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Perros de Búsqueda: Entrenamiento especifico del Perro de Búsqueda y Rescate Urbano y Rural de Area  
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Publicado: 3/6/2004
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Entrenamiento especifico del Perro de Búsqueda y Rescate Urbano y Rural de Area

por Engels Germán Cortés Trujillo, 2002



Presentación de los conceptos y métodos generales usados por RESCATE K-SAR de la FGR para la etapa de entrenamiento de los equipos cinófilos de búsqueda y rescate urbanos y rurales de área.

1. INTRODUCCIÓN:


Ya cumplidas satisfactoriamente las etapas de preparación y educación, el entrenamiento es el aprendizaje de un oficio determinado, entre el primer y el segundo año de vida. Ocurre mientras el perro alcanza la plenitud de sus capacidades físicas y es el objetivo central de este trabajo: Es el momento para emprender el adiestramiento específico para búsqueda y rescate, la etapa central del proceso, que aplicará los ejercicios en plena intensidad.

2. ALGUNAS CONSIDERACIONES TEORICAS:


Como en las etapas previas, nuevamente se evidencian diferencias entre metodologías: mientras algunos especialistas franceses no permiten el ingreso al entrenamiento para búsqueda antes de los 2 años de vida del perro, por razones de madurez y estabilidad comportamental, personalmente estoy seguro de que los 12 meses son una edad propicia para adquirir aprendizajes complejos, sin la labilidad emocional propia de la infancia. Son sujetos juveniles que si cumplen con los requisitos ya trabajados en la preparación y la educación, están aptos para un entrenamiento razonablemente exigente.

A esta misma edad (entre los 12 y los 18 meses), los suecos aplican una evaluación mental de perros de trabajo jóvenes (Swedish Working Dogs Association, 1.993), cuyo fin es el de "producir futuras posibilidades para estimar valores de crianza en los perros y su capacidad para diferentes tipos de trabajo". Pretende incluir los rasgos comportamentales en los factores hereditarios deseables en la selección artificial canina, más allá de los solos aspectos fenotípicos. Por este simple hecho significa un gran adelanto conceptual en el mundo de los perros, que puede ser usado como referencia general para las metas de este trabajo.

En el entrenamiento para búsqueda y señalamiento se somete al animal a las condiciones típicas del servicio, a partir de lo obtenido en las etapas previas de preparación y educación, sólo que más que dirigir su comportamiento, se le induce, desde unas órdenes definidas, a ejecutar su trabajo contando con un amplio repertorio de respuestas autónomas que le permitan superar situaciones complejas. Se intenta que tras recibir una orden verbal de su guía (BUSQUE), el perro busque y encuentre a una o varias personas sepultadas debajo de escombros o perdidas en campo abierto.

Para hacerlo, debe hallar una pista odorífera humana, discriminándola de otros olores y diferenciándola de las emitidas por las personas presentes. Para seguir la pista, debe superar exitosamente obstáculos, distancia y riesgos, y escoger por su cuenta el camino a seguir; una vez junto a su objetivo, o lo más próximo que pueda llegar a él, debe señalar su presencia al guía, si es que éste ya llegó al lugar, o regresar por él, dirigirlo al lugar y hacer el señalamiento, ladrando, rascando, o batiendo el rabo con la atención fijada en el punto de señalamiento.

Se han dado casos espontáneos, sin necesidad de una orden, por parte de animales no entrenados cuando las personas involucradas eran afectivamente próximas a los animales. Pero en una búsqueda K-SAR las personas a encontrar casi siempre son desconocidas y las ejecuciones de los perros no son espontáneas sino inducidas por sus guías y se repiten sistemáticamente de acuerdo a las necesidades operativas. Eso no es natural en la conducta canina, y de ahí la necesidad de la intervención psicológica, manipulando las relaciones funcionales entre el sujeto y el ambiente, para condicionar la respuesta instrumental de búsqueda y señalamiento de las víctimas.

3. CONDICIONAMIENTO CLÁSICO EN EL ENTRENAMIENTO:


De acuerdo con varios especialistas franceses, el primer condicionamiento clásico de esta etapa consiste en que el guía adquiera la costumbre de usar una misma indumentaria siempre y únicamente cuando va a entrenar a su animal, o más adelante, cuando haya intervenciones operativas durante la vida útil del equipo (estímulo condicionado). Por lo general se trata del overol de trabajo de la agrupación a la que pertenece la pareja, con los accesorios de labor y seguridad. Se intenta que el perro asocie la indumentaria con el trabajo específico de búsqueda y "entre en situación", cada vez que vea a su guía ataviado de esa manera (respuesta condicionada).

4. CONDICIONAMIENTO INSTRUMENTAL EN EL ENTRENAMIENTO:


Por su parte, el primer ejercicio de condicionamiento instrumental es una continuación de las evaluaciones descritas en la etapa de preparación, en las que el perro busca y señala al guía. Ya seguros de que fijó ese comportamiento, empezamos a complicar el ejercicio, aumentando gradualmente la distancia (hasta los 200 m.), los tiempos de separación (hasta 2 minutos), no permitiendo que el perro veo o escuche la dirección que tomó el figurante, para obligarlo ahora sí a usar la nariz, e interponiendo algunos obstáculos sencillos en el camino (entrenamiento por criterio cambiante hacia una meta final, la del adecuado desempeño en todo tipo de situaciones). Por ahora, el figurante sigue siendo el guía, la mayor motivación para el animal.

