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Publicado: 8/5/2007
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Manejo conductual del cachorro. Elementos para el clínico.


por Dr. Daniel Rossi D.M.V



Durante generaciones para los estudiantes de veterinaria, el "manejo del cachorro", en el curso de Clínica de Pequeños Animales consistía en el asesoramiento del propietario de un perrito acerca de la sanidad, inmunización, alimentación, control de las parasitosis, etc., pero nada se enseñaba acerca del manejo de pautas de comportamiento que apunten a una convivencia armónica entre los miembros de la familia. No se hablaba una palabra acerca de conducta animal o etología clínica. Que esto ocurriera se debía fundamentalmente a que estamos hablando de una novel especialidad.

Dice el Dr. Rubén Mentzel(1):
"La etología clínica (o comportamentalismo) es una relativamente nueva especialidad de la medicina veterinaria, principalmente en caninos y felinos (los primeros trabajos bibliográficos de origen francés y norteamericano corresponden a la década del 60).
El marco teórico que sustenta esta especialidad es el que aporta la etología básica (del griego ethos, que significa caracter o costumbre), es decir el estudio científico y comparado del comportamiento animal. A partir de estos conocimientos podemos identificar las distintas pautas de conductas normales en los carnívoros domésticos (comportamiento de alimentación, de caza, sexual, agonístico, social, maternal, de acicalamiento, de juego, de eliminación de excretas, etc.)."

El presente trabajo no tiene por objeto ser un curso de conducta animal, pero sí poner sobre la mesa algunos elementos útiles para que los colegas los consideren y utilicen, y de esa manera actualizar algunas carencias de nuestra formación curricular.

Según Patrik Pageat(2):
"Los comportamientos del perro dependen en promedio en un 20% de su herencia y en un 80% de los aprendizajes. Es decir la importancia de la experiencia en relación a la genética. En su gran mayoría esta experiencia se adquiere durante el desarrollo.
Es entonces un período de la vida del perro el cual debe vigilarse correctamente, cuyos parámetros deben dominarse. El perro tendrá que aprender a qué especie pertenece, cuales son las especies amigas y los medios ambientes apaciguadores, cómo comunicarse, cómo organizar y regular sus comportamientos, cómo integrarse en un grupo social (jerarquización) y cómo volverse autónomos ( apego y desapego)"

De ser posible, la consulta con el propietario del cachorro debe comenzar antes de la elección del mismo. Es importante que el veterinario cumpla un rol preponderante desde ese momento, ya que es probable que la raza elegida por los futuros dueños de la mascota no sea la más adecuada según nuestro criterio. Por ejemplo: supongamos un matrimonio que trabaja todo el día y que además viven en un ambiente reducido, se hayan encaprichado con un Dálmata o un Mastín napolitano, es nuestro deber de hacerles ver que no es lo mejor ni para ellos ni para el perro.

El temperamento de las razas es algo que debemos conocer para que nos ayude en el momento de aconsejar a nuestros clientes.

Una vez elegida la raza, es muy buena cosa acompañar al cliente a elegir el cachorro, ya que además de ver que no tenga problemas físicos congénitos (paladar hendido, entropión, etc.), podemos aplicar el Test de Campbell, el cual nos dará información valiosa acerca del carácter del perrito. Se adjunta el mismo al final del artículo.

Además de ello, la visita a la casa del cachorro nos brindará una idea de la forma en que vive el mismo, lo cual es muy enriquecedor, ya que no es lo mismo un perro que esté en una jaula, separado de su madre y sus hermanos, que uno que tenga libertad de movimientos, cercanía de sus progenitores y hermanos, y un lugar con estímulos visuales (cuarto de jugar) que le permita una correcta formación de su sistema nervioso.

Desde aquí el veterinario se deberá volver un referente importante en la salud, tanto física, como psíquica de la mascota, y crear en los propietarios la "obligación"de concurrir a consulta periódicamente y no solo cuando el animal está enfermo. Esto entre otras cosas permitirá que hagamos un seguimiento del desarrollo de la conducta de nuestro paciente, por lo menos hasta la pubertad.

Una vez con el cachorro en su nueva casa, comienza un entrenamiento de los propietarios, a los que iremos progresivamente instruyendo en los conceptos etológicos básicos, y al mismo tiempo desmitificando todas las muy abundantes creencias que todos, en un momento u otro, hemos oído.

Sin duda nos encontraremos con personalidades muy disímiles. Desde gente muy receptiva e interesada en lo que nosotros le digamos, hasta aquellos seres que "por haber tenido perro toda la vida.."nos escuchan con desdén y con una mirada de superioridad. Con éstos últimos, mas vale no esforzarse mucho, ya que lo más probable en que todos los consejos que les demos caigan en saco roto. En mi experiencia personal, a estos personajes los encontraremos más entre los propietarios de perros de guardia y ataque, lo cual es doblemente peligroso.

