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Perros de Búsqueda: Selección del Perro de Búsqueda y Rescate Urbano y Rural de Área  
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Publicado: 13/7/2004
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Selección del Perro de Búsqueda y Rescate Urbano y Rural de Área

por Engels Germán Cortés Trujillo, 2002



Se explican diversas condiciones y estrategias a tener en cuenta en la selección de los perros que serán involucrados en un programa de adiestramiento especializado K-SAR (búsqueda y rescate en emergencias terrestres urbanas y rurales de alta complejidad, con la ayuda de perros adiestrados).

1. INTRODUCCIÓN:


Un requisito indispensable para la consecución satisfactoria de Equipos K­SAR (parejas cinófilas, u hombre-perro), es que ambos componentes de la pareja cuenten con las condiciones necesarias para este tipo de adiestramiento de alta exigencia, acordes tanto con la Especialidad como con los escenarios operativos en los que habrán de desempeñarse posteriormente. Por ende, junto con un amplio y profundo conocimiento teórico y práctico del trabajo a seguir, otro de los aspectos claves a considerar es el de la adecuada selección inicial de las personas que formarán parte de los equipos, y de los animales que serán adiestrados. A continuación se presentan varias consideraciones de utilidad para enriquecer los argumentos y criterios de selección de los perros, algunas generales y otras más específicas, con énfasis en las modalidades K-SAR urbana y rural de área.

2. CONSIDERACIONES GENERALES:


Como es natural, es conveniente encontrar un tipo de perro con unas condiciones innatas y circunstanciales propicias para el trabajo de búsqueda. La primera pregunta entonces es: ¿Dónde y cómo se pierde la gente en el área de influencia operativa que se cubrirá? En el mismo eje: ¿cuáles son los tipos de búsqueda que se harán (urbanas, rurales, mixtas)? ¿En qué entornos (clima, topografía, condiciones logísticas)? En concordancia con las anteriores: ¿Qué clase de perro de búsqueda se necesita? Teniendo ya claro qué tipo de proyecto de búsqueda se está planeando, comienzan a intuirse las características deseadas en los perros que se adiestrarán.

Desde este contexto se sugieren las siguientes condiciones generales a tener en cuenta para una primera mirada de los candidatos, antes de emprender un proceso específico e instrumental de evaluación. Pueden comenzar a estimarse incluso en cachorros menores de 6 meses, porque no significan la realización de ejercicios complejos sino la simple observación de los perros, su fenotipo, nivel de actividad y concordancia con las expectativas K-SAR:

CAPACIDAD OLFATIVA:
Apenas obvio, teniendo en cuenta que éste es el sentido más importante, por mucho, para el oficio. Todos los perros cumplen con ésta, pero algunas razas tienden a alcanzar mayor sensibilidad olfativa, dada la selección artificial a que han sido sometidas. Son precisamente los perros rastreadores, usados por siglos en labores de cacería. También a algunos perros de trabajo se les reconoce esta cualidad, acaso un poco menos deslumbrante, teniendo en cuenta esta salvedad: el reconocimiento se hace porque durante años se ha seguido la característica en ciertas razas y no en otras. Si bien se aceptan las observaciones hechas en las primeras, las segundas no cuentan con una información validada que certifique o demerite su capacidad olfativa.

El máximo punto de referencia registrado lo aporta la raza Bloodhound. Butler (1.993), menciona un rastreo continuo exitoso con esta raza a lo largo de 38 millas, y otro bastante espectacular en el que el perro, también Bloodhound, luego de olfatear unos objetos dejados por un criminal en el lugar del delito 18 horas antes, lo rastreó por 18 millas cruzando bosques y un río. Desde ese punto el fugitivo usó una motocicleta por 6 millas más, al final de las cuales el animal encontró un sombrero con algunos cabellos y siguió el rastro hasta una barbería 12 millas más allá, donde el criminal se cortó el cabello para cambiar de aspecto. Pruebas posteriores de ADN demostraron que el cabello señalado por el perro en la barbería pertenecía a la misma persona, que así fue identificada, capturada y condenada.

Eventualmente las expectativas para animales con narices acortadas o atrofiadas en el proceso de selección artificial son inferiores, por estar anatómicamente menos dispuestas para su uso eficaz.

CAPACIDAD DE APRENDIZAJE:
Definitivamente aceptada en todas las razas, pero más reconocida en unas que en otras. Nuevamente, es más conocida en las razas de trabajo comunes en cada país, aunque sin suficientes estudios que demuestren su superioridad objetiva sobre otras. Uno de estos estudios lo menciona Coren (1995, 2001), que si bien marca tendencias de preferencias muy definidas entre manejadores caninos hacia ciertas razas, no se compromete del todo con que esas razas sean en realidad más inteligentes que otras. En general, una discusión de calidad al respecto entre varios adiestradores experimentados, no necesariamente con antecedentes K-SAR sino en la simple obediencia y en las especialidades de trabajo, permite comenzar a sospechar cuáles son esas tendencias.

POSIBILIDAD DE CONTROL POR EL HOMBRE:
Todos los perros establecen vínculos psicológicos con el hombre, pero hay un grupo que lo hace de manera diferente. Lorenz (1.977), asocia ese grupo con los lupinos, a los cuales presenta como filogenéticamente más cercanos al lobo que casi todos los demás, que considera parientes más cercanos del chacal.

Su teoría indica que los lupinos (Huskys, malamutes, akita japonés, chow–chow), aunque genéticamente compatibles con los chacalinos, tienen algunos rasgos comportamentales disímiles. El más importante es que al llegar a la adultez mantienen una relación de igual a igual con el hombre, por lo que no aceptan tan fácilmente su autoridad ni se ven impelidos como los otros a satisfacer sus deseos. Lo quieren, pero no lo respetan. Se resisten a la autoridad y, si se les da la posibilidad, tratan de someter al ser humano. Los chacalinos adultos si ven al hombre con el que conviven como un superior, y sólo en algunos casos (maltrato, por ejemplo), algunos podrían oponérsele.