Pero los escenarios varían: espacios abiertos, bosques, edificios en construcción o demolición, oficinas sin personal, etc. Los escondites del figurante también cambian: dentro de armarios, en alcantarillas, sobre muebles altos, bajo tierra, sobre árboles.

Con esto se pretende una primera generalización de estímulos discriminables por el animal, en el sentido de que la búsqueda puede hacerse en todo tipo de lugares, lo mismo que un hallazgo (arriba, abajo o adentro), y que para lograrlo es tan útil rastrear como otear, ocasionalmente escuchar, superar obstáculos, perseverar y descartar posibilidades. También se estimula decididamente el comportamiento de señalar clara y certeramente.

5. SEÑALAMIENTOS URBANOS:


En situaciones urbanas, en las que el paciente no es evidente sino que se encuentra en alguna parte ocultado por diversos materiales, sólo algunos ejemplares excepcionalmente talentosos señalan espontáneamente cuando llegan al lugar más próximo posible el figurante. La mayoría necesita ser inducida a hacerlo con la orden de LAUT, en un proceso compuesto de condicionamiento clásico e instrumental (hallazgo-estímulo [orden]-ladrido-refuerzo), en el que el componente clásico es la relación hallazgo-ladrido-refuerzo. Luego de muchas ejecuciones pareadas de hallazgo y señalamiento por la orden, en las que el reforzamiento sólo se da si hubo ladrido, el sujeto se condiciona a señalar tan pronto encuentra, obteniendo un reforzador único por dos respuestas instrumentales (buscar y señalar).

Esa es precisamente la base conceptual de la caja de señalamiento suiza, que suma además la motivación básica del perro de estar junto a su amo. Como la caja no lo permite, el animal puede dar muestras de excitación, entre otras ladrando, conducta que es estimulada por el figurante. Al principio, puede ser necesario que el figurante (nunca quien está manejando al perro) facilite la presentación de la respuesta de ladrar con la orden de LAUT asociada a la excitación del perro ante el hallazgo. Poco a poco, este paso intermedio desaparece, hasta cuando el perro encuentra y ladra con la simple orden de BUSQUE. El método ARCON (Parejo, 1996), pretende eliminar la orden de ladrido, sino hacer que el perro ladre espontáneamente para reclamar su juguete desde el principio, lo cual disminuirá significativamente su dependencia a una orden para señalar en el futuro. El planteamiento es correcto pero no siempre factible: muchos perros necesitan aprender a ladrar bajo orden para luego reclamar su juguete. El caso es que una vez adquirida la conducta de ladrar para reclamar sin intervención del guía, el propósito es que el perro ladre hacia el escondite, sin que nadie le diga que ladre, reclamando su juguete. Ya cuando señala espontáneamente ahí sí se puede estimular entregándole el juguete y felicitándolo con aprobación verbal, juegos y caricias, pero solo después de que señaló. Hacerlo antes introduce un grave error: que el animal señale ante las indicaciones de quien lo maneja.

Un criterio permanente al principio de este condicionamiento es que el perro no debe tener acceso directo al figurante, porque en ese caso ahí está, es evidente, y ya no tiene necesidad de señalarlo, y por ende menor activación psicológica, lo que es lo mismo que menores probabilidades de señalar, resultado no deseado. El acceso, lo mismo que el reforzamiento, se adquiere si y solo si hay señalamiento.

Precisamente en este momento del entrenamiento descansa una de las claves vitales del adiestramiento K-SAR: el señalamiento. Un error frecuente y grave de la mayoría de grupos que comienzan en el oficio estriba en enseñar primero al perro a buscar y encontrar, y luego a señalar lo que encontraron. Se arriesgan así a obtener excelentes buscadores que no señalarán. La experiencia demuestra que es bastante mejor decisión seleccionar primero a los perros con tendencia favorable a señalar (por ejemplo, aquellos que ladran fácilmente), inducir esa conducta con el juego (reclamando su juguete, ojalá ladrando sin necesidad de orden; si el ladrido no se produce espontáneamente, es válido condicionarlo inicialmente con la orden y luego de afirmado eliminar la orden). Cuando el perro ya reclama activamente su juguete ladrando, ahora sí es el momento de hablar de búsquedas.

Como es lógico, también existen divergencias conceptuales en este punto: algunos alemanes, por ejemplo, pretenden que el guía identifique tempranamente cuál es la forma natural de señalar de su perro (ladrar, chillar, arañar, morder la barrera o mover el rabo), y condicione únicamente esa respuesta en el entrenamiento, con los argumentos de que esto significa una mayor disciplina y control del animal, a la vez que mayor seguridad para lectura del mensaje que el perro quiere dar en un momento dado. De hecho en sus pruebas calificatorias restan puntos al ejemplar que dé más de un tipo de señal. Desde mi punto de vista ésta es una perspectiva en exceso restrictiva, que añade dificultad gratuita en el entrenamiento y, lo más importante, inhibe señales que sumadas pueden dar indicios más o menos fuertes de un hallazgo.

