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Publicado: 6/6/2005
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Trabajo de Actitud


por Arsenio Menchero, 2000



Podemos identificar la palabra actitud como sinónimo de nivel de actividad o grado de excitación. Y, en el Trabajo Deportivo, es preciso que el perro desarrolle una actitud determinada en cada una de las tres Secciones: Rastreo, Obediencia o Defensa.

Para que el recorrido de Rastreo pueda ser realizado con precisión, es necesario que el perro se muestre concentrado y tranquilo, con la intensidad de impulso de búsqueda suficiente para terminar la pista y marcar los objetos; Una Obediencia vistosa exige que el tono del animal sea similar al que existe en un lance de caza; Y una Defensa vibrante requiere que se manifieste al máximo el comportamiento de lucha.

Cuando el perro aprende la técnica necesaria para realizar los diferentes ejercicios –condicionamiento instrumental–, asocia a cada uno de ellos un estado de ánimo concreto –condicionamiento clásico–. Es labor obligada del adiestrador prestar especial atención a este hecho, para evitar así trabajos correctos pero carentes de alegría en su ejecución.

Para definir el carácter de un ejemplar es preciso referirse a los siguientes puntos:
1. Temperamento o capacidad de activación ante los estímulos positivos o apetitivos (presa que estimula el impulso de cazar, agresión que activa el impulso de defensa, caricias que motivan el impulso gregario, comida que excita el impulso de alimentarse, etc).

2. Temple o resistencia a los estímulos negativos o aversivos (presión en sus diferentes manifestaciones, bien proviniente del guía, de un extraño, de otro perro, del ambiente, etc).

3. Equilibrio entre las capacidades instintivas de caza y defensa.


Los estímulos que se presentan al perro compiten entre sí, en caso de que sean de diferente dirección, o suman sus fuerzas, si son de la misma. Por ejemplo, si un perro desea cazar pero tiene miedo del disparo, disminuye la intensidad de su comportamiento de caza cuando, estando ante la presa, escucha un tiro. Por el contrario, si concurren los estímulos hambre y presa aumenta la expresividad de la conducta depredadora.

Es evidente que los estímulos apetitivos aumentan el nivel de actividad, mientras que los aversivos la disminuyen, de manera que la expresividad de la conducta sería la resultante de la suma o resta de las intensidades de los estímulos que concurren en cada lance.

Si imaginamos que la actividad del perro pudiera medirse y oscilara entre los valores de 0 y 100, podemos representar la intensidad de la misma en una gráfica (fig. 1). Para que se produzca actividad, es necesario que el nivel de excitación se encuentre por encima del umbral (Intensidad 50, por ejemplo, para un perro de temperamento medio).

Para poner un ejemplo, si identificamos la actividad con el movimiento, podríamos decir que este animal medio estaría tumbado a 0, se levantaría a 25, caminaría a 51, trotaría a 70 y correría a galope tendido a 100, con todas las gradaciones posibles entre estos valores.


Lógicamente, un perro con mucho temperamento sería fácilmente excitable con estímulos de poca intensidad (su umbral sería 20, por ejemplo) fig.2, mientras que otro dotado de escaso temperamento requeriría estímulos mas potentes y, por tanto, su umbral de excitación sería superior (80, por ejemplo) fig3



Tal y como se aprecia en los gráficos anteriores, la diferencia entre un perro activo y otro que no lo es, se basa en el rango de expresión de dicha actividad. El perro excitable, dotado de un gran temperamento, puede manifestar acción y, por tanto, movimiento, desde 20 hasta 100. El perro apático solo tiene un recorrido de expresividad desde 80 hasta 100 en la escala imaginaria que hemos establecido.

De estas consideraciones se desprenden, a primera vista, dos hechos:
1. El perro temperamental entra en su zona de actividad con estímulos apetitivos mínimos.

2. A igualdad de temple y partiendo de un nivel de excitación alto, el perro dotado de gran temperamento soporta una mayor cantidad de presión hasta caer en la zona de inhibición.


Para que el perro medio del ejemplo de la fig. 2 sea capaz de mantener un nivel adecuado de excitación durante el Trabajo, ha de saber alcanzar todos los niveles, desde 0 hasta 100, a voluntad del adiestrador. Y ha de poder, además, de pasar de uno a otro en el menor tiempo posible.

Es conveniente realizar el trabajo de la velocidad de reacción a voluntad del adiestrador, al principio, separadamente de los ejercicios. En las primeras fases, se enseña al perro a pasar de 100 a 0, para volver inmediatamente a 100, tal y como se representa en la fig. 4.


Se utiliza como estímulo positivo el movimiento de la presa (hasta alcanzar el nivel 100 de excitación) y, en el momento de máxima actividad, se interrumpe el mismo de forma brusca al tiempo que se presiona súbitamente al perro, reteniéndole (ahora se baja a 0) para, acto seguido, volver a motivarle con la presa y confirmarle a 100 permitiéndole morderla (Fig. 4).

En sesiones sucesivas, en el momento de máxima excitación se introduce presión en forma de suaves tirones del collar en dirección a la presa, la llamada Presión Activa. De esta manera, el perro asociará el hecho de atrapar la pelota con la liberación de la presión, con lo cual se estará realizando, en cierta manera, un trabajo de presa forzada con comportamiento similar al instintivo de caza. El condicionamiento clásico resultante de este proceso producirá, en el futuro, que la respuesta anímica a la presión sea de excitación, lo cual impedirá que el animal disminuya su actitud cuando, mas adelante, reciba presión para mejorar la técnica de realización de los diferentes ejercicios (fig. 5).


En el siguiente artículo trataremos sobre la manera de diseñar el programa de adiestramiento para que el perro aprenda a comprimir su impulso instintivo para poder así desarrollar una mayor energía y mantener el grado adecuado de actitud en cada ejercicio y durante todo el tiempo de trabajo.


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