Por eso, a pesar de sus capacidades físicas compatibles con muchos oficios de alta demanda física, los lupinos no son utilizados en tareas de gran interacción con el guía o posibilidad de autonomía, simplemente porque no son lo suficientemente controlables. Hacen lo que quieren, cuando quieren o cuando son obligados, y éste no es el caso de la búsqueda que pide un alto nivel de confianza sobre el animal, que debe siempre mostrar interés para lograr el objetivo final y con esto el premio de su guía. A veces al lupino le importa el premio, a veces no, y la gratificación emocional parece no tocarlos las más de las ocasiones. Esto no es conveniente cuando hay vidas humanas que dependen de su desempeño. Proveen una interesante oportunidad de demostración de limitación del condicionamiento, no porque sean incapaces de asimilarlo, sino porque sus motivaciones no son tan transparentes como las de los chacalinos.

La teoría de Lorenz, bastante acertada en la práctica y que de hecho dominó durante varias décadas la discusión teórica al respecto, fue a la larga desplazada por nuevas evidencias arrojadas por la Biología molecular y su capacidad de analizar la evolución del ADN de cada especie, y compararlo con la de otras especies; esto descartó al chacal como antecesor del perro y demostró que el ascendiente principal para todas las razas fue el lobo, lo que derrumbó la concepción teórica de los chacalinos de Lorenz. Se abrió paso entonces la propuesta de la neotenia, que en pocas palabras explica el estancamiento en el desarrollo psicológico de la mayoría de las razas caninas en un estadio juvenil, gracias a la continua selección artificial que ha ejercido el hombre sobre ellas, buscando precisamente animales más dóciles, más afectivos, más manejables y por lo mismo más adiestrables para los diferentes propósitos utilitarios humanos. Esa adiestrabilidad proviene de la inferioridad biológicamente asumida del perro (eterno cachorro), frente al humano (adulto), en una relación de autoridad asimétrica que da la batuta al humano, y que somete al perro a simplemente obedecer, hasta a veces necesitar obedecer, a su superior.

Las razas no neoténicas, en cambio, son las que sí desarrollan su conducta hacia la adultez tal cual lo haría cualquier cánido silvestre, así que cuando comienzan a convertirse en adultos no caen en la asimetría en su contra sino que buscan ubicarse lo más alto posible en la escala jerárquica de su jauría. Pero como los perros domésticos usualmente no viven en jaurías sino con grupos humanos que por lo general se llaman familias, es en el grupo humano en donde intentan imponer su superioridad social. En la práctica, esto significa que son dóciles cachorros iguales a cualquier otro mientras todavía no llegan a la adultez. Ya entrando en ella, a la vez que los neoténicos aún conservan rasgos comportamentales juveniles especialmente en su relación frente a los humanos, los no neoténicos sí se convierten en adultos completos, incluso en lo comportamental. Por eso no asumen ninguna inferioridad frente al humano, lo consideran su igual y hasta su inferior si logran imponérsele.

En el adiestramiento esto se traduce en que el neoténico se inclina a seguir las instrucciones humanas más o menos dócilmente. El no neoténico lo hace cuando quiere, o cuando se le es impuesto, lo que disminuye ostensiblemente su desempeño desde nuestra perspectiva humana. En este punto es bien notoria la coincidencia práctica entre esta propuesta y la de Lorenz: son las mismas razas, e iguales los resultados. Reconociendo la validez científica de la nueva tendencia, es justo reconocer también la sabiduría intuitiva de Lorenz, basada en su formación y recursos científicos limitados de la época, que no le permitieron llegar a la respuesta científicamente rigurosa. No obstante, sí fue un experto adiestrador, que planteó en la práctica una situación que aunque tiene una explicación teórica diferente a la que formuló, sigue siendo bien válida en el manejo directo de los perros.

En síntesis, las razas que Lorenz llamó lupinos pero que ahora denominamos no neoténicos no son exactamente las más controlables por el humano, y por lo mismo tampoco son las más adiestrables. No son menos inteligentes, pero su desempeño no suele ser el más satisfactorio para los estándares humanos, y es especialmente irregular comparado con el de las neoténicas. Por eso no son las más indicadas para adiestramientos de alto desempeño como el K-SAR, y menos si recordamos que de la calidad y regularidad de su desempeño dependen vidas humanas.

En todo caso, recuerdan a Breland y Breland (1.974), que advierten sobre la necesidad de identificar las capacidades comportamentales específicas de cada especie, para presentarle unos estímulos, unos niveles de dificultad y unos reforzadores acordes con su naturaleza. El condicionamiento no es un acto de magia, que todo lo puede bajo todas las circunstancias.

AGILIDAD Y RESISTENCIA FÍSICA:
Las diferencias entre razas aquí son de carácter más anatómico y fisiológico. La selección artificial produjo razas grandes y pesadas (el grupo de los molosos), que por lo mismo tienen algunos problemas para desplazamientos en lugares accidentados e inestables, y su resistencia al esfuerzo prolongado y al calor se ve disminuida. Esto los descalifica para el oficio en cuestión, que exige ambas posibilidades. Aunque la imagen popular de un perro de rescate se refiere a los San Bernardos en lugares nevados, de hecho la primera referencia conocida sobre este tipo de uso, es una imagen muy concreta y ya desactualizada: se les utilizaba en esas condiciones precisamente porque su corpulencia les permitía abrirse paso en medio de la nieve densa, junto con que les aportaba reservas energéticas indispensables para sobrevivir en el frío (Saraza, 1.963). Hoy en día, con las ayudas tecnológicas disponibles para transporte y supervivencia, perros más rápidos y manejables se ocupan del mismo trabajo. En todo caso, en Latinoamérica no existe una necesidad real de entrenar animales para la búsqueda y rescate en nieve (aunque RESCATE K-SAR de Colombia debió realizar en el 2.000 una búsqueda de cadáveres sepultados por una avalancha de nieve en el Pico Humboldt, sobre los 4.900 m.s.n.m. en la Serranía de Mérida, Venezuela, ésta fue una situación bien atípica al menos para los países tropicales y subtropicales, en donde las condiciones de los glaciares de montaña, la infraestructura turística y poblacional y la práctica de los deportes relacionados con estos ambientes no provocan un número significativo de eventos de este tipo); por el contrario, los ambientes de trabajo tienden a ser cálidos: de entrada los molosos no califican, porque además son menos prácticos para efectos de transporte (por ejemplo, en un helicóptero), y mantenimiento en la zona de operaciones (mayor necesidad de comida y agua). Presentan más tiempo y complicaciones para la recuperación de lesiones osteo-articulares. Por último, su temperamento tiene una tendencia a la pasividad y el descanso (el ejercicio físico les demanda una excesiva cantidad de energía, lo que los lleva a un metabolismo lento).