Pero la tendencia generalizada en el mundo, que comparto, es la preferir el ladrido como un señalamiento urbano más claro y certero, sin restringir las otras señales interpretadas como de atención o apoyo para el guía. Entre letras, se lee la coherencia entre los requisitos de selección de las parejas y las distintas etapas del adiestramiento: el aceptar sólo animales estables, con una sólida relación con sus guías y que éstos a su vez dediquen mucho tiempo y atención a sus compañeros, sumado con una gran cantidad de prácticas en situaciones simuladas, hace que existe un profundo conocimiento entre perro y guía, y especialmente, que el segundo sepa leer claramente lo que el primero le dice con sus sonidos o con su expresión corporal en cada momento.

Esta capacidad cobra profunda importancia cuando se trata de establecer si hay o no una persona sepultada en un escenario de desastre.

Otra indicación importante para este momento del entrenamiento es ésta: durante la búsqueda urbana debe haber la mayor distancia posible entre el guía y el perro. Si el guía va todo el tiempo a la cola del animal, casi empujándolo para movilizarse, no le permite la autonomía necesaria para que se tome el tiempo necesario para investigar olfativamente cada área, repasarla si es necesario o descartarla con seguridad. Incluso aunque no lo note pude estar influyendo al can sobre qué dirección tomar o no tomar, y si señalar o no hacerlo. Además, por seguridad operativa para el humano éste debe permanecer sobre los escombros el menor tiempo posible, delegando la mayor parte del riesgo al perro. Y más aún, es bien probable que el perro pierda tanta independencia que se condicione a señalar solo cuando su guía, encima de él, le de alguna señal voluntaria o involuntaria. Por todo esto se insistió en las etapas anteriores de preparación y señalamiento la necesidad de obtener un buen control remoto sobre el perro para poder manejarlo a distancia, y así ser capaz de ordenarle orientaciones generales de búsqueda y seguridad, pero sin afectar su autonomía e independencia para que por sí mismo tome las decisiones cruciales, a partir de sus sentidos: dónde percibe una pista de olor más fuerte, por dónde es más conveniente superar un obstáculo, dónde finalmente debe señalar. Recuerde siempre que la nariz poderosa la tiene el perro, no Ud., así que el perro decide dónde señalar o no, aunque Ud. crea saber donde debería o no hacerlo. Por eso es mejor que mantenga distancia con el animal durante la búsqueda: la suficiente para que el perro trabaje autónomamente, pero no tanta que el guía no pueda observar su desempeño, seguridad, y por supuesto, los señalamientos.

Para afirmar este concepto, que en la práctica he encontrado bien difícil de asimilar para la mayoría de aprendices K-SAR, inventé un chiste que lo confirma: cuando hablamos de los métodos de castigo válidos en la Especialidad, siempre afirmo que se debe usar el collar eléctrico. Ante la sorpresa del interlocutor, aclaro que el collar eléctrico debe portarlo el guía, no el perro, y su control remoto debe estar en manos del Instructor (en el entrenamiento), o el Coordinador Operativo (en la operación real). Si el guía se acerca a su perro más de lo debido, no le permite autonomía para trabajar o interfiere en las decisiones del perro, ¡zas! corrientazo. Así aprenderá muy rápidamente que debe darle una buena distancia de trabajo a su animal.

6. SEÑALAMIENTOS RURALES:


La situación cambia. Casi siempre la persona encontrada está al alcance directo del perro, sobre la superficie, una vez seguido el rastro. Casi siempre, también, el animal llega mucho antes que el guía, simplemente porque es más rápido y resistente y su locomoción es más eficiente que la humana en distancias mayores que las urbanas.

Aquí podría ser útil el ladrido, pero hasta este punto de la lectura en el presente sistema de entrenamiento es poco probable que el sujeto ladre cuando tiene acceso directo al paciente. Hasta ahora el animal ladra para reclamarle el juguete al figurante escondido fuera de su alcance. Ya estabilizada esta conducta, adelante en el tiempo, sí se puede introducir la presencia de figurantes simplemente tendidos en el piso sin obstáculo para tocarlos (simulando el hallazgo de personas perdidas en campo abierto), sin que den ningún tipo de señal para el perro pero portando entre su ropa el juguete. A estas alturas el animal ya estará condicionado para reclamar-señalar aunque tenga acceso directo al figurante, y eso hará: señalar. Repito: este paso debe hacer únicamente cuando ya se ha estabilizado a satisfacción la conducta de reclamar-señalar al figurante dentro del escondite en los señalamientos urbanos.

Pero una vieja discusión, llevada nuevamente por algunos alemanes y austriacos, afirma que el ladrido puede ser amenazante y hasta contraproducente para el paciente, que tal vez ya sufra un deterioro clínico. O puede tratarse de pacientes emocionalmente inestables (niños pequeños, enfermos mentales), que quizá se asusten con el ladrido y se alejen más. Por eso, algunos usan un sistema de señalamiento rural, el collar de señalamiento, en el que el animal porta un collar con una manija colgante, que el perro toma en su boca tan pronto encuentra al paciente y regresa así hasta su guía, lo que significa "lo encontré". Luego, juntos van hasta el lugar del hallazgo.

No me atrevo a criticar la efectividad de la metodología, pero con todo respeto creo que otra vez es una forma de complicarse la vida. Claro que se comprende más fácilmente cuando se recuerda que uno de los antecedentes históricos de los perros de búsqueda y señalamiento fueron los perros sanitarios introducidos por Alemania en la I Guerra Mundial: debían encontrar soldados heridos en el campo de batalla e indicar su posición para que fueran auxiliados por los servicios de salud. Si lo hacían ladrando, el enemigo descubriría y eliminaría al soldado y al perro (Valeri, 1.987). Por eso idearon el collar de señalamiento, que fue heredado después para la búsqueda y el señalamiento de víctimas de desastres. De cualquier forma, demuestra un nivel avanzado de desarrollo en el adiestramiento.

