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Publicado: 6/9/2004
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BOMBÓN (El Perro)

Dirigida por Carlos Sorín


Fecha de estreno en España: 08/10/2004

Sinopsis:

Argumento cinematográfico de Carlos Sorín
Una gran empresa petrolera multinacional compra la vieja estación de servicio de Tres Cerros, un paraje perdido en el medio de la Patagonia. El motivo de la compra es construir allí una estación de servicio moderna, acorde con un emprendimiento turístico internacional que se va a construir en una reserva cercana de elefantes y lobos marinos

Los pocos empleados de la estación se quedan sin trabajo. Uno de ellos es Raul “Coco” Spinelli (50 años).Coco llegó a la Patagonia desde Santiago del Estero cuando aún era muy joven y hacia veinte años que trabajaba en esa estación de servicio atendiendo los surtidores y haciendo alguna reparación de mecánica sencilla.

Con esta nueva realidad sobre sus espaldas, el mundo de Coco queda reducido a lo poco que puede cargar en la parte trasera de su vieja camioneta: un colchón, algo de ropa, el equipo de mate y una caja oxidada de herramientas.

Mientras busca un nuevo trabajo se instala en la casa de su hija que vive en un pueblo relativamente cercano. El sabe, sin embargo, que esa situación no puede durar mucho. No es bienvenido en una casa pequeña llena de niños, con su hija de continuo mal humor y su tercera pareja, un tucumano también desocupado.

Coco intenta obstinadamente conseguir un nuevo trabajo en otras estaciones de servicio, en talleres mecánicos, en compañías petroleras, en minas, ofreciéndose como mecánico, o para tareas de limpieza o para lo que ofrezcan. Pero no tiene suerte: su edad, la realidad social, lo poco entrenado que esta para otras actividades, hace que solo reciba negativas.

Poco a poco va entendiendo que las cosas no son como hace veinte años, cuando él era joven y el sur era todavía un mundo lleno de posibilidades. Es como si al caer bajo la topadora la vieja estación de servicio, cae su mundo y él ya no tiene lugar en el nuevo espacio que queda tras ella.

Sin embargo trata de no deprimirse y empezar los días animoso: él sabe que lo peor que puede hacer es darse por vencido.

Un día, por casualidad, recibe un pequeño encargo: reparar un viejo auto en una estancia cuyo propietario murió hace un año. La viuda, una señora mayor, necesita venderlo, para afrontar algunas urgencias económicas. Coco así lo hace pero como la señora no puede pagarle le ofrece un perro. Es un enorme y hermoso ejemplar de dogo argentino, comprado por su marido con la idea de fundar un criadero. La muerte lo sorprendió en el medio de su empeño y criadero (cuyo nombre era ¨Le Chien¨ por el origen francés del marido) quedó sin concluir. Desde ese momento el perro ha pasado los días apático, recostado sobre el cemento de los caniles sin terminar.

Coco le dice que no hay problemas, que le puede pagar cuando venda el auto, pero no puede llevarse al perro, porque él está desocupado y le va a ser imposible mantener a un perro que debe comer acorde a su tamaño. Sin embargo la señora insiste: el perro es hijo de Quilapán de los Andes, el mejor dogo que se recuerde en la Patagonia y fundador de la raza. Ella tiene los papeles que aseguran que es un ejemplar extraordinario. También le asegura que en Buenos Aires, pagarían muy bien por un servicio del animal y que ella se ocuparía de buena ganas si estuviese bien de salud, pero lamentablemente, ya no está para esos trotes. Además, el perro es un pan de Dios y le da pena verlo tan triste por no tener dueño, ni nadie que se ocupe de él.

Coco termina aceptando y regresa al atardecer con el perrazo que sentado en el asiento del acompañante mira indiferente el desolado paisaje.

A partir de este momento, su búsqueda de trabajo sigue sin muchos cambios y la suerte parece no seguir de su lado. Para colmo de males su hija, al enterarse de la existencia del perrazo lo hecha sin contemplaciones. Lechien (así Coco bautizó al perro) es un animal extraño. No expresa ningún sentimiento, no mueve la cola, no ladra ni gruñe. Sin embargo, Coco nota que Lechien llama la atención de todos los que el visita (sea por razones laborales o no) y siente que a él también le toca parte de los elogios que el perro recibe. Comienza- por primera vez en mucho tiempo- a sentirse considerado por la gente así sea por ser dueño de un perro que llama bastante la atención.

Y ya que el animal es tan bueno, piensa, por qué no sacarle algún beneficio económico. A través de una recomendación llama a Walter, un adiestrador que vive en Trelew y le explica que tiene un perro que le dijeron que es hijo de Quilapán. Walter le dice todo dueño de un dogo dice lo mismo pero que en la mayor parte de los casos son cuentos. Aún así, le dice que lo traiga: puede no ser hijo de Quilapán y ser un buen ejemplar.

Cuando Walter, un gordo gigantón y efusivo, que repara electrodomésticos en el fondo de su casa y que los fines de semana adiestra y presenta perros en exposiciones, ve a Lechien no sale de su asombro. Lechien es una replica de la estampa de su padre, el legendario Quilapán. Eufórico llama a una serie de amigos criadores para que vean el descubrimiento.