En el otro extremo, animales demasiado pequeños tienen problemas de desplazamiento en lugares difíciles y resistencia a esfuerzos prolongados y al frío. Sus reservas son exiguas y su metabolismo, por el contrario, tiende a acelerarse (para mantenerse calientes), lo que los hace un tanto asustadizos e inestables. Igualmente, su imagen no genera mucho respeto entre el público, factor importante a la hora de decidir si se le da prioridad a un perro para intentar salvar una vida. Eventualmente se usan en algunos casos, pero son la minoría.

Es fácil concluir entonces que se necesita un perro mediano (término relativo), ágil, resistente y con una aceptable capacidad de reserva energética. Muchas razas todavía se mantienen en la competencia.

TIPO DE PELO:
Dependiente de las condiciones concretas en la que el perro va a operar, en especial las climáticas. A partir de éstas se decide si va ser de pelo largo, corto, de una o dos capas, etc. Como constante es conveniente que sea un pelo duro (que brinda mayor protección ante el polvo, la humedad y otros agentes ambientales incómodos o potencialmente lesivos) y de color claro. (visible en la oscuridad, se calienta menos con el sol y contrasta en la distancia).

LA RAZA:
Se planteó una discusión inicial, con dos tesis opuestas: la convencional y más extendida, que afirma que las razas sí se diferencian unas de otras para diferentes oficios, y que para éste en particular son necesarios animales clasificados como perros de trabajo (pastores alemán y belga, labrador, rottweiler, etc.), ya que la demanda exigida sobrepasaría las capacidades de las otras razas, destinadas para otros fines (deporte, compañía, etc., Pagnetti, 1,981).

La segunda tesis indica que todos los perros son filogenéticamente idénticos; una misma especie, con variaciones solo fenotípicas. Por lo tanto, todos pueden prestar todos los servicios, pues comparten las mismas capacidades y limitaciones. La diferencia estriba en el tipo de adiestramiento que reciben.

En el trasfondo se adivina la vieja discusión entre herencia y ambiente. Tomar partido no es así de simple, ya que es preciso reflexionar sobre otras variables:

Sí es cierto que todos son la misma especie, filogenéticamente idénticos. Esto se demuestra con la evidente posibilidad de entrecruzamiento fértil entre las razas. Acaso, las imposibilidades son más mecánicas que genéticas (un macho pinscher con una hembra San Bernardo, o viceversa).

También es cierto que existe una diferenciación funcional entre razas. Sencillamente, por miles de años el hombre ha criado perros para diferentes oficios, seleccionando artificialmente las características que deseaba. Si buscaba un perro guardián, propiciaba la reproducción de los ejemplares más corpulentos, alertas o agresivos, posibilitando la transmisión de esos caracteres e ignorando o hasta desechando otros no buscados o deseados. Después de muchas generaciones controladas repitiendo el mismo esquema, es muy probable que las características seleccionadas se estabilicen y la otras se debiliten o hasta desaparezcan, teniendo en cuenta también la extendida práctica de los cruces endogámicos o al menos entre los individuos de la misma raza.

Por eso se crearon los diversos grupos de razas, en los que todos comparten las mismas posibilidades genéticas básicas, pero los diferencia el diverso grado de desarrollo que unas y otras han logrado. Ahora bien, de nada sirve un alto potencial genético para un fin si el sujeto no cuenta con el medio propicio para desarrollarlo. Luego, además de las condiciones innatas deseadas es imperativo un canal de aprendizaje compatible.

La Brigada Austríaca de Perros de Rescate (1.991), en un estudio estadístico sobre las razas utilizadas para el oficio en su país encontró la siguiente distribución: pastor alemán, 70%, mezclados, 9%, pastor bernés y rottweiler, cada uno 5%, doberman, 2%, lobo italiano, salchicha y bóxer alemán, cada uno 1% y un ejemplar para beagle, cocker spaniel y otras 10 razas. Muestra una tendencia clara de escogencia, acorde con las condiciones climáticas, operativas y culturales austríacas, pero con campo para una diversidad aparentemente desordenada. Por otra parte, ellos mismos afirman que a la hora del trabajo, para nada importa si se trata de animales de raza o cruzados (Rössler, 1.991).

En 1.990, Ricardo Bernal, un miembro de nuestra organización en esa época asistió a unas competencias de eficiencia en el oficio en Nevache, Francia, entre animales procedentes de Francia y Alemania, con diversos métodos de entrenamiento. Al final, resultó que el perro de mejor desempeño fue un cruzado, seguido por un cocker spaniel y después los denominados perros de trabajo, principalmente pastores alemanes y rottweilers. Este resultado contradice la mayor parte de la literatura disponible, determinista por las razas.

En todo caso, es necesario dar mérito a un detallado estudio realizado por Sundgren (1.993), sobre una población de 1.924 perros de trabajo de 9 razas diferentes. En él afirma que existen diferencias significativas en el desempeño entre las razas. Sin embargo, ocurre lo mismo entre progenies de la misma raza y reconoce problemas de subjetividad en el juzgamiento de los animales. Es un valioso indicio, pero no es concluyente como investigación.

De nuevo en Latinoamérica, las condiciones de operación son muy variadas (desde el nivel del mar hasta la nieve), lo que requiere animales adaptables a todos los medios, o al menos a un buen rango de ellos, ya que por razones económicas y prácticas no es siempre posible disponer de perros exclusivos para cada situación (como sí es la tendencia generalizada en Europa y los Estados Unidos). En el mismo orden de ideas, aunque se consideran las variables organísmicas descritas, se da más peso al aprendizaje que a la herencia. Para nada importa si los animales cuentan con papeles de procedencia (pedigrí), que aparte de los antecedentes estéticos apenas en algunas razas de trabajo sólo muestran que el perro desciende de otros con unas características relativamente conocidas, circunstancias aparentemente deseable para confiar en el desempeño del ejemplar. No obstante, no es una garantía de calidad, y los perros que no tienen pedigrí también pueden ser depositarios de una historia genética funcional excelente, simplemente desconocida.

