| Clicker: Condicionamiento Instrumental: Como el anillo del rey Salomón | |||
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Como el anillo del rey Salomónpor Carlos S. Osácar de Urquiza, 2003Los animales se comunican con sus congéneres de diversas maneras. Existen variadas formas y mecanismos que posibilitan la interacción exitosa de los diversos organismos entre sí. Nosotros tenemos al alcance de la mano, el instrumento para trasponer las barreras del lenguaje animal y comunicarnos efectivamente con cualquier especie. Todos los seres vivos poseen la facultad de comunicarse entre sí. Este lenguaje puede ser químico, gestual, sonoro, o de otras maneras menos conocidas pero cuando deben enviar un mensaje a otra especie: el asunto se complica. A excepción de simbiosis específicas, los animales no necesitan o no pueden dar información a individuos ajenos a su clase. El Dr. Konrad Lorenz nos relata, en su libro "Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros", (también editado en España con el título "El anillo del Rey Salomón") que el bíblico monarca poseía un anillo encantado que le posibilitaba hablar con todo tipo de animales; desde pájaros a gusanos. No nos cuenta si también adiestraba perros, pero podemos pasar por alto este detalle y asumir que sí lo hacía. En mi adolescencia, cuando devoraba con verdadera pasión, los libros del sabio austriaco; descubrí que yo también tenía la habilidad de entender a algunas bestias. Los que me conocen dicen que "hablo" mejor con los caballos que con los perros. Este detalle no me imposibilita adiestrar exitosamente todo tipo de canes y otros animales. Mi secreto radica en que encontré un método que diluye los obstáculos del idioma particular de cada animal. Este procedimiento me facilita comunicarme de manera efectiva y rápida con perros, gatos, caballos, aves, etc. Ustedes ya habrán adivinado que hablo del clicker. Es así; esa cajita plástica con la laminilla metálica en su interior y que produce ese sonido tan particular, es nuestro "anillo del rey Salomón". Es el traductor válido para hablar con bichos propios y ajenos en un idioma que trasciende las barreras impuestas por la naturaleza. Ese click, transforma la forma tradicional de adiestramiento; desde las completamente coercitivas hasta las más amables. Reemplaza horas de rígidas órdenes por minutos de amable juego. Comunica positivamente nuestras intenciones y nos brinda un marco de mutuo respeto con aquellos seres que, por propia voluntad, hemos acogido en nuestro seno familiar. Los adiestradores tradicionales, en mi lenguaje "los coercitivos", dicen que a los perros debemos demostrarles quien manda por medio del rigor. Critican nuestro método sin conocerlo y sin haberlo practicado; diciendo que es un "control remoto para perros”. Desconocen las barreras de lenguaje que se interponen entre los animales y nosotros y, con largas y aburridas sesiones de entrenamiento cargadas de forcejeos y muchas veces, de malos tratos; tratan de que el pobre animalillo aprenda a priori una palabra relacionada a una determinada acción; desconociendo completamente la imposibilidad que tienen los animales para comprender nuestro idioma. Afortunadamente, las nobles bestias tienen un instinto de conservación muy desarrollado y una inteligencia asombrosa que les permite interrumpir la pulseada; comprendiendo al fin que es lo que quieren decir con "siéntate", "échate", "toma", etc. Por ello el clicker se convierte en el intérprete que nos faculta para comunicar efectivamente que es lo que pretendemos de ellos. Qué nos agrada que hagan y ¿por qué no? lo que nos desagrada. Este método abre nuevas perspectivas en el adiestramiento animal. Lo que tardaba semanas en enseñarse, se logra en pocos días de agradable juego. Establece un nuevo lenguaje que efectivamente comunica nuestro propósito. Les dice que es lo que deseamos que hagan, en que forma y en que tiempo. El animal no se tensiona y recuerda, aún transcurrido mucho tiempo, lo aprendido con una precisión asombrosa. Una breve anécdota ilustrará lo mencionado precedentemente: "Roque" era un adorable cachorro de labrador dorado. Cuando lo conocí tenía cinco meses de edad y sus amos, ya ancianos, querían introducirlo en el adiestramiento para que aprendiera "buenas maneras" y algunos truquitos para que les ayude en la casa. El perrito era realmente muy despierto y siempre había recibido buenos tratos por parte de su familia humana, por lo que se mostraba muy colaborador y amigable con los extraños. Comencé su adiestramiento y me sorprendió lo rápido que aprendía. Entre otras cosas le enseñe a traerme la correa de paseo que yo le había regalado. Debo aclarar que Roque no salía a la calle a pasear pues sus dueños estaban temerosos de que algo le ocurriera a su querido "niño". Después de dos meses de adiestramiento y una vez finalizado su instrucción más que básica; me despedí de Roque y su familia. A los diez meses me comuniqué con sus amos para saber si podía pasar a visitarlos, tengo la costumbre de volver a ver a mis alumnos preferidos transcurrido un tiempo. Dijeron que sí y a la vez me comunicaron que Roque no había vuelto a salir desde que yo terminara la instrucción. Cuando llegué a la casa ya no encontré al cachorrillo simpático sino a un gran perro que conservaba ese carácter fresco y amistoso que yo recordara. Pero ese hubiera sido otro relato de dos viejos amigos que se encuentran si Roque no me hubiera sorprendido dirigiéndose al cuarto de herramientas y ¡trayendo en su boca la correa de paseo! AUTORCarlos S. Osácar de Urquiza |
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