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Publicado: 1/4/2004
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¿Cuántos clicks se necesitan para entrenar?

por Carlos S. Osácar de Urquiza, 2003



Cuándo se piensa en el método del clicker, solamente se lo hace en función del adiestramiento, pero ¿qué sucede cuando queremos educar a nuestra mascota? Muchos opinan que nos es práctico y, entonces, recurren a lo conocido: gritos, golpes, etc.

A menudo recibo consultas sobre cuál es la manera correcta de enseñarles a nuestras mascotas las mínimas reglas de conductacomo miembros de una familia humana. Junto a estos interrogantes es típico oír frases tales como: ...”estuvo un adiestrador y le enseñó a sentarse, a echarse... pero no consigo que haga sus ’necesidades’ afuera de la casa...”; o, las más conocidas: ...”me tiene harta, roba comida de la mesa, come porquerías cada vez que salimos a pasear... ”

El perro cava en el cantero de flores que tanto trabajo nos ha dado: Pongamos una barrera física para impedirle el acceso, pues sabemos desde el principio que su natural curiosidad lo llevará a desenterrar lo que con tanto esmero hemos plantado. Se hecha en nuestro sillón: Impidámosle subirse mediante un obstáculo o impregnemos el mueble con algún aroma que le disguste (no tiene porque ser desagradable para nosotros) No son más que algunos ejemplos que tratan de ofrecer opciones amables en lugar del consabido castigo ¿cómo lo logro? Paciencia e ingenio son las respuestas a todos los interrogantes.

Este método, al igual que el lenguaje animal, es polémico. Con esta palabra quiero significar que es imposible abordar el tema sin incluir la ideología particular de cada uno. Hace más de cuarenta años que viene practicándose con fantásticos resultados y, sin embargo, sigue concitando las más acaloradas críticas por parte de los defensores de la rudeza en el adiestramiento de animales.

Muchos recomiendan reprender al cachorro como lo haría su madre, esto es: tomarlo de la piel laxa del pescuezo y zarandearlo para que comprenda que estamos disgustados con él y lograr que el comportamiento, por el cual ha sido reprendido, no se repita a futuro. Es más, los cultores de los métodos coercitivos tienen preparado un argumento “muy lógico” para explicar el porqué del uso del collar de ahorque, dicen con un discurso muy bien estudiado:...”es una extensión del brazo del adiestrador que imita las fauces de la madre que castiga y corrige las conductas indeseables, bla, bla, bla...” ¡ Bravo! Reflexionando sobre estos argumentos se me ocurre una pregunta ¿por qué los escarmentamos como sus madres y después les exigimos que no hagan cosas para lo que están diseñados por millones de años de evolución? Creo tener la respuesta: Es más fácil reprimir que alentar. Si pudieran hablar en nuestra lengua nos pedirían un poco de cordura. Es más fácil jerarquizar a un cachorro utilizando medios naturales, como la comida, que patearlo a cada instante. Es más, los que defienden los procedimientos punitivos sostienen que, en libertad, los machos dominantes someten por la fuerza a todos los miembros del grupo. Permítanme decirles que esto es un mito pues la mayoría de los trabajos realizados con perros salvajes, nos demuestran que este recurso es esgrimido sólo en situaciones límites y no con frecuencia.

A veces es muy difícil no perder la paciencia y sucumbir a la tentación de darles un puntapié. No pensamos en “NO” como un castigo y es por ello que lo usamos frecuentemente. Cada vez que decimos “NO”, lesionamos la relación de verdadero amor que nuestro entenado mantiene con nosotros. Por otra parte, la mayoría de las conductas reprimidas o aprendidas mediante el castigo; se efectúan en nuestra ausencia. Son incontables los casos de mascotas que son verdaderos “querubines” frente a sus amos y, unos “demonios revoltosos” en ausencia de éstos. Entonces, se hace innegable que el valor didáctico del castigo, deja mucho que desear.

Sepamos que tenemos a nuestro alcance una herramienta muy valiosa como lo es el castigo negativo P- (tal es su sigla en inglés) que, si no abusamos de ella, se convierte en un valioso aliado para demostrar nuestro enfado. Este procedimiento: Hace que el animal trabaje para suprimir (disminuya la frecuencia de) un comportamiento. Por ejemplo, el perro salta para conseguir atención. Dándose vuelta o alejándose del ejemplar se quita la atención que él desea.

Los que estén familiarizados con el adiestramiento de perros de pastoreo, sabrán que a estos animales no se los debe reprender (en especial a los border collie) pues malograríamos su carácter innato para dirigir el rebaño. Otro argumento a favor del trato amable.

Negamos a nuestras mascotas la capacidad de aprender por sus propios medios, conductas enseñadas a partir de nuestras reglas. Se preguntaron alguna vez si ¿lo que hace nuestro perro en la pista de Agility es porque responden a nuestras órdenes o porque realmente comprenden lo que deben realizar? Numerosas experiencias indican que ejecutarán los más diversos movimientos con independencia de las órdenes que les impartamos, si éstos responden a conductas aprendidas con anterioridad. Una breve anécdota aclarará lo expuesto: Richard Byrne* nos relata que en Nueva Zelanda los pastores de ovejas creían que sus animales sabían leer, debido a que se ordenaban en grupos detrás del cartel que tenía el signo (escrito en inglés) de su raza. Lo que pudo comprobar es que estos animales habían aprendido a agruparse rápida y correctamente en torno a la señal mencionada, para evitar el asedio de los perros pastores. También verificó que no sólo los perros respondían a los silbidos de sus amos, sino también ¡el ganado!

Cuando me detengo a pensar desde donde partí y hasta donde llegué, me vienen a la memoria todas las afirmaciones de cuantiosas personas manifestando el impedimento de educar sin castigo; es entonces cuando reafirmo mi convicción de asegurarles que si yo pude les garantizo que ustedes lo lograrán.

El modo como tratamos a nuestros animales, habla de nosotros mismos; de nuestra manera de relacionarnos con la vida, con nuestros semejantes.



AUTOR


Carlos S. Osácar de Urquiza
E-Mail: carlososacar@yahoo.com.ar
Web: Clicker Argentina

 
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