Este planteamiento se refuerza en nuestros países, donde los criterios de calificación, selección y certificación de los perros registrados se han basado en intereses más estéticos que funcionales, muy lejanos a los necesarios para un perro de búsqueda y rescate, dependientes casi siempre del criterio subjetivo del juez u organizador de la competencia. Este problema se presenta también en otros países, donde algunos grupos de criadores se resisten a aceptar las normas de selección y reproducción de las asociaciones caninas “oficiales”, porque consideran que de hacerlo se descuidarían gravemente características como la capacidad de trabajo de los animales, a causa del interés casi exclusivo en lo estético (Sikora, 1.995).

Otro ejemplo innegable de la absoluta relatividad de los registros certificados y los árboles genealógicos vive y prospera en el Parque Nacional Natural de Chingaza, frío y húmedo complejo montañoso entre los 3.000 y los 4.000 m.s.n.m. al Oriente del Departamento de Cundinamarca, en Colombia. Desde hace varios años se han detectado allí varias jaurías de perros “asilvestrados” (con orígenes domésticos, pero en estado salvaje desde hace varias generaciones), que sobreviven por su cuenta a costa de las especies nativas. Se han convertido en unos predadores tan eficientes, que ya son un problema para el equilibrio ecológico del Parque, tanto como poderosos diezmadores de venados, borugos, dantas de páramo y demás presas, como competidores de otros cazadores (zorros, pumas, tigrillos y otros). Incluso en algunos sectores son un peligro para personas solas y desarmadas. Por eso han sido condenados a muerte por las autoridades respectivas y vienen siendo cazados sistemáticamente con trampas y armas de fuego. Pero a ellos poco les ha importado en términos poblacionales, y de hecho en las trampas caen todo tipo de animales, eventualmente algún perro joven e inexperto. Las condiciones son de bosque y páramo alto andino, nada fáciles para sobrevivir. Y estos gozques (término colombiano para el perro mestizo, llamados tainaquers en Panamá, con una apariencia como la de cualquier perro callejero, con una grandísima variabilidad fenotípica), siguen incólumes, sin intervención artificial para su procreación, sino desde una simple selección natural. Prosperan aún a pesar del hombre, como es muy probable que no lo harían tantos costosos ejemplares cargados de pergaminos y apellidos.

Para rematar, la experiencia como adiestrador canino del autor dejó un concepto claro: en principio, toda raza es entrenable para cualquier oficio, desde el punto de vista comportamental. Las variables organísmicas son solo contingencias colaterales, que influyen sobre la calidad de los resultados finales y no tanto sobre la capacidad de aprendizaje. En suma, lo que varía entre los sujetos es su nivel de desempeño en el adiestramiento específico, que lo hace viable o no para el servicio. Al tratarse de perros para el salvamento de vidas es obligatorio un alto desempeño y éste no depende exclusivamente de la raza, sino también de las características individuales y ambientales del animal.

PREFERENCIAS PERSONALES:
Otro punto a considerar es la preferencia del guía del perro por una raza determinada: si va a ser su compañero de trabajo, con el que va a convivir y compartir afecto y confianza, al menos debe estar a gusto con él. Tal vez es ésta la única noción estética aceptada, que flexibiliza más la escogencia por los participantes en el adiesramiento K­SAR, aunque con prioridad para los criterios técnicos ya expuestos. En lo personal, tengo cierta inclinación por los perros cruzados, que además de las características mencionadas han demostrado una innegable capacidad de adaptación y supervivencia ante condiciones adversas. Quién puede afirmar, por ejemplo, que una ciudad sea propicia para que un perro sin dueño sobreviva y se reproduzca. Pero lo hace. Son, en suma, organismos adaptativos, criterio de peso en el oficio deseado. Otro argumento, fuera de toda razón científica, es el del deseo personal de cuestionar y revaluar tantos mitos impuestos arbitrariamente por clubes de perros registrados, en el supuesto sentido de su superioridad física y psicológica, con afanes soterrados de tipo económico y arribismo social.

LA EDAD:
La edad ideal para comenzar el adiestramiento es la octava semana de vida del cachorro, en la que inicia la etapa de preparación. No obstante, esto no es siempre posible, así que es tolerable el ingreso de animales hasta el año y medio de edad, aún muy receptivos para el aprendizaje práctico, social y general. Si bien he conocido y manejado muchos animales con edades bastantes avanzadas (por ejemplo, los 10 años), todavía capaces de aprender cosas nuevas, se tomó el límite de los 18 meses porque sólo la etapa de entrenamiento específico para búsqueda puede durar más de doce meses, lo cual suma ya al menos dos años y medio en la vida del animal. Si su vida útil llega hasta los 10 años en condiciones ideales, quedan menos de 8 años de trabajo real. Y a mayor edad al ingreso, menor tiempo de vida útil.

En el otro extremo, un criterio más o menos unificado en el mundo es el de no permitir la intervención en emergencias reales de perros menores de los dos años. Al igual que en otros oficios donde se depende de la estabilidad comportamental del animal (guardia y defensa, lazarillos) se usan solo ejemplares adultos porque su madurez les otorga esa estabilidad ante la presión, siempre y cuando esté bien adiestrados.

A pesar de que en ciertos adiestramientos (por ejemplo, pastoreo, Vines, 1.981), el entrenamiento específico puede venir a temprana edad y las etapas pueden variar, la tendencia general es la de trabajar la etapa de entrenamiento, o al menos perfeccionarla, en la edad mencionada. Esto corresponde al aprovechamiento de la madurez y plenitud de capacidades del sujeto, junto con la independencia que los cánidos adquieren por ese entonces y la latente capacidad de aprendizaje.