En esta propuesta, en áreas abiertas se mantiene un contacto entre guía y perro a través de silbidos esporádicos del primero (más audibles en la distancia, especialmente para los cánidos), que informa al animal regularmente en dónde está su compañero.

Así el rastreo en campo abierto no es para el animal una carrera continua hasta el paciente, sino avances sobre la pista y regresos para guiar al Especialista K-SAR. Por su parte, éste se desplaza hasta el último lugar dónde vio a su perro, le silba y espera a que venga a recogerlo. Este ritmo lento le permite, además de aguantar mayores distancias y tiempos, adelantar sus propias labores de rastreo (huellas, elementos, señales humanas en el medio), ubicarse a sí mismo en la zona, e informar por radio de sus avances a la base operativa. Al acercarse al paciente, o cuando ya lo encontró y regresa por su guía, la excitación del perro aumenta, previendo el futuro reforzamiento.

Al recordar la imagen popular del rastreo que trae a la memoria un grupo de sabuesos que arrastran a un manejador que los sujeta con una correa, la pregunta que se infiere es la de por qué no amarrar al perro y acabar con el problema del señalamiento, ya que animal y guía llegarían al tiempo donde el paciente. En realidad, en la búsqueda de área la fórmula es bastante impráctica porque obstaculiza la libre marcha del perro y el guía, con el riesgo de que sea el hombre el que decida el camino sin darse cuenta; el animal necesita escoger entre varias opciones de ruta, desandar lo andado y contrastar entre diferentes pistas para seguir la más fuerte, la correa se enreda a cada rato en la vegetación o los escombros, y significa un desgaste físico adicional para ambos. Hoy en día la mayoría de perros van sueltos, incluso sin collar que eventualmente los haga enredar y morir ahorcados (los vistosos arneses con los que aparecen en los medios de información pública tienen un objetivo más de identificación y respeto público y los utilizan fuera del momento de trabajo de búsqueda y señalamiento. Ocasionalmente, se usan esos mismos u otros tipos de arneses, cintas, cuerdas y aparejos de seguridad para levantamientos o descensos aéreos lo mismo que los socorristas, o para rastreos en lugares muy peligrosos, en los que hay un riesgo latente de que el animal caiga a un hueco o el suelo ceda a su paso. En este caso, el guía es la seguridad de su compañero).

Pese a lo anterior, Butler (1.993), recuerda que algunos perros, y de nuevo pone como ejemplo a los Bloodhound, necesitan rastrear amarrados, no por problemas de disciplina sino porque su tendencia es la de seguir el rastro casi obsesivamente, sin ocuparse de si su compañero humano les sigue el paso, hasta dar con el señuelo. De dejarlos ir sueltos, en pocos minutos el guía perdería la pista del perro. Lo anterior es bien posible, así que depende del guía descubrir la tendencia de su compañero y decidir en consecuencia la forma de trabajo. Esa tendencia debió quedar bien clara en las pruebas de selección al ingreso de la pareja cinófila, que separó entre perros ladradores y perros búmerang. Los ladradores aprenderán a señalar ladrando, y seguirán el entrenamiento ya explicado. Los búmerang no señalarán con ladrido, sino que encontrarán al figurante, regresarán hasta su guía y lo llevarán hasta el lugar del hallazgo.

La mayoría de expertos prefieren a los señaladores manifiestos con ladrido, por cuanto su señal es más clara. Comparto esa elección, pero reconozco que algunos perros con tendencia silenciosa son muy buenos para ubicar y seguir pistas de olor. Para no descartarlos, el entrenamiento tipo búmerang es una buena opción. Sin embargo, estos perros solo serán útiles para búsquedas de área (en campo abierto), y no deben ser usados en búsquedas urbanas o donde se sospeche que las personas a encontrar se hallen sepultadas, pues no las señalarán. Esto limita su desempeño a un solo tipo de escenario operativo, por lo que son descartados por la mayoría de grupos con expectativas de operación urbana y rural, especialmente si el énfasis está en lo urbano.

Pero los grupos con énfasis en la operación rural tienden a conservarlos, como complemento a los perros señaladores. Incluso en las búsquedas rurales largas y complejas es conveniente trabajar simultáneamente con 1 0 2 perros señaladores y 1 o 2 búmerang, que compartirán y asegurarán la búsqueda y complementarán mutuamente el mantenimiento del contacto con los guías durante la ruta y el señalamiento final. Es una forma compleja de trabajo que se domina con la experiencia, pero que obtiene buenos resultados.

Al principio, tanto en los escenarios urbanos como en los rurales, los animales jóvenes pueden hacer un gran despliegue de energía sin mucha efectividad. Con el tiempo aprenden a ahorrar esfuerzos y racionalizar su trabajo. En toco caso, es vital a estas alturas que el número de éxitos sea al menos el doble que el de fracasos, por lo que la complejidad debe ir solo un poco más allá en cada ocasión que el último límite alcanzado por el sujeto. Igual, no es bueno repetir escenarios, porque se genera el riesgo de que el animal trabaje por memoria y baje su motivación. Se aburre.

