje.

3. EDAD PARA LA EDUCACIÓN:


Entre alrededor de los 6 a los 10 meses, el principio del estado juvenil. De ser un perro salvaje o un cánido cualquiera (lobo, zorro, hiena, dingo, coyote), es el momento en el que deja de ser un cachorro, y comienza a abandonar la dependencia materna.

Empieza a cazar, a matar, a sobrevivir por su cuenta y a ser instruido, a veces a la fuerza, con las normas de comportamiento de la jauría y de la vida. Desaparece ya el tabú que antes le protegía de intocabilidad a los cachorros y si es necesario es castigado duramente por sus mayores. Al mismo tiempo, sigue e imita al alfa de su manada (macho o hembra, ambos casos son posibles), al que "promete fidelidad" y del que trata de aprender lo máximo posible mientras llega a adulto (Mech, 1.987).

Tres veces mencioné en el párrafo anterior la palabra aprendizaje, la clave de esta etapa. En la de preparación allanamos el camino para que el aprendizaje social se diera, aquí lo concretamos. Y aunque no tratamos con un perro salvaje en una jauría, sus estructuras conductales están listas para seguir el proceso natural. Por fuerza, la familia salvaje es sustituida por la humana y el rol del alfa de la manada debe ser asumido por el guía.

De no intervenir adecuadamente, el proceso continuaría hacia la búsqueda de la supremacía social del perro en la familia humana. Eso es justamente lo que ocurre en tantos casos en los que el animal literalmente hace lo que le da la gana. Quiere a sus "dueños", pero no los respeta. No los concibe como autoridades, sino como sus "alimentadores oficiales", obligados además a pasear detrás de él y compartir su cama, sus cosas y su paciencia.

Esto jamás pasaría en la jauría. Más pronto que tarde, lo adultos ponen al juvenil en su lugar y muy claramente le hacen saber hasta dónde puede llegar, qué se espera de él y qué significa el romper las normas (Zimen, 1.988). Pero en el entorno humano la intervención le toca entonces al guía. Tal vez no le enseñará al animal el código de conducta de la jauría, sino las reglas de convivencia en el medio humano, de manera que evitará problemas y será tolerado en su nueva familia. Esta es la educación.

Paralelamente, el guía pasa del rol de mamá al del "alfa de la manada", con lo que reafirma y asegura los lazos de amistad con su compañero. Además, más o menos a entre los 6 a los 10 meses el perro ya alcanza la madurez neurológica necesaria para aprender condicionamientos instrumentales con plena eficacia, y ronda justamente por el período crítico de aprendizaje para ese propósito.

Pero el no cumplir con esta edad no es una razón obligatoria de exclusión: Si el perro ingresa al Programa en la edad límite de 18 meses, también puede ser preparado y educado para pasar más adelante al adiestramiento. Sólo que demandará más tiempo y cuidado para no saturarlo y terminará más tarde. Pero es viable.

4. CONSIDERACION ES GENERALES:


Como adiestrador privado siempre hice claridad a mis clientes al comenzar una educación: un perro es un organismo biológico más rápido, más ágil, más resistente, con reflejos más inmediatos y, a la hora de pelear, más peligroso que un ser humano sin armas. Tiene menos fuerza, pero la distribuye mejor (tracción en 4 patas, mientras que los bípedos sostenemos un precario equilibrio perpendicular al suelo, con un centro de gravedad muy alto y por lo mismo vulnerable ante empujes laterales), y algunos sentidos mucho más desarrollados. Puede leer e interpretar fácilmente nuestra repetitiva conducta y predecir (y por lo tanto evitar), nuestras respuestas que considere indeseables. Por todo esto, si se tratara sólo de la imposición de una superioridad física, de entrada estaríamos en desventaja y tendríamos pocas posibilidades de éxito en el intento de modificar la conducta del animal. Pero a nuestro turno somos más inteligentes y hemos logrado un conocimiento sobre la conducta animal en general y la canina en particular. Estos recursos nos permiten tomar la delantera y cumplir nuestro propósito, sólo si los utilizamos bien. En pocas palabras, si respetamos las reglas de la Etología y la Psicología del Aprendizaje, que nos ofrecen la llave de entrada racional a los procesos de modificación conductual.

Aquí está presente el condicionamiento instrumental en toda su extensión, entre otras razones porque el animal ya posee la capacidad para asimilarlo. En la presencia de una señal ambiental definida (la orden del guía), una respuesta instrumental del sujeto producirá un evento llamado el reforzador (positivo si la respuesta es la esperada, negativo o neutro si no). Si el refuerzo es positivo, incrementará la posibilidad de repetición de la respuesta. Las otras dos opciones facilitarán su extinción.
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