EL SEXO:
Ningún estudio concluyente demuestra diferencias en el desempeño entre hembras y machos. Eventualmente, las primeras puede relacionarse con el hombre de una manera más suave y dócil, pero por lo demás es igual. El amplio trabajo de Sundgren (1.993), no presenta valores absolutos sino tendencias: las hembras podrían ser más cautas y miedosas, menos juguetonas y activas que los machos. También tomarían más tiempo para sobreponerse luego de experiencias traumáticas. A partir de mi trabajo como adiestrador, comparto ambas apreciaciones. Una desventaja práctica de las hembras es su temporada de celo, en la que aunque pueden seguir trabajando, alteran dramáticamente el comportamiento de sus compañeros masculinos, a veces los femeninos y con frecuencia el propio, por bien adiestrados que todos ellos estén. Simplemente, a los machos cercanos no les interesa cumplir órdenes, sino que se activa su instinto reproductivo, con toda su fuerza. Ellas no son las del problema, pero lo causan, así que es obligatorio mantenerlas alejadas (incluso sus guías humanos), de los otros perros, los sitios de entrenamiento o los de operación, desde una semana antes de que inicie el celo, hasta una semana después de que termine. A la larga puede ser hasta un mes de marginación, que de coincidir con un evento real arroja la no disponibilidad de ese equipo cinófilo; es una baja operativa temporal, pero muy sensible cuando los equipos son pocos o la demanda es alta.

La baja temporal aumenta si además del celo viene un embarazo y después la crianza de la camada. En total, tenemos cerca de 4 meses de inactividad en lo que al adiestramiento se refiere, que demanda una recuperación de la forma física, psicológica y técnica para lograr nuevamente un estado óptimo para la intervención operativa, con una duración adicional de uno a dos meses. En el peor de los casos, ya se suman 6 meses de no disponibilidad de ese equipo K-SAR, en una vida útil de 7 a 8 años a partir de la culminación del adiestramiento, más un mes semestral por celo, sin contar con próximos embarazos. Otra posibilidad presente cuando varias hembras conviven es que pueden sincronizar sus ciclos hormonales, así que la baja temporal no sería de uno sino de varios equipos cinófilos.

Por todo esto en muchos lugares se prefieren los machos, lo cual no indica que sean superiores, sino más prácticos. Ahora bien, ante el riesgo de eliminar prematuramente sujetos femeninos con buen potencial, tampoco es una buena idea prohibirles el acceso. Solo sugiero considerar estas variables.

Perspectivas diferentes no limitan el problema del celo a la hembra, sino que pretenden controlar la alteración que produce en el macho con un tratamiento radical, su castración. Así suponen que el sujeto será menos propenso a distraerse bajo esta circunstancia, e intentan evitar o disminuir los conflictos naturales entre machos adultos por establecimiento de jerarquías sociales y territorialidad. También se espera que reduzcan sensiblemente los niveles de agresividad general. Todo lo anterior puede ser clínicamente cierto desde el ángulo veterinario, pero muy relativo en lo psicológico. No es un procedimiento natural, que garantice óptimos resultados en la búsqueda y el señalamiento (los mejores perros K-SAR que he visto trabajar en varios países estaban enteros), ni estrictamente necesario: los problemas que busca eliminar son perfectamente manejables desde metodologías de intervención conductual y hasta farmacológicas mucho menos limitadas. Con todo, es válido desde el punto de vista de control poblacional canino, en prevención de futuros problemas de animales abandonados.

ESTADO DE SALUD FÍSICA:
Que ha de ser óptimo, según criterio veterinario. Solo deben admitirse animales con todas las vacunas reglamentarias (rabia, moquillo, parvovirosis, leptospirosis y hepatitis, más la de tétanos, por exposición extraordinaria a cortaduras, y de aquellas patologías presentes en el área de habitación y operación), con convenientes condiciones fisico-atléticas (por ejemplo resistencia) generales y sin antecedentes de enfermedades degenerativas de los sistemas nervioso y músculo esquelético. Afortunadamente, en los perros es relativamente fácil inferir un buen estado de salud a partir del aspecto externo (postura, brillo del pelo y de los ojos, colores firmes, músculos y huesos sólidos, peso adecuado al tamaño, dientes, encías y oídos en buen estado, etc., la conducta manifiesta (vital, lúdica, dispuesta a la actividad, amistosa) y algunas simples pruebas de audición, alerta y reacción. En todo caso, es indispensable contar con exámenes veterinarios regulares para el control preventivo y asistencial.

ESTADO DE SALUD PSICOLÓGICA:
Que también ha de ser óptima. Solo han de admitirse animales amistosos (los muy asustadizos o agresivos sin razón aparente con otros perros o con el hombre son rechazados si mantienen este patrón a lo largo de unas pocas sesiones), sin evidencias de traumas anteriores por maltrato, aislamiento o accidentes y dueños de una estabilidad comportamental (ni muy nerviosos, ni muy pasivos). Se prefieren perros activos, con tendencia pronunciada al juego y la interacción social intra e interespecífica, y buena iniciativa autónoma para la exploración y la solución de problemas como la superación de obstáculos y la consecución de objetos.

NUMERO:
Hay motivos claros para sugerir un promedio de 10 equipos operativos disponibles en una organización: en una operación, urbana o rural, lo mínimo ideal son 3, siempre y cuando no sea muy grande ni dure mucho tiempo. Pero si es así, la cuenta ya sube a 5 o 6. De otro lado, no todos los equipos existentes están siempre disponibles, por enfermedad del guía o del perro, celo, embarazo o lactancia en las hembras, baja temporal o permanente de algún equipo u ocupación inaplazable del guía simultánea a una emergencia. Por eso es bueno contar con algunos equipos de reserva.

En el otro sentido, los costos de adiestramiento y los aspectos logísticos para más de 10 equipos comienzan a complicarse. También, números mayores alejan la posibilidad de que todos participen en emergencias reales, lo que a la larga afecta la motivación de los que no intervienen. En conclusión, la cifra es un justo medio que posibilita también un adecuado manejo pedagógico, veterinario, operativo e interpersonal. Claro está, para hablar de 10 parejas cinófilas disponibles seguramente se habrá partido de 15 a 20 parejas iniciales de aspirantes, de las cuáles solo las 10 mejores culminarán el proceso.