En lo anterior transcurren entre dos y tres meses de entrenamiento, con un total de 10 a 15 sesiones de trabajo, con una a dos búsquedas (y hallazgos) por cada sesión.

7. CONTINUACIÓN DEL PROCESO: SEGUNDA GENERALIZACION


Nuevamente seguros del progreso del perro, comienza la segunda generalización. Lo que se pretende en ella es que el animal pase de buscar y señalar a su guía a hacer lo mismo con otras personas. Si ya se ha conseguido un principio de condicionamiento instrumental para búsqueda, la motivación no es sólo el guía (y por supuesto el juguete que éste porta), sino también el reforzamiento consecuente con la emisión de la conducta deseada. Pero para hacerlo gradual, el figurante todavía no es un desconocido, sino una persona conocida y querida, aunque en menor proporción, por el perro, y esa persona lleva el juguete conocido y deseado por el perro. Ahora, el guía maneja su propio animal, que para obtener su juguete debe seguir el olor del nuevo figurante (eso ya lo ha hecho antes con su dueño, así que no le será difícil), y al hallarlo tendrá que reclamarle su juguete, tal y como también lo hacía antes.

Valeri (1.987), propone una variable para lograr la segunda generalización: el señuelo son el guía y otra persona, incluso desconocida. El perro percibe el olor del guía, que lo excita, pero también el del extraño, que también es humano, y con características similares al del primero. Así aprende a distinguir el olor humano, y a señalarlo.

Paulatinamente llega a hacerlo aún sin el propio guía como señuelo, alcanzando la generalización. Incluso sugiere poder no usar el guía desde el principio, sino a un muñeco con el que el animal se haya acostumbrado a jugar: al escondérselo, tratará de alcanzarlo y hasta señalarlo si no lo puede alcanzar. Por supuesto, se le premia permitiéndole el juego con el muñeco si lo señala. Ya fijada esta respuesta, junto al señuelo puede esconderse una persona real, y gradualmente se elimina el señuelo. Ahí está la segunda generalización.

Por precaución, las primeras sesiones de la segunda generalización son de baja complejidad, tratando de garantizar el éxito (y el reforzamiento). Poco a poco se avanza en dificultad, hasta alcanzar la obtenida al comienzo. En el transcurso pueden consumirse hasta 10 sesiones, con uno o dos intentos por cada una. Después, la generalización culmina cuando el señuelo es ya una persona extraña, hasta desconocida para el sujeto. El concepto en este paso es el de que el perro identifique y discrimine el olor humano entre otros olores. Hasta el momento todos los figurantes, aunque con diferencias odoríferas individuales, huelen a lo mismo genéricamente hablando, a humano. Ya sea el guía, una persona conocida o un perfecto extraño, la pista que sigue el animal es básicamente igual en todos los casos, y el reforzamiento ganado al final es el mismo también en todos los casos. Así, el comportamiento inicial de buscar y señalar al guía, se generaliza a buscar y señalar a cualquier ser humano.

Lo mismo que el anterior paso, son necesarias alrededor de 10 sesiones, con 2 intentos por cada una, aumentando gradualmente la complejidad. Llegados a este punto el equipo cinófilo ya está listo, en teoría. Pero queda aún mucho por recorrer para que de verdad sea considerado operativo, y utilizado en una emergencia real. Como se ve, no es un proceso unilineal en el que la pareja avanza de un paso al otro, sino que desarrolla varias habilidades paralelamente, todas dirigidas a un mismo objetivo. Antes de entenderse como un desorden metodológico, es valioso comprender que el adiestramiento en su conjunto no es simple: es una labor compleja, que contiene muchas variables dentro de las generales del condicionamiento. De acuerdo a Millenson (1.979), se persigue el desarrollo de una cadena compleja de estímulos" respuestas (búsqueda bajo todo tipo de contingencias), que conduzca hacia una respuesta central (hallazgo-señalamiento), precursora del resultado final (gratificación).

Pero el perro es un organismo con la suficiente inteligencia práctica para discriminar y asociar estímulos y resultados, causas y efectos diferentes, siempre y cuando el entrenamiento sea coherente y sistemático. Este tópico se desarrollo en posteriores anotaciones (El asunto de la cognición).

Lo que sigue entonces es aumentar cautelosamente la dificultad en cuanto a mayor distancia de rastreo, mayor inaccesibilidad y menor facilidad de ubicación del señuelo, mayor tiempo transcurrido entre la preparación de la pista de trabajo y la intervención del equipo, más duración de cada sesión, más diversos, difíciles y amenazantes obstáculos y más exigentes condiciones climáticas. Todo apunta hacia la simulación de situaciones reales, nada fáciles en su mayoría, junto con un conocimiento más profundo entre guía y perro y de cada pareja por los coordinadores de situaciones reales de búsqueda y rescate, para prever las ventajas y desventajas de cada una, qué se debe reforzar y qué no, en qué circunstancias es más o menos indicada que otras.

Aquí valen diversas estrategias: desde el ejemplo vicario, en el que los equipos inexpertos son puestos a trabajar junto con otros más experimentados, para que guía y perro aprendan de la experiencia ajena (aprendizaje por modelamiento), hasta la recuperación sistemática de o aprendido libremente en las habituaciones de la etapa de preparación.