Lechien, asustado por la situación se niega a bajar de la camioneta de Coco. Este trata de forzarlo y el perro por primera vez sale de su autismo con una veloz mordida que hiere la mano de Coco. El dolor es intenso pero como los dueños de dogos elogian efusivamente el carácter agresivo del perro, Coco siente un extraordinario orgullo que ahoga su dolor.

Walter decide preparar a Lechien para una competencia que se llevará a cabo en Bahía Blanca. Es una competencia regional, pero si el perro anda bien, después lo llevarán a Buenos Aires. Walter irá asociado fifty-fifty en las utilidades que genere el perro y Coco, que tendrá que hacerse cargo de los gastos iniciales, decide vender sus viejas herramientas para hacerse con un poco de efectivo.

Walter le ofrece a Coco su taller del fondo para que instale su colchón y duerma allí. Sin embargo, la primera noche Coco no puede dormir: en parte por la excitación, en parte lo la presencia de un puma que Walter tiene encerrado en un jaulón y que a la madrugada entra en actividad y en parte por los ojos brillantes y misteriosos con que Lechien lo mira desde el patio.

Coco aprende con Walter, no sin esfuerzo, los gajes del oficio de expositor de perros para competencia. Mientras Walter arregla televisores y pasadiscos y planchas, Coco, siguiendo sus instrucciones corre, se para, camina, vuelve a correr y con una infinita paciencia instruye a Lechien a responder las ordenes básicas.

La noche anterior a viajar a Bahía Blanca Coco vuelve a no pegar un ojo. Para colmo Walter decide dar un ultimo vistazo a la rutina del perro antes de salir: Coco y Lechien corren, se detienen y vuelven a correr. Sus pequeñas figuras se recortan contra las primeras claridades del horizonte.

La exposición es un enjambre de gente, perros y ladridos. Coco no recuerda haber visto tanta gente junta. Mientras Walter instala al perro en el lugar asignado, Coco piensa en las vueltas de la vida: si no lo hubiesen despedido no hubiese conocido jamás a Lechien y seguiría con la oscura vida de encargado de solitaria estación de servicio en Tres Cerros.

Lechien pasa, de la mano experta de Walter, las dos primeras pruebas y es seleccionado para la final. Cuando llega el turno Walter le ofrece imprevistamente el perro a Coco para que salga a pista. Coco al principio lo rechaza pero ante la insistencia de Walter toma la correa y comienza a correr como un autómata. Tiene la sensación que es el perro el que lo está llevando y que los jurados lo inspecciona a él mas que al perro.

En medio de su confusión escucha aplausos, gente que se acerca a saludarlo, que lo palmean y Walter eufórico que le explica que pasó: Le Chien ha ganado el segundo puesto pero hay algo mas: ha vendido un servicio. Un alemán dueño de una perra que ha entrado en celo se ha entusiasmado con Lechien. Según el hombre- que lleva controles estrictos- la ovulación de la perra será esta misma noche.

Al caer el sol Walter ya estaba bastante alegre en un cabaret del puerto, pero Coco, prefirió no beber y estar en condiciones para llevar a Lechien a su primer servicio.

Cuando llega a la casa del alemán este sale sigilosamente y hace esperar a Coco con el perro en la camioneta, porque según la lectura de la temperatura rectal de la perra que toma cada quince minutos, falta aun más de una hora.

Ya era madrugada cuando el alemán hace señas para que entren. Abre el canil e introduce el perro rápidamente, luego lleva a Coco para espiar desde la ventana de la cocina. El hombre está excitado como el padre de la novia. A Lechien se lo ve bastante inhibido ante los intentos de la perra. Primero le huye y luego opta por entrar a la casilla del canil y quedarse allí. La perra comienza a ladrarle y el alemán a inquietarse. Luego le pregunta a Coco cuantos servicios ha dado el perro. Coco le responde que cree que es el primero. Al alemán no le gusta nada. Tres horas después la situación no había cambiado solo que el alemán estaba fuera de si y decide ir a montar el perro por la fuerza. Coco espera lo peor y eso ocurre: el perro se irrita y ataca al alemán. Antes que éste se recupere y reaccione Coco le coloca el collar al perro y sale raudamente.

Cuando llega al cabaret del puerto Walter está bastante ebrio y divertido con una falsa rubia sentada en sus piernas. Coco le explica la situación y Walter y la rubia se echan a reír en forma incontenible. Luego Walter, viendo la angustia de Coco le explica que un perro primerizo es como un adolescente, hay que encontrar una perra con mucha experiencia que le enseñe cómo se hace.

Cuando vuelven a Trelew Walter localiza la perra de un amigo, de esas que se quedan preñadas con solo mirarla. Es una perra vieja y fea que cuando ve a Lechien se enloquece de entusiasmo. Al verla Lechien no quiere bajar de la camioneta. Walter con la ayuda de Coco y el dueño de la perra lo bajan y lo introducen en el canil. Otra vez pasa lo mismo y el perro se refugia en el interior de la cucha.