PROCEDENCIA:
Se suelen preferir los perros que vivan con una familia humana, con sólidos vínculos sociales con ésta y con el guía en particular. Esto produce una mayor estabilidad y seguridad comportamental que las de los animales de perrera, con muchas oportunidades para incubar y desarrollar desviaciones como agresividad, miedo excesivo a lo desconocido, extrema labilidad, dificultades para la interacción, etc. Otra razón es la de propiciar el conocimiento profundo entre el perro y el guía, que posibilite futuras lecturas del comportamiento mutuo, aspecto vital en este tipo de adiestramiento.

Sin embargo, no es despreciable una característica favorable para el adiestramiento de los perros institucionalizados, si su manejo es ético y responsable: en esos casos, por lo general los manejadores son personas pagadas para ese fin, que por lo tanto cumplen su jornada laboral con los perros. Así tienen una oportunidad de trabajo más regular y estable en el tiempo que los perros de familia, cuyos guías frecuentemente son voluntarios con escaso tiempo para el adiestramiento. El manejador pagado puede llevar un plan de trabajo más controlado y rápido, que el voluntario que quizá trabaje un momento diario y los fines de semana.


3. PRUEBAS DE SELECCIÓN:


Teniendo claras las condiciones generales a buscar en los candidatos, las pruebas de selección se refieren a cómo escoger ya con ejercicios prácticos cuáles perros de los que poseen las condiciones generales ingresarán al adiestramiento K-SAR. No todos tienen las aptitudes y habilidades mínimas necesarias para este fin, o pueden poseerlas pero sin la intensidad o estabilidad necesarias para esperar un futuro desempeño operativo importante en calidad y regular en continuidad. De ahí la necesidad de un proceso de selección ahora sí instrumental.

No es conveniente acometer estas pruebas antes de los 6 meses de edad del perro, ya que su inmadurez fisiológica, neurológica y psicológica no permitirá desempeños importantes ni confiables. También recuerdo que estas pruebas buscan la elección de animales aptos para ser adiestrados en las modalidades terrestres urbana y rural. Además, aconsejo no limitarse a una sola sesión de evaluación, que solo muestra un momento en el desempeño de cada perro, que por muchas razones puede no describir con precisión sus capacidades reales, sino a una serie de ejecuciones a lo largo de varios días, que sí permite vislumbrar su tendencia de desempeño y así calificarla con mayor propiedad.

En este punto advierto que ya no estamos evaluando solo al perro sino también a su Guía, y especialmente a la relación de confianza, amistad y cooperación que tienen los 2 componentes, humano y canino, de la pareja cinófila. El éxito o el fracaso depende de la calidad de esa relación, que por supuesto es directamente proporcional al empeño, el entusiasmo y los conocimientos del humano. Así las cosas, es el humano quien responde en mayor proporción por los resultados de la evaluación. Una vez formulado este precepto, queda claro que en adelante hablaremos de la evaluación de la pareja cinófila. Estas son las pruebas:

PRUEBAS DE TALENTO PARA SELECCIÓN:


1. SOCIALIZACION: El perro circula libremente entre un grupo de personas y perros. Una persona diferente al guía, elegida por el evaluador, lo alza.

Queremos observar si el animal es sociable, tranquilo, seguro, no incita peleas ni es temeroso sin razón. Se vigila en hombre y perro actitud corporal, contacto ocular, conductas de entrada con personas y animales. El perro es alzado por un desconocido para descubrir su reacción: puede resistirse, pero sin entrar en pánico ni agresividad furiosa. Se descalifica si pelea o huye sin motivo aparente.

2. CONTROL: El perro camina libre junto al guía una distancia de 20 m., sin separarse más de 10 m. de éste. Al final del recorrido el guía llama al perro y lo alza.

Es de esperar que a las primeras evaluaciones asistan perros jóvenes sin educación, por lo que no es exigible una obediencia de reglamento, que por otra parte no encontramos muy conveniente para la Especialidad K-SAR: queremos animales controlables verbalmente pero no robots automáticos sin iniciativa propia. Por eso no aspiramos, aunque tampoco rechazamos, a que el perro camine exactamente junto a su guía, pero sí que no lo abandone y se vaya por su cuenta: de ahí la distancia de control de 10 m., que el guía puede mantener verbalmente. La llamada y alzada final simplemente demuestran que el perro acude al llamado del guía hasta ponerse al alcance de la mano de éste.

3. TALENTO 1 – CAJA ABIERTA: El perro es sujeto por una persona diferente al guía. El guía se despide del perro animadamente sin tocarlo ni llamarlo por su nombre y se aleja hacia la caja de señalamiento gritando, saltando, corriendo en zigzag hacia la caja, llamando la atención del perro con su juguete y se esconde en la caja, ubicada a 30 m. a la vista del perro. La abertura de entrada a la caja no tiene puerta. El perro es liberado, debe dirigirse resueltamente a la caja y entrar con las 4 patas en ella para recuperar su juguete o saludar al guía sin que éste lo fuerce.

La caja de señalamiento es una caja de madera de 1 m. por cada lado, con pequeñas aberturas de 1 cm. De diámetro distribuidas aleatoriamente en todas las caras. Una de las caras es la tapa de la caja, que se puede separar completamente de la caja. La tapa cuenta con manijas internas para que la persona que se encuentra dentro de ella (el guía original del perro, que en estos primeros ejercicios actúa como figurante), pueda sujetarla desde adentro. En la prueba de talento 1 – caja abierta, no se usa la tapa.

4. TALENTO 2 - CAJA SEMICERRADA: Igual que el anterior, pero la abertura de entrada a la caja es cerrada hasta la mitad tras la entrada del guía en la caja. El figurante mantiene la tapa en su lugar, y puede estimular verbalmente al perro sin usar el nombre para que lo busque o le ladre. El perro es liberado, debe dirigirse resueltamente a la caja y entrar con las 4 patas en ella sin que el guía lo fuerce.

5. TALENTO 3 - CAJA CERRADA: Igual que el anterior, pero la abertura de entrada a la caja es cerrada completamente con la tapa, tras la entrada del guía en la caja, quien mantiene la tapa en su lugar y puede estimular verbalmente al perro sin usar el nombre para que lo busque o le ladre. El perro es liberado, debe dirigirse resueltamente a la caja y tratar de entrar, o rasguñar la caja o ladrarle de manera directa.

