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Publicado: 14/11/2005
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Análisis Anatómico


por Amalio Lasheras, oct - 2005



El organismo del perro se sustenta sobre una base prácticamente rígida formada por el esqueleto. El esqueleto proporciona la estructura básica sobre la que actúan los músculos. El sistema óseo está mantenido unido entre sí mediante los ligamentos y a los músculos mediante los tendones. Son ellos los que forman las articulaciones, que son el medio por el que los huesos se conectan.

El armazón óseo se mantiene erguido gracias a los músculos. Son los músculos los que mantienen la postura y los que movilizan al cuerpo. Si no hubiera músculos el esqueleto, a pesar de su aparente rigidez, se desmoronaría. Los músculos son los elementos dinámicos por excelencia.

Los ligamentos y los tendones están influidos fuertemente por el ejercicio. Aunque en el perro son muy difíciles, por no decir imposibles, hacer ejercicios de estiramiento, el entrenamiento adecuado puede ampliar los movimientos, por ejemplo: ampliar la zancada del animal en el trote. La amplitud del trote se debe en gran medida a la mejor utilización de las articulaciones, que como ya dijimos, está formada por ligamentos y tendones.

El esqueleto, formado obviamente por huesos y articulaciones, no es un armazón muerto a la manera de las columnas y vigas de un edificio. Los huesos participan en el metabolismo del cuerpo ayudando a fabricar, por ejemplo, los glóbulos rojos. Los huesos están compuestos por una parte blanda y flexible, la cartilaginosa, y otra dura que les da solidez, la mineral: la proporción entre ambos componentes varía según la edad y hueso de que se trate. Son mucho más flexibles y fuertes en la infancia y juventud por predominio de las sustancias cartilaginosas, por eso son más flexibles y resistentes a las fracturas y conforme pasa el tiempo se vuelven más rígidos, frágiles y débiles. El ejercicio aumenta la densidad ósea por medio del almacenamiento del calcio lo que se traduce en mayor grosor y en mayores reservas de este mineral. Los huesos del perro que hace ejercicio son más densos y fuertes que los del perro sedentario.

Así mismo los ligamentos y los tendones se “engrosan”, robustecen y aumentan su tono por medio del ejercicio. Esto es muy de tener en cuenta en perros con displasia.

Los cartílagos articulares se benefician también con el ejercicio aumentando el almohadillado en las superficies de contacto y, por lo tanto, su eficiencia.

Para analizar la amplitud de los movimientos se ha de comenzar por determinar:
    - Límites óseos.
    - Límites articulares.
    - Límites ligamentosos
    - Límites musculares.


Diversidad estructural
El perro, al contrario que el lobo y los demás cánidos salvajes, es un especialista. El esqueleto, distinto según la raza, es la base visible para estudiar el rendimiento teórico del animal y constituye la principal variable.

La versatilidad de estructuras de las razas caninas es única entre las diferentes especies animales, sobre todo en relación al detalle de la diversidad de las angulaciones. No existe ningún animal, doméstico o no, que presente estas variaciones en los ángulos articulares. Las diferentes subespecies de lobos presentan diferencias de tamaño, de peso, de pelajes: pero sus angulaciones son idénticas entre ellos.

Así pues, aunque existen distintos factores que afectan los rendimientos de todas las razas caninas, tales como un buen sistema cardiorrespiratorio, una relación favorable peso-potencia, predominio de determinadas fibras musculares sobre otras de diferente tipo, mejor utilización de las fuentes de energía, etc., la principal variable a considerar es la diferencia en las estructuras óseas y de las aberturas articulares correspondientes a cada raza.

Para comprender la importancia del esqueleto tenemos que darnos cuenta que el perro (excepto la cabeza y cuello) está diseñado esencial y totalmente para el movimiento usando para ello (a diferencia de nosotros) sus cuatro miembros. Lo expresado en este tópico es válido para cualquier tipo de desplazamiento en los cuales las fuerzas se propagan a lo largo de todas las articulaciones que integran la cadena cinemática total a través de las cadenas cinemáticas parciales.

Se denomina cadena cinemática a la secuencia estructural formada por elementos rígidos o semi-rígidos unidos entre sí por articulaciones intermedias y movidos por músculos.