Como la perra es una experta deciden dejarlos solos e irse a tomar unos mates.

Sin embargo dos horas después la situación no había cambiado: Lechien seguía en el interior de la cucha. Walter improvisa un bozal y otra vez con la ayuda de los otros monta, no sin esfuerzo a Lechien sobre la perra. Lechien permanece rígido sin reaccionar. Walter intenta una explicación diciendo que como no tuvo dueño cuando era chico quizá tiene un trauma. El dueño de la perra comenta que el dogo argentino es una raza nueva y que a veces salen ejemplares así, raros.

Al día siguiente va a ver un veterinario que les explica que en estos casos de perros sin libido conviene hacer inseminación. Walter le explica a Coco que no es lo mismo, que los criadores de dogos prefieren perros potentes, porque es un perro de pelea, pero que algo es algo y también se puede vender. Sin embargo, tras varios intentos, el veterinario no puede estimularlo y obtener el semen para la inseminación. Es un caso extremo, dice y recomienda tener al perro como mascota.

Decepcionado Coco se despide de Walter y vuelve para el sur.

Maneja ensimismado en su tragedia mientras Lechien contempla el paisaje, como siempre, impasible. En un ataque de furia Coco detiene su camioneta y baja al perro violentamente. Vuelve a subirse en la chata y se aleja abandonado el perro en la ruta solitaria.

Al atardecer pasa por su vieja estación de servicio de la que ya no queda nada. Solo unos gigantescos pilares insinúan la nueva construcción que emerge.

Una gran valla con gran cantidad de elefantes, lobos marinos, focas y pinguinos, anuncia la cercanía del nuevo centro turístico.

El que cuida la obra, un ex compañero de trabajo de Coco, lo invita a pasar la noche en la casilla rodante que tiene como casa. Toman cerveza, charlan sobre viejos tiempos y a la madrugada Coco se despierta sobresaltado. Como con remordimiento de haber abandonado a Lechien y decide volver a buscarlo.

Hace doscientos kilómetros y llega al amanecer al lugar donde cree haberlo dejado.

No hay nadie. Pasa un paisano a caballo que no recuerda haber visto a un perro blanco. Le informa que hay un caserío a unas cuatro leguas. Quizá el animal se fue para allá.

En el rudimentario caserío Coco se acerca a un rancho de adobe y paja donde una mujer prematuramente envejecida está lavando la ropa rodeada de niños de aspecto miserable que se pelean. Coco le pregunta a la mujer por el perro. Los niños se han callado y miran curiosamente a Coco. La mujer le responde que no ha visto a un perro blanco.

Coco recorre el poblado sin éxito y después de tomarse un trago en el almacén decide regresar. Pero dónde? ¿Cómo encuentra una forma de rearmar su vida?.

Ya estaba emprendiendo el regreso cuando un niño harapiento y descalzo corre detrás de la camioneta. Coco se detiene y lo reconoce como uno de los que estaban con la mujer que lavaba. El niño le indica con su dedo hacia unos galpones abandonados. Coco le da una moneda y se dirige hacia donde el niño le indicaba.

Los galpones. que alguna vez, en alguna época más próspera habían sido depósitos de ovejas y bultos de lana, estaban en condiciones de deterioro total.

Aun así, con las maderas podridas y los techos desvencijados el lugar habrá lucido para Coco como un prado del paraíso: entre los restos de un corral Lechien estaba montándose en forma incansable a una perra pequeña, mugrienta y pulgosa.

Al regreso Coco maneja ensimismado en sus pensamientos. Por su expresión intuimos que es un hombre feliz. En el asiento del acompañante, irguiendo su figura que ahora parece más imponente, Lechien mira impasible el desértico paisaje.

Ficha artística


Coco: Juan Villegas
Walter: Walter Donado
Lechien: “Gregorio” de Nueva Córdoba

Ficha técnica


Dirección: Carlos Sorín:
Guión: Carlos Sorín, Salvador Roselli y Santiago Calori
Productor: Oscar Kramer y José María Morales
Jefe de producción: Marcelo Acosta
Asistente de producción: Marcos Barboza, Cecilia Mieres
Coordinadora de producción: Alejandra Dixon
Asistente de dirección: Celina Eslava, Leticia Cristi
Dirección de fotografía: Hugo Colace
Directora de arte: Margarita Jusid
Asistente de arte: Florencia Aizenberg
Vestuarista: Ruth Fischerman
Asistente de vestuario: Mercedes Santagada
Sonidista: Ruben Piputto
Música: Nicolás Sorín


Distribución


Nirvana Films y Wanda Vision
Fco. y José Martín Granizo, 13 B28224 - Pozuelo (Madrid)
Tel.: 91 351 72 83
Fax: 91 779 06 00
nirvana@wanadoo.es

Propiedades


Inicio de rodaje: 3 de noviembre de 2003
Fin de rodaje: 30 de diciembre de 2003
Lugar de rodaje: Comodoro Rivadavia - Argentina Semanas de rodaje: 5 semanas

fotos del rodaje
 
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