Un fenómeno a tener en cuenta, reportado prácticamente por todos los expertos, es que los perros tienden a bajar sensiblemente la intensidad de sus señalamientos, o incluso los hacen de manera extraña frente a las acostumbradas previamente, cuando detectan cadáveres. El supuesto aquí es que esta situación es desagradable para ellos, y afecta o hasta intimida su estado de ánimo. Por eso, es útil simular esta variable en el entrenamiento, con miras a conocer la reacción de cada sujeto. Sharp (1.993), aconseja el uso de carne y órganos de cerdo, muy parecido histológicamente al hombre (y con similares olores de descomposición), enterrados en las pistas de trabajo con distintos tipos de suelos y con una anterioridad de horas a meses, lo cual produce olores y niveles de dificultas diferentes. Empero, nuestros animales no mostraron interés por señuelos sepultados de tejidos de vaca (en una situación real, el terremoto de Pereira, Colombia, en 1994), ni de cerdo (en una simulación). A este respecto no aconsejamos esta técnica, porque en las búsquedas reales es bien probable la presencia de diferentes tipos de carnes y otras comidas tanto bajo los escombros como en las áreas rurales, y no queremos que los perros desvíen su atención ante éstas, en lugar de concentrarse en la pista odorífera humana.

8. OTRAS HABILIDADES:


No sólo se entrenan la búsqueda y el señalamiento. Ese es sel objetivo central, ye en general no debemos distraernos de él hasta conseguirlo satisfactoriamente, pero también hay sesiones de superación de obstáculos bajo orden, para intensificar la capacidad del equipo en terrenos difíciles: saltar barreras, entrar y salir por ventanas y pequeños agujeros, caminar sobre material deleznable, sonoro, inestable o peligroso, desplazarse en alturas en posición horizontal y oblicua, subir y bajar sobre superficies resbalosas, arrastrarse en túneles, andar en reversa, cruzar corrientes de agua, mantener el equilibrio en superficies móviles, seguir direcciones específicas indicadas por el guía, etc.

Las Guías de Evaluación para Perros de Rescate Austríaca (Oesterreichische Rettungshundebrigade, 1.993), e Internacional (Bundesverband für das Rettungshundewessen. 1.992), nuevamente ofrecen los modelos de obstáculos para este propósito. Es necesario inducir al perro a superar los obstáculos "a control remoto", o sea que no dependa de la proximidad inmediata del guía, sino que pueda hacerlo aunque éste se halle a distancia, atrás, adelante o fuera del contacto visual del animal. Katz (1.994), cita la Escuela de Operaciones Especiales con Animales Adiestrados del Ejército Ruso, en la que los perros portan un casco con receptor de radio a través del cual reciben las órdenes que deben ejecutar.

Una herramienta útil aquí es la aproximación a los ejercicios del deporte de Agility: pero aproximación, simplemente, por cuanto la mayoría de ejercicios y la forma de superarlos nos será útil para un equipo K-SAR, sin aplicar exactamente todas las reglas del deporte. Diferimos en varias cosas: mientras en el Agility se compite contra el tiempo, el perro K-SAR debe superar los obstáculos tranquilamente por 2 razones. La primera, la seguridad operativa lo obliga a desplazarse con cautela sobre los escombros inestables para evitar desestabilizarlos y lesionarse. La segunda, no debe movilizarse tan rápido que pierda la pista de olor. De otro lado, el vistoso obstáculo del eslalom no ofrece utilidad para K-SAR, incluso distrae mucha de la atención necesaria para la Especialidad. En el Agility se necesita una permanente relación de dependencia del perro hacia el guía, que sobre la marcha debe indicarle cuál obstáculo superar, mientras que en K-SAR es más deseable cierta autonomía del perro. Y en el Agility el guía va al lado del perro, sin que la persona pase el obstáculo, mientras en K-SAR el guía cruza el obstáculo detrás del perro, justamente estimulando esa autonomía. Con todo, la pista de Agility sí nos puede ser bien útil para fortalecer la confianza de nuestros animales para superar obstáculos, y un Instructor de este deporte nos puede dar buenas claves para ganar esa confianza. Ya logrado ese primer paso, usamos pistas parecidas pero con otra variante: no son fijas y estables, sino que tiemblan un poco, vibran y oscilan tal y como lo hará un puente provisional de tablas para entrar a unos escombros, simulando las futuras condiciones operativas.

O también recuperando lo logrado en las habituaciones de la etapa de preparación, hacer uso de medios de transporte ruidosos, amenazantes o relativamente desconocidos para el animal como aviones, helicópteros (Brown [1.991], reporta un penoso incidente en el que un perro operativo al que no se le hizo esta parte del entrenamiento entró en pánico ante la proximidad de un helicóptero, salió corriendo descontroladamente del lugar, y anduvo perdido durante una noche), lanchas y camiones, y vías de acceso no terrestres como escaleras, grúas, cuerdas o saltos desde aeronaves en vuelo, sin que el perro entre en pánico, y puede continuar con su trabajo normalmente. Así mismo, largos tiempos de espera solitaria (hasta 6 horas, por supuesto después de orinar y defecar), en guacales de carga de animales, carpas de trabajo, salones desconocidos y deshabitados o con tráfico frecuente y demás.

Otro aspecto a considerar en el adiestramiento en general es el de habituar al sujeto a trabajar en diversas condiciones climáticas, previendo la heterogeneidad de las mismas en los episodios operativos. Con los cuidados de rigor, es útil la práctica en todo tipo de condiciones. En nuestro caso, lo hacemos desde el nivel del mar, a temperaturas de 35° C, hasta los 5.000 m.s.n.m., bajo los 0° C y hielo y nieve perpetuos.