Un ejemplo considerando las patas delanteras (cadena cinemática simple) sería:

Para los segmentos o elemento óseos:
    - La escápula.
    - El húmero.
    - El segmento radio-cubital.
    - La mano


Para las articulaciones:
    - Articulación escápulo-humeral.
    - Articulación del codo.
    - Articulación de la muñeca.


A esto habría que añadir los músculos comprometidos correspondientes a cada segmento óseo.

Pero como el movimiento, los saltos, etc., se realizan con la interacción de los cuatro miembros más la colaboración indispensable de toda la columna vertebral para la transmisión de la fuerza de atrás-adelante y de la amortiguación delante-atrás, nos daremos cuenta de porque hay que contemplar al perro como un “todo” integrado en varias cadenas cinemáticas simples, óseas, articulares y musculares interrelacionadas entre sí formando un encadenamiento complejo.

En el perro, y despreciando la cola, se pueden contar cuatro cadenas cinemáticas simples, de las cuales tres (dos de ellas dobles) son indispensables para cualquier tipo de marcha, salto o natación formando una cadena cinemática compleja.

Son:

    - Las patas delanteras (derecha e izquierda). Desde la mano hasta la escápula.
    - Las patas traseras (también derecha e izquierda).
    - La columna vertebral (las trece vértebras torácicas, más las siete lumbares, en el sacro las vértebras están soldadas entre sí).


La otra la constituye el cuello que actúa cuando el perro hace presa con su boca, en movimientos de la cabeza de arriba abajo y laterales y también como estabilizador de la marcha.
Es fundamental para comprender cualquier acción biomecánica que:
    Todo movimiento se produce en función de rotaciones articulares.


Si nos fijamos en una radiografía de un AST tomada en posición lateral, veríamos que muestra el hombro y la parte superior de los brazos colocados más atrás de lo que parecería normal en otras razas. En el Am Staff, lo mismo que en los perros de trineo, el eje de la escápula se implanta a la altura de la vértebra torácica tres (VT3), con lo que se refleja lo que dice el estándar: “Omóplatos anchos e inclinados”. Lo normal es que en la generalidad de las razas caninas se inserte en la VT2 y en algunas de tamaño pequeño y cuerpo largo, como el Cairn Terrier, el Shih Tzu, los Teckel, etc., que lo haga en la VT1. Esto hace, por lo que dijimos antes, que el perfil del American visto de lado presente un tórax proyectado por delante de los hombros, ya que el pico del esternón sobresale, con lo que se consigue mejorar la fijación de los músculos responsables de “tirar hacia delante” y se incrementa el equilibrio del tórax. Esto se consigue, pues, sin variar la angulación escápulo-humeral que permanece inalterablemente en un ángulo medio. No obstante, cuando el mango del esternón es demasiado prominente da lugar a lo que se denomina “pecho de pichón”, lo cual constituye un defecto en todas las razas.

Estudios morfométricos
Los primeros estudios morfométricos serios sobre el perro datan de alrededor de 1989, Gilchrist fue el pionero. Más recientemente Furher utilizó datos cinematográficos para el estudio de la morfodinámica. Otro estudioso fue Rooks. Los bancos de datos de ellos demostraron la importancia del esqueleto para mejorar la dinámica del perro.

Todos coinciden en que el primer elemento que se debe tomar en cuenta es el equilibrio global del perro.

El estándar no dice nada de la relación entre escápula, fémur y húmero, por lo que tenemos que recurrir a observar al perro en su conjunto y compararlo con otros que obtengan los mismos resultados de su estructura y sacar de ahí las conclusiones que podamos, teniendo siempre en cuenta que el primer dato que se debe tomar de un perro es su equilibrio global, como hemos dicho anteriormente. Casi todas las investigaciones realizadas sobre la biomecánica del perro se basan en estudios sobre galgos, perros de caza y perros de trineo, esto último nos viene muy bien, pues el AST, si consideramos sus ejes longitudinales y su altura, tiene la misma constitución de un corpulento perro de trineo de talla pequeña. Pero sí comparamos esos ejes longitudinales con los transversos tendremos que modificar nuestra opinión y considerarlo a nivel morfológico como un perro de tiro de potencia. Este es un problema agravado en el transcurso del tiempo por la falta de precisión del estándar en cuanto a la relación peso-altura, y que ha producido unos perros actuales más pesados que los padres de la raza por el aumento de la masa muscular y ósea. Con seguridad, y si contempláramos a los perros de 1936, los ejes transversos serían menos exagerados y nuestra visión del perro, de cinco kilos menos de promedio que los actuales, sería distinta: menos espectacular, pero mucho más funcional.