6. TALENTO 4 - ESCONDITE: Igual que el anterior, salvo que en lugar de caja el guía se esconde en un lugar a la vista pero sin acceso para el perro y puede estimular verbalmente al perro sin usar el nombre para que lo busque o le ladre. El perro es liberado, debe dirigirse resueltamente al escondite y tratar de entrar, o rasguñar o ladrarle de manera directa.


Lo que se observa y califica en los ejercicios de caja y escondite es la disposición del animal (motivada bien o mal por su guía): ¿Intenta seguir al guía al principio de los ejercicios? ¿Trata de liberarse? ¿Ladra o al menos gime si no lo consigue? Una vez liberado, ¿se dirige resueltamente hacia la caja, sin desviaciones? ¿Entra en ella sin dudarlo? Si no puede entrar, ¿trata de hacerlo? ¿Le ladra a la caja? ¿La rasguña? ¿Da vueltas en torno a ella? ¿Mantiene el interés? ¿Mantiene el entusiasmo? ¿No se distrae? ¿No se aleja?

Obviamente, preferimos animales que muestran un marcado entusiasmo físico y psicológico dirigido hacia su guía, manteniéndolo y la concentración en la tarea. De la forma de señalamiento, aunque todas son válidas la preferencia generalizada es la del ladrido manifiesto hacia la caja (o su guía en la caja), que es un señalamiento más claro y seguro que el de rascar, echarse, girar alrededor o echarse sobre o ante el punto de señalamiento. Respecto al ladrido, puntúa mejor si es emitido autónomamente por el perro, sin estimulación por parte del guía. Aunque claro, señalar con estimulación del guía es mejor que no señalar.

Cada prueba se califica entre 0 (deficiente) y 10 (excelente), se suman los puntajes de cada pareja en todas las pruebas y se computan todas las series para obtener un resultado promedio. En las pruebas de talento para selección el puntaje promedio máximo es de 60, con la siguiente distribución:

PORCENTAJE DE CALIFICACION
54-60 (90-100 %)Excelente
42-53 (70-89 %)Bien
34-41 (55-69 %)En prueba
0-33 (0-54 %)Sin condiciones


El nivel de EXCELENTE por supuesto describe a las mejores parejas, usualmente con antecedentes de adiestramiento que optimizaron su desempeño. Sus métodos son buenos modelos a seguir por las demás parejas. BIEN indica que tienen las condiciones necesarias para comenzar el adiestramiento en forma, pero igual necesitan ser orientados y monitoreados; EN PRUEBA, que deben esforzarse más que los anteriores para seguir en el proyecto, en una posterior secuencia de evaluaciones deben subir de nivel para no ser descartados, y SIN CONDICIONES sencillamente que no poseen las características para el oficio. Es deseable que cada pareja cinófila tienda a subir de nivel en cada oportunidad de evaluación.

No obstante, estos niveles de desempeño no son fáciles de conseguir inicialmente con parejas y grupos que hacen sus primeros contactos con la Especialidad, o habitantes de ciudades con cultura canina poco desarrollada. En estos casos, pedirles el mismo nivel de exigencia que para organizaciones con alguna experiencia previa podría arrojar resultados pobres y desestimulantes. De modo que en la primera secuencia de evaluación pude ser conveniente, a juicio del evaluador experimentado, relajar transitoriamente los niveles de exigencia en un 5 %, así:

PORCENTAJE DE CALIFICACION
51-60 (85-100 %)Excelente
39-50 (65-84 %)Bien
31-38 (50-64 %)En prueba
0-30 (0-49 %)Sin condiciones


Ya a partir de la segunda secuencia de evaluación se recupera el nivel de exigencia regular.

PRUEBAS DE TALENTO PARA DEFINIR LA TENDENCIA DE SEÑALAMIENTO:
Entre las diferentes formas para que el perro realice el señalamiento de su guía y luego el figurante escondidos, y posteriormente la persona perdida o sepultada, ya resalté el ladrido como la preferida en general, particularmente para la modalidad urbana, en la que se necesita que el Equipo K-SAR indique claramente sobre los escombros dónde está la persona sepultada. Para la modalidad rural de área el ladrido también es una buena opción, teniendo en cuenta que es muy probable que el perro llegue primero que su compañero humano hasta la persona perdida, y ladrando marque su posición hasta ser ubicado por el guía.

Pero en campo abierto esa no es la única opción: ocasionalmente la distancia entre el perro y su guía puede llegar a ser muy amplia, incluso para dificultar que el ladrido de señalamiento sea escuchado por el guía. También, algunos perros pueden alcanzar un gran desempeño buscando pero no ser muy buenos ladradores. Por eso otra posibilidad de señalamiento consiste en que el perro, al ubicar al figurante, regrese hasta su guía y lo lleve hasta el lugar del hallazgo. Originalmente llamada yo-yo, esta forma de señalamiento fue bautizada en Panamá en 2002 con el nombre más atractivo de búmerang, en alusión a la acción de ir hasta el objetivo y regresar, no necesariamente limitada al momento del hallazgo sino constante a lo largo de toda la búsqueda, en la que el perro búmerang sigue la pista, regresa hasta su guía que así avanza un trecho, retoma la pista y así sucesivamente hasta el hallazgo final.

Debe quedar bien claro, eso sí, que el estilo búmerang de señalamiento no es aplicable a la modalidad de búsqueda urbana. Es exclusiva para la modalidad de área. En cambio, un perro ladrador es viable para intervenir en ambas modalidades. Esta es una realidad técnica muy importante a la hora de evaluar las condiciones básicas del perro y decidir su adiestramiento posterior.

Para estimar la forma de señalamiento (ladrido activo o búmerang) hacia la que es probable que se incline naturalmente el perro, son útiles las siguientes pruebas:
1. LADRIDO SUJETO: El perro es atado a un lugar fijo. El guía debe lograr que el perro ladre sin tocarlo, dándole o sin darle orden de ladrido, con o sin juguete.