No sobra advertir que al igual que en los otros componentes del adiestramiento, es imprescindible aquí planear y buscar cada logro muy gradualmente. Baja complejidad e intensidad inicial, que aumentarán poco a poco solo si la pareja cinófila domina plena y confiadamente los pasos previos. Acelerar el proceso solo lo retarda y a la larga puede arruinar todo el trabajo. También es bueno recordar que el desempeño suele ser irregular: una pareja que viene progresando establemente puede un día retroceder un poco. En este caso se debe regresar al paso anterior, el último que dominó completamente, y reasumir el ritmo gradual. Paciencia, diversión y perseverancia.

En medio de todo, la confianza mutua entre la pareja aumenta: el perro asume riesgos y emite comportamientos que normalmente no haría, sólo porque su compañero se le ordena y le garantiza su bienestar. El guía aprende a confiar en el desempeño de su perro y cree en las decisiones que toma el animal y en la validez de sus señalamientos.

Esto último no es fácil, porque los humanos nos inclinamos a dar siempre la última palabra, y en el caso de una búsqueda quisiéramos encontrar al paciente "donde debería estar" o a no revisar "donde no podría estar", e intervenimos alterando la dirección de la búsqueda. Pero la nariz sensitiva y el oído más desarrollado los tiene el perro, no nosotros, y ésta es una lección que se aprende con la experiencia.

Si bien ese acercamiento puede ser espontáneo, las rutinas operativas también ayudan a propiciarlo. Anteponiendo el bienestar del animal al del ser humano cuando de comida, bebida, descanso o refugio se trata. Vigilando su seguridad. Revisándolo a conciencia al terminar un ejercicio, en busca de heridas y de paso tocando todo su cuerpo, lo cual lo conforta y relaja (Delta Society, 1996). Compartiendo tiempo de calidad entre los ejercicios. Todo esto también tiene una base práctica, que afirma que si al animal le sucede algo que lo imposibilite para trabajar, su compañero humano tampoco es útil como Especialista K-SAR. Y si el daño es permanente, la pérdida de la inversión en tiempo, esfuerzo, afecto, dinero y demás, como se puede adivinar, es muy alta.

Por su parte, el perro tiene sus formas de retribuir la atención. Sin necesidad de entrenamiento específico no permitirá fácilmente que un extraño ingrese al lugar de concentración y menos que se lleve algún objeto que se relacione con su guía. Por la simple interacción, sirve para el desahogo de la presión acumulada sobre el Especialista K-SAR por la tensión del ambiente, las expectativas puestas en él y las responsabilidad adquirida sobre vidas ajenas.

Según Jean Gabriel Ravary y Patricia Rozot, expertos franceses de la Action d’Urgence Internationale que participaron directamente en mi entrenamiento, el animal diferencia perfectamente entre una situación simulada y una real, sabe lo que se espera de él en un momento clave, y por ende su desempeño en una emergencia es el mejor que puede dar. Esta es una sólida garantía para la confianza depositada.

9. EL SEGUNDO GUIA:


A lo largo del proceso se sobrentiende que cada perro tiene un único guía durante el adiestramiento y la operación. Todos los protocolos técnicos conocidos, incluida la Guía Internacional de Evaluación de Perros de Rescate (Bundesverband für das Rettungshundewessen, 1.992), insisten en lo mismo, permitiendo si acaso varios perros por guía, pero nunca varios guías por perro. Las razones son simples: evitar confundir al animal con estilos diferentes de manejo, impedir irregularidades de motivación para el trabajo por diferencias en la calidad de relación con guías distintos, y garantizar un óptimo funcionamiento simbiótico y conocimiento mutuo de la pareja para mayor seguridad por el humano en la interpretación de los señalamientos del canino.

Las razones son bien válidas. No obstante, en un grupo con poca disponibilidad de equipos K-SAR suele suceder que el guía de un excelente perro no esté disponible para la atención de una emergencia, pero en todo caso se necesite al animal. Por eso, pusimos a prueba la intervención de un segundo guía para perros en el adiestramiento y la intervención operativa, únicamente en defecto del titular, y si éste está de acuerdo.

Debe tratarse de alguien allegado al equipo, con muy buena relación con el perro (que debe trabajar a gusto con él) y conocedor de su forma de acción y las particularidades de su adiestramiento. Debe poder manejarlo eventualmente ante la ausencia del guía original, quien tiene la prioridad en caso de que ambos estén presentes. Si es así, el segunda día se abstiene de dar órdenes al perro, para no confundirlo. También, a mayor experiencia del perro y del segundo guía, mayor facilidad de adaptación al cambio. La constante es el tipo de adiestramiento y las condiciones de trabajo.

10. DURACIÓN DE LAS SESIONES:


Durante la educación afirmé la pertinencia de recordar la rotación en el perro de tres a cuatro fases de actividad y descanso cada 24 horas, junto con una duración máximo de una hora por sesión de trabajo, con 20 a 30 minutos reales de dedicación intensiva. En una intervención operativa las condiciones pueden no ser tan cómodas: en un evento urbano, por lo general el trabajo para cada equipo K-SAR no pasa de los 10 a 15 minutos por escenario y casi siempre hay sólo uno o dos escenarios por evento. Así la distribución del tiempo continúa igual, a menos que se trate de un desastre de gran magnitud, con multitud de escenarios o uno solo muy extenso y difícil. Esto es menos probable, pero sí es posible (un terremoto), y el entrenamiento tiene que prever esa variable.