Para escribir lo que sigue me baso en los experimentos del citado Gilchrist, de Furher y de Rooks.

Las medidas longitudinales de un perro, como ya hemos dicho antes, van siempre relacionadas entre sí y con las angulaciones. El estándar da algunos datos y de ahí debemos deducir los demás. Me explico: el cuello del AST es de longitud media, la espalda media-corta, de ello se puede deducir que las angulaciones son de tamaño medio. Sobre la longitud de la espalda hay que hacer unas especificaciones. El estándar dice: “Bastante corta”, de donde se puede deducir que ni larga ni corta, de tamaño medio tirando a corto. Esta es la espalda ideal para rendir al máximo con pocas posibilidades de lesiones. Nunca tan corta como la de un Bóxer o un Dobermann, ni siquiera, aunque por su constitución musculosa le correspondería más la definición, la de un perro “cobby”. Si la espalda fuera demasiado corta y las angulaciones excesivamente amplias, el perro se vería limitado en los cambios bruscos de dirección y tendería a un trote diagonal. Si por el contrario la espalda fuera demasiado larga tendría que tener en compensación unas angulaciones proporcionadas y una espalda curvada. La abertura del ángulo sacro-femoral condiciona la eficacia del impulso, si éste es agudo permite una impulsión y sobre todo una fuerza considerables, una angulación demasiado abierta resulta ineficaz, porque el ángulo ya no puede abrirse más de lo que está, lo que se traduce en una debilidad de las extremidades. Por otro lado la curvatura que se forma en la línea dorsal a consecuencia de unas angulaciones exageradas y en consecuencia una espalda proporcionalmente larga y de unas grupas de caída demasiado pronunciadas, está produciendo en la actualidad perros con Cauda Equina y Espondilosis en razas con esa tendencia.

Otra cosa que hay que saber cuando se lee el estándar es que éste pertenece a los que llaman “espalda” a la línea dorsal completa y así lo tenemos que considerar a todos los efectos. Pero si se hubiera empleado un lenguaje correcto se hubiera tenido que decir: línea dorsal (top line), donde dice “espalda”, en realidad espalda es el espacio comprendido dentro de la línea dorsal por las vértebras torácicas.

Pasando a las proporciones en el perro ideal por su físico equilibrado, y siempre según Gilchrist, la escápula, la pelvis, el húmero y el fémur deben ser aproximadamente de la misma longitud, características que se cumplen perfectamente en el American.
    - El largo del total de la columna vertebral de un Am Staff debe ser aproximadamente un 10 % mayor que su altura a la cruz. Para un AST de 48 centímetros correspondería una espalda (de la cruz a la inserción del rabo) de 53 centímetros aproximadamente.

    - Desde la cruz al nacimiento de la cola las proporciones ideales deberían ser: la región torácica corta; grupa corta; dorso y lomo proporcionalmente más largos.

    - El ángulo formado por el eje de la escápula a la vertical debe oscilar alrededor de 32º, y el ángulo pélvico debe ser lo más cercano posible a 30º.

    - La altura a la cruz debe ser aproximadamente un 20% más del húmero o del fémur.

    - Una gran amplitud de los movimientos articulares genera menos trabajo y, en consecuencia, menos fatiga muscular, también está demostrado que una mayor longitud de patas, siempre dentro del estándar, mejora el movimiento y que una excesiva rigidez articular provoca dolores articulares y afecciones musculares y tendinosas.

    - Otro factor a considerar es que no es casualidad que se pidan pies pequeños, pues el menor tamaño de estos significa en recorridos largos menos riesgos de inflamaciones, rozamientos, snow-balls, etc.

    - Por último, cabe destacar que los mejores desarrollos musculares están relacionados con las angulaciones de abertura media.


Amalio Lasheras

AUTOR


Amalio Lasheras
E-Mail: amalio@mundivia.es
Web: http://www.ceast.net

 
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