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: B.F. Skinner (1904-1990) (1/5)  
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Publicado: 12/4/2004
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B.F. Skinner (1904-1990)

Louis M. Smith1


El texto que sigue se publicó originalmente en Perspectivas: revista trimestral de educación comparada
(París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIV, nos 3-4, 1994, págs. 529-542.
©UNESCO: Oficina Internacional de Educación, 1999
Este documento puede ser reproducido sin cargo alguno siempre que se haga referencia a la fuente


Skinner es el psicólogo estadounidense más destacado del siglo XX y tal vez el más importante del mundo desde Freud, o junto con 'l. Su primer libro, The behavior of organisms [La conducta de los organismos] (1938) marcó un hito y originó una nueva ola de conductismo. Durante los cincuenta años que siguieron a la publicación, Skinner sometió sus teorías a elaboraciones, críticas y reelaboraciones sucesivas. Ningon problema resultaba demasiado vasto ni excesivamente estrecho para su mente observadora y analítica.

Descubrimiento de una vocación
De creer lo que decía el propio Skinner, se necesitaría analizar su historia personal para entender cómo se convirtió en psicólogo, ya que su decisión de estudiar psicología obedeció a una serie de circunstancias excepcionales.

Burrhus Frederic Skinner nació en la pequeña ciudad de Susquehanna, Pennsylvania. Se licenció en literatura en el Hamilton College y el año siguiente emprendió la tarea de convertirse en escritor. Fue un periodo de frustración y fracaso, ya que descubrió que no tenía nada importante que decir. Como cuenta en su autobiografía Particulars of My Life [Detalles de mi vida]: "Aparentemente, fracas' como escritor, pero ¿acaso no era porque la literatura había fracasado como m'todo para mí?" (Skinner, 1976, pág. 291). "Estaba zozobrando en un mar proceloso y a punto de ahogarme, pero hubo una salida. Dial (una revista que había leído durante mucho tiempo) publicó algunos artículos de Bertrand Russell que me llevaron a leer su libro Philosophy, publicado en 1927, en el que se extendía sobre el conductismo de John B. Watson y sus consecuencias epistemológicas" (Ibid. pág. 298).

Pronto se puso a leer a Watson y Jacques Loeb y a escribir una crítica de un libro de Berman, The religion called behaviorism [Esa religión llamada behaviorismo]. La Saturday Revíew of Literature no publicó su reseña, "... pero al escribirla, más o menos me estaba definiendo por primera vez como conductista" (Ibid., pág. 299). Tras una serie de conversaciones con amigos de la facultad de Hamilton, solicitó el ingreso en Harvard para el otoño de 1928 para preparar un doctorado en filosofía y fue aceptado.

Este cambio espectacular que le hizo abandonar la literatura por el conductismo sin haber seguido nunca un curso de psicología puede considerarse como una conversión. Podría decirse que Skinner tenía a su disposición bien pocos datos al dar un paso intelectual que duraría el resto de su vida, más de cincuenta años. Algo en los libros de Russel y Watson tocó una cuerda sensible en la mente de aquel joven que salía de su adolescencia. Una visión del mundo se iba configurando antes incluso de que descubriera o construyera lo esencial de su teoría -el mundo de los operantes, las respuestas, los reforzamientos y los estímulos discriminativos-. Parece que la experiencia personal de Skinner influyó más en su elección que la consideración de su vida profesional.

El clima social, caracterizado por la superación de la gran depresión de los años 30 y la ulterior victoria en la guerra, se ensombreció considerablemente durante la posguerra. Skinner escribió: "El conductismo me atrajo porque, como Watson, creía que un mejor conocimiento de la conducta humana nos ayudaría a superar nuestros problemas". El universo de Skinner en una aldea estadounidense antes de la experiencia de la Primera Guerra Mundial le inculcó una fe poco comon en el "progreso". Este terreno abonado serviría para nutrir su teoría: el conductismo.

Una concepción del mundo
A lo largo de toda su vida, Skinner nunca cesó de proponer ideas originales en los ámbitos más diversos. Esas ideas se inspiraban en Pavlov, Thorndike y Watson, pero Skinner les dio un grado distinto de diferenciación, generalidad e integración. Sus reflexiones siempre tenían un aspecto práctico, concreto y t'cnico. La educación en sentido amplio fue una de sus ocupaciones, sin dejar por ello actividades tan variadas como el diseño de una cuna, las máquinas de enseñar y la enseñanza programada. Otras ideas eran fruto de su creatividad, su inventiva y su competencia como investigador.

La brillantez y la amplitud de su inteligencia -además de una especie de simplicidad- eran ya patentes en su primera obra, The behavior of organisms [La conducta de los organismos] (1938). En el primer capítulo delimita el ámbito de su reflexión: una psicología de todos los organismos, desde los protozoos hasta los seres humanos. De un plumazo quita todo fundamento a la idea segon la cual el ser humano constituye un caso particular de inter's especial para la psicología. Sus ratas blancas representarían y simbolizarían a todas las especies. El objeto de estudio era un organismo intacto viviendo en su entorno y no un conjunto segmentado de dimensiones ni un sistema neurológico inferencial, ni una "mente" u otros estados de conciencia -ego, id o superego.

La conducta, es decir, lo que visiblemente hacen los organismos, definía los límites del tema, y dentro de la conducta, se trataba de tipificar, al menos en su primer libro, toda conducta voluntaria. Si conseguía preverla y controlarla, podría entender el universo. La "caja de Skinner" un dispositivo controlado por el experimentador, representaba todos los entornos, toda la serie de estímulos a los que se puede someter al organismo. Gracias al m'todo experimental, la caja y la rata blanca, bajo el control del psicólogo experimental, podían constituir una base de datos de la que se desprenderían conclusiones teóricas.

La concepción que tenía Skinner de la historia de la ciencia, desde el punto de vista particular de los seres humanos, aparece en varios pasajes de sus escritos. Uno de los comentarios más interesantes figura en el primer capítulo de Science and human behavior [Ciencia y conducta humana] (1953), texto de su curso de licenciatura en Harvard Natural Sciences 114 [Ciencias Naturales 114]: "Las creencias primitivas sobre el hombre y el lugar que ocupa en la naturaleza suelen ser halagadoras. Por desgracia, ha correspondido a la ciencia esbozar un cuadro más realista. La teoría del sistema solar de Cop'rnico desplazó al hombre de su posición privilegiada en el centro del universo. Hoy aceptamos esa teoría sin emoción alguna, pero al principio tropezó con una enorme resistencia. Darwin impugnó una práctica de segregación segon la cual el hombre se situaba a sí mismo aparte de los animales, y el encarnizado debate a que dio lugar no ha terminado aon. Ahora bien, aunque Darwin puso al hombre en su lugar biológico, no le rehusó una posible posición de amo. Cabía la posibilidad de que en el proceso de la evolución hubieran surgido facultades especiales o una capacidad especial de acción espontánea y creativa. Ahora que se pone en tela de juicio esta distinción, surge una nueva amenaza" (Skinner, 1953, pág. 7).

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