En un evento rural la exigencia sí es claramente mayor. Hay grandes áreas, a veces de cientos o miles de hectáreas, en terrenos usualmente abruptos y con vegetación densa, bajo condiciones climáticas extremas. Además, a veces la información disponible para tomar una decisión de por dónde comenzar es relativa o irrelevante. En ocasiones existen indicios que permiten focalizar la búsqueda, en ocasiones no, o son falsos. Han pasado horas o días desde que se perdió el paciente y esto significa más tiempo para que se desplace, si puede hacerlo, más distancia y debilidad del rastro. Las comodidades son escasas. Tal vez se cuenta con varios equipos K-SAR, con lo que se reparte el terreno y cada pareja tiene una zona menor a cargo. Pero no siempre se puede confiar en una disponibilidad numérica alta.

Total, la exigencia es muy superior a la de un evento urbano normal y también el tiempo de operación. En consecuencia, las sesiones de entrenamiento, previendo la preparación para la operación real, tienen que ser más prolongadas. Después de revisar protocolos de trabajo franceses (Action d’Urgence Internationale, 1.990), alemanes (Bundesverband für das Rettungshundewessen, 1.991), austriacos (Oesterreichische Rettungshundebrigade, 1.991), estadounidenses (Sessions, 1.991), y suecos (Swedish Working Dogs Association, 1.993), la conclusión al respecto está más o menos unificada: Ejercicios de rastreo de 20 a 30 minutos, con pausas intermedias de 5 a 10 minutos (y rehidratación), hasta alcanzar sesiones de 2 a 3 horas. Descanso entre sesiones de 1 a 3 horas (con comida ligera y nueva rehidratación), e intervenciones con este ritmo entre 2 y 3 jornadas diurnas, con reposo nocturno obligatorio (y también por seguridad, de nuevo rehidratación y con alimentación más consistente). 1 a 2 días de descanso entre cada intervención y hasta 3 intervenciones seguidas.

Por encima parece una distribución horaria poco precisa en los tiempos. La precisión depende del conocimiento del guía sobre la resistencia de su perro y la propia, que con la experiencia ofrecen promedios más estables para cada pareja y de las condiciones específicas del terreno y el ambiente. Por lo demás, ese ritmo no se alcanza súbitamente sino, como las otras capacidades, por medio de aproximaciones sucesivas.

El principio inherente desde la preparación hasta la operación, es el de no copar la resistencia física y psicológica del equipo en cada sesión, sino llegar máximo hasta el 70% de su rendimiento normal en cada oportunidad, manteniendo una reserva que posibilite la pronta recuperación (y "recarga de baterías"). Así se racionaliza la inversión de energía y se prolonga el tiempo útil de la intervención.

Sólo en intervenciones en las que de antemano se sabe que la operación será corta y poco exigente, o se cuenta con muy buena disponibilidad de equipos K-SAR, puede llevarse la exigencia hasta un 90%. De todas formas, nunca hasta el 100%, so pena de sobreesforzar, fatigar y saturar al animal, lo que podría influir negativamente en el resto de su vida operativa.

11. TERCERA SELECCIÓN DE LOS SUJETOS:


Ya concluido el entrenamiento, es necesario constatar que cada equipo cuente con la capacidad de intervenir en una operación. En otras palabras, toca examinarlos en condiciones simuladas de emergencia para verificar su idoneidad, antes de involucrarlos en eventos reales con vidas humanas en juego.

La Guía Internacional de Evaluación de Perros de Rescate (Bundesverband für das Rettungshundewessen, 1.992), proporciona el modelo para esa evaluación, que cada país adapta a sus propias condiciones en un proceso concertado entre los Especialistas nacionales de experiencia específica exitosa y reconocida, eventualmente con el apoyo de expertos extranjeros igualmente reconocidos. En nuestro caso, RESCATE K-SAR participó entre 1991 y 1992 en la redacción de la Guía Internacional ya mencionada, y entre 1996 y 1998 nos reunimos, discutimos y redactamos conjuntamente el documento colombiano con las otras 2 agrupaciones del país que a la fecha contaban con capacidad operativa en la Especialidad, las Seccionales Caldas y Valle del Cauca de la Cruz Roja Colombiana, con aportes de las Escuelas de Adiestramiento Canino del Ejército y la Fuerza Aérea y otras fuentes con alguna relación con el tema. Aunque a la fecha el documento todavía está pendiente de oficialización por parte de la autoridad máxima competente, el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, los grupos líderes en la Especialidad ya lo acogimos voluntariamente como norma interna. Ese es un inicio de la necesaria estandarización hacia la certificación operativa y su consiguiente autorización para intervenir en eventos reales, un listado de disponibilidad para emergencias y todos los demás privilegios y responsabilidades adjuntos a la categoría de "Especialista K-SAR".

Bogotá, D.C., Colombia, 28 de mayo de 2002


AUTOR


Engels Germán Cortés Trujillo [más sobre el Autor]
E-Mail: egcortes@gestiondelriesgo.org
Web: Fundación para la Gestión del Riesgo


 
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