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Publicado: 29/4/2004
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¿Cómo conseguir que mi cachorro se convierta en un adulto educado?

por Alberto Zafra, febreo 2004


Mordiscos, gruñidos, suelo orinado, puertas arañadas, calcetines rotos… Éstos son los problemas con los que se encuentran cada día los nuevos propietarios al volver en casa después de un duro día de trabajo. Pero, ¿es necesario pasar por este trance? ¿Se puede evitar sin hacer daño a nuestro pequeño amigo? ¿Cuánto de verdad hay en lo que dice "el vecino"? En este artículo intentaremos llegar a las claves para que la infancia de nuestro perro sea lo más agradable posible y, de paso, conservar el mobiliario. Además, si evitamos que se instaure en el perro la costumbre de hacer lo que no debe, prevenimos la aparición de problemas más graves de comportamiento y que suelen aparecer a la entrada de la edad adulta.

Los destrozos


La mejor forma de conseguir que el cachorro no haga "gamberradas", es adelantarnos a ellas. Resulta muy útil sentarse en el suelo y estudiar a que objetos delicados tiene acceso desde esa altura. Aún así, habrá cosas que correrán el riesgo de acabar rotas y será ahí donde entraremos nosotros. Al más mínimo intento de desgarrar algo, lo cogeremos fuertemente por el hocico a la vez que damos un contundente "¡¡¡NO!!!" tantas veces como sea necesario para que nuestro compañero desista.

Una vez en este punto, nos encontramos con una inevitable dificultad: tenemos un cachorro perfectamente controlado mientras estamos delante, pero que se desmadra en cuanto cruzamos la puerta. La solución es la misma que tomamos con nuestros hijos cuando empiezan a andar, deberemos buscar un parque para cachorros. Éstos consisten en varios paneles móviles de rejas que forman una zona de juego segura para el perro y para nuestros objetos de valor. En ella podrá pasar todo el tiempo que no estemos nosotros presentes para controlarlo. Además, para optimizar el resultado, podemos usar juguetes rellenables de comida (tipo pong), en los que pondremos algún alimento especialmente sabroso (como golosinas industriales). Así conseguimos que aprenda lo que no debe morder, a la vez que obtiene un premio extra al morder lo de debe.

Las necesidades


Para controlarlas, necesitaremos una herramienta más: el transportín de viaje. Este gran invento, no es más que una caja bien ventilada donde el perro puede viajar tranquilo y además usarla como guarida. Además, nos resultará útil tener en cuenta que los perros raras veces orinan en su propia cama, de modo que el camino a seguir es claro.

En los primeros días, colocaremos el transportín abierto dentro del parque, de modo que el perro empiece a usarlo como guarida. Si al principio se asusta al intentar entrar, nunca deberemos forzarlo, bastará con colocar los kong dentro. Además, prepararemos una zona dentro del parque con la misma superficie que previamente hemos elegido como la mejor para que el perro defeque (generalmente tierra), de modo que le iremos acostumbrando a hacerlo allí. La forma de proceder es la siguiente: aprovechando que después de comer la vejiga se ve comprimida por el mayor tamaño del estómago, aprovecharemos para encerrarlo en el transportín, para unos minutos después llevarle a la zona que hemos apartado para las necesidades. Será muy poco lo que podremos esperar, y no debemos olvidar felicitarle después de haber defecado en el lugar. Con unas cuantas repeticiones, nuestro amigo buscará esa zona para orinar y defecar.

No debemos olvidar nunca de que el transportín sólo se puede usar por espacios de tiempo reducidos (no más de una hora), si necesitamos tenerlo controlado más tiempo usaremos el parque.

Los mordiscos


Quizás sea lo más sencillo de hacer, pero también lo más pesado. No debemos olvidar nunca que la firmeza en este sentido es indispensable.

La mayor parte de los mordiscos vendrán como un juego, pero no por eso debemos consentirlos. La forma de proceder será la misma que cuando muerde cualquier otra cosa, lo agarraremos fuertemente por el hocico a la vez que aplicamos el ¡¡¡NO!!! La única diferencia vendrá porque en el momento que pare le ofreceremos un juguete mostrándole que es con eso con lo que se debe jugar y no con nuestras manos.

En algunos cachorros aparecen gruñidos cuando está comiendo. Esto lo deberemos tomar mucho más en serio: estamos tratando con todo un candidato a convertirse en un perro agresivo. NUNCA deberemos dejar que esto evolucione. En estos casos, apartaremos al cachorro y le retiramos la comida. Unos minutos después se la volvemos a ofrecer, para retirársela de nuevo si persisten los gruñidos. La clave es que el perro comprenda que la comida es nuestra y, por lo tanto, le hacemos un favor dejando comerla. Generalmente mejoran a las pocas repeticiones.

Conclusión


Evitar que nuestro cachorro se convierta en una molestia es algo sencillo, que implica tan solo un poco de dedicación y que la mayoría de las veces a penas es necesario reprenderlo. Siguiendo esta guía, conseguiremos tener un perro educado, que no moleste en casa y que aprenda a permanecer solo durante periodos de tiempo prolongados.

AUTOR


Alberto Zafra
E-Mail: alberto@ischadia.info
Web: http://www.ischadia.info/

 
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