2. LADRIDO SUELTO: El perro está libre. El guía debe lograr que el perro ladre sin tocarlo, dándole o sin darle orden de ladrido, con o sin juguete.


Es válido el uso de un juguete para motivar el ladrido. Cada una de las anteriores se califica entre 0 y 10 puntos: 0 significa que el animal no produjo interés ni sonido alguno, ascendiendo en la escala con gemidos, chillidos, ladridos aislados con mucha motivación verbal o gestual por parte del guía, ladridos aislados sin motivación, hasta el 10 que muestra fuertes y entusiastas ladridos continuos reclamando el juguete sin ninguna motivación verbal o gestual por parte del guía. Los resultados sumados de ambas pruebas se leen así:

TENDENCIA DE SEÑALAMIENTO
0-10Búmerang
11-20Ladrador


Del puntaje promedio de esos resultados a lo largo de todas las secuencias es fácil inferir si la tendencia natural o inducida del perro para señalar es la del ladrido. Si el puntaje es bajo, puede denotar dificultad para inducir el ladrido, y la probable conveniencia de trabajar en la tendencia de búmerang.

ORDEN DE APLICACIÓN DE LAS PRUEBAS:
Este es el orden sugerido:
DEMOSTRACIONES PREVIAS DEL DESEMPEÑO K-SAR:
A veces se pretende que las parejas que apenas comienzan a aproximarse a la Especialidad manejen con suficiencia ejercicios que no conocen. Por eso antes de evaluarlas, es bien importante mostrarles el desarrollo de cada ejercicio por parte de Equipos K-SAR ya operativos, o al menos mucho más adelantados en el proceso. Se busca que los evaluandos presencien directamente las características de adiestramiento y la forma de trabajo, específicamente la búsqueda y el señalamiento activo de un Equipo K-SAR en varias situaciones y en cada una de las pruebas de evaluación, y con base en esta observación aclaren sus dudas. Esto con el fin de darle prioridad a las capacidades reales demostradas, y no al discurso teórico, frecuentemente sobrante. Otro objetivo es el de mostrar a los evaluandos los desempeños esperados para ellos y sus perros en cada uno de los ejercicios, y permitirles formarse una clara referencia objetiva y de primera mano sobre la Especialidad.

FAMILIARIZACION CON LAS PRUEBAS BASICAS DE SELECCIÓN K-SAR:
Antes de realizar una prueba de selección, que entre otros objetivos descarta algunos de los candidatos, es conveniente que las parejas cinófilas que serán evaluadas conozcan todavía mejor las pruebas, ejecutándolas ellas mismas sin que sean calificadas. Así saben mejor cómo encararlas, activando más eficazmente su confianza y potencial.

Es bueno alternar diversos medios (día, noche, diferentes lugares y elementos de práctica y otros). Otro propósito es el de sumergir a los evaluandos de forma práctica en la disciplina de trabajo K-SAR, siguiendo las rutinas de cuidado y manejo de los animales, orden operativo, atención permanente y aprendizaje experiencial.

PRIMERA SECUENCIA DE EVALUACIÓN:
Ahora sí calificando. Aunque esta primera secuencia ya arroja unos puntajes para cada pareja, esa información todavía es insuficiente para dilucidar confiablemente el estado de cada una. Tal vez ya se puede considerar el descarte de perros que definitivamente no cumplen con el perfil previsto, sus condiciones generales están lejanas de lo necesario, o cuyo guía ya está trabajando con otro perro de mejores condiciones, en razón de la conveniencia de concentrar el trabajo de cada guía en un animal concreto.

POSTERIORES SECUENCIAS DE EVALUACIÓN:
Iguales a la primera, todas con el mismo sistema de calificación y con al menos 6 horas de descanso entre secuencias, incluso en días diferentes unas de otras, hasta cumplir 4 a 6 secuencias entre 2 a 4 semanas. El lapso entre la primera y la última permite que las parejas en evaluación aprendan mejor los ejercicios, se compenetren más y hasta los practiquen (sin abusar, dándole absoluta prelación al descanso del perro) para progresar.


Los resultados computados de todas las secuencias calificadas ya comienzan a perfilar un patrón de desempeño para cada pareja, plasmado en calificaciones numéricas que expresan los resultados finales de la evaluación.

4. CONCLUSIONES:


Las consideraciones técnicas descritas ameritan una planeación y organización de las actividades previas y por escrito, así como la preparación de lugares, implementos y formatos de registro, definición de funciones, horarios de trabajo y demás. Incluso, es deseable el conocimiento y la discusión anterior de las reglas de juego, de manera que se despejen dudas y unifiquen criterios, para evitar los desacuerdos y la pérdida de tiempo durante las pruebas prácticas.

Otro aspecto de indelegable importancia es el del permanente bienestar de los animales: deben contar con lugares de descanso entre las pruebas frescos, sombreados, tranquilos e individuales, agua potable y fresca permanente, y en ningún momento sufrir accidentes, maltratos ni estorbar el desempeño de los animales en evaluación. Por eso han de estar siempre sujetos en sus lugares de descanso, a menos que los responsables de la evaluación indiquen lo contrario. La violación de estas normas, la ocurrencia de accidentes por negligencia del guía o el maltrato irracional del perro constituyen causal de exclusión inmediata e inapelable de la sesión.

Por último, una reflexión: por más simpatía que nos genere un perro o su guía, o la presencia de consideraciones ajenas a las técnicas para desear su inclusión o permanencia en el adiestramiento K-SAR, no es aconsejable ignorar los resultados de las pruebas. Si la pareja cinófila no demuestra las condiciones mínimas para la Especialidad desde el principio, difícilmente las desarrollará posteriormente. O quizá lo haga, pero sus niveles de desempeño tenderán a ser pobres respecto a los necesarios para conseguir la operatividad real, pero sobre todo confiable. La Especialidad K-SAR no es simplemente una afición, sino una profunda responsabilidad social y técnica.

Bogotá, D.C., Colombia, 29 de abril de 2002


AUTOR


Engels Germán Cortés Trujillo [más sobre el Autor]
E-Mail: egcortes@gestiondelriesgo.org
Web: Fundación para la Gestión del Riesgo

 
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