Es buena cosa comenzar diciéndoles a los propietarios que principalmente lo que ellos adquirieron no es un humanito con cuatro patas, sino que es un perro, que tiene genéticamente grabados determinados códigos que han perdurado desde que éste era lobo. Estas reglas son vitales para el animal, ya que sin saberlo han permitido la sobrevivencia de la jauría.

La más importante de todas estas reglas y que rige y ordena a las demás es la de la jerarquía, ya que entre los cánidos la democracia no se conoce, y todos en la jauría tienen un rol, ya sea mandar u obedecer a alguien.

Si nosotros queremos tener una convivencia pacífica y en armonía con nuestro perro debemos saber como ponerlo en un escalón bien bajo en la escala jerárquica. En otras palabras: nuestro perro debe ser "el último orejón del tarro". Claro está que eso no significa que le peguemos o lo privemos de atención. Por el contrario, una vez que él entienda eso, tendrá una convivencia tranquila, y no estará toda su vida peleando por escalones jerárquicas que no le corresponden, y en cuya búsqueda harán de nuestra vida –y la de él – un martirio continuo.

Es función fundamental del veterinario dar buenos consejos de cómo adecuar al perro al lugar que le debe corresponder.

En párrafos anteriores me referí al tema de la jerarquía y la importancia que la misma tiene para los cánidos, esto mismo debemos comunicárselo al propietario, de modo tal que la conducta del núcleo familiar no entorpezca lo que debe ser la normal de la "manada"..

Al nacer, el perrito depende totalmente de su madre, la que al mismo tiempo que los alimenta con su leche, los inmuniza con su calostro, los protege y los educa, enseñándole pautas de comportamiento fundamentales para su vida futura.

Cuando la madre muere en el parto, o tiene algún problema de patología de comportamiento que le impide adiestrar correctamente a los cachorros , lo más probable es que éstos arrastren carencia que a la postre se van a manifestar en su vida adulta.

Los cachorros nacen ciegos y sordos. Sus únicos sentidos son: el tacto (fundamentalmente en la zona fronto-nasal, que ayudará a ubicar las mamas de su madre), y el gusto.

Estos animalitos no pueden ni orinar ni defecar por si solos, y es la madre quien los ayuda para que las deyecciones puedan ser realizadas. Con su hocico, voltea a sus hijos y con su lengua lame y masajea la zona perineal y anal, haciendo de es manera que puedan excretar, al tiempo que ingiera el orín y las fecas.

Pero no solo hace esto, al tiempo que soluciona el problema excretorio, les está enseñando la postura de sumisión, la que el perro no olvidará nunca más. Esta consiste en quedarse en forma inmóvil, en cubito dorsal y enseñando y entregando el cuello a quien en ese momento los domina.

Se han hecho experimentos en cachorradas huérfanas, a las cuales los investigadores han hecho las maniobras de masaje de las zonas sensibles a la micción y la excreción sin dar vuelta a los perritos, consiguiéndose animales incapaces de demostrar sumisión. Estos perros, a los cuales les falta esa parte de la ritualización, al enfrentarse a ejemplares dominantes, luego de una pelea, no logran calmar a su oponente por no saber poner freno a la pelea demostrando haber perdido. El resultado de ello es la continuidad de la agresión.

Otra cosa que la madre le enseña, es a inhibir la mordida.

Ella le enseña al cachorro la potencia de su mordida. Generalmente se lo enseña la madre, pero puede ocurrir que el perro haya sido sacado tempranamente del lado de ella y entonces debemos nosotros educarlos.

Cuando en ocasión de estar los cachorros jugando entre ellos, uno muerde a otro y éste se queja llorando. Es ahí que viene la madre, la que sujeta la trompa del agresor o bien le da una pequeña mordida en la oreja o el cachete.

Es común ver llegar a la consulta a alguno de los propietarios con el cachorro alzado y sus brazos con tajos, cortes o heridas. Al preguntarle como fue que ocurrieron, nos dicen que fue su perrito "jugando", pero que no le preocupa que ello ocurra, ya que es por los afilados que tiene los dientitos...

Nuestro deber es aconsejar que sean ellos quienes eduquen al cachorro a inhibir la mordida, y la forma de hacerlo es imitar a la madre. Se puede hacer que cuando el cachorro muerda fuerte ( no hay que olvidar que el masetero es el músculo más potente que tienen los perros) se le agarre firme el hocico y se lo jale hacia ventral. También se le puede pegar un fuerte pellizco en la oreja, que surte el mismo efecto.

A los quince días, el cachorro ya ve, y a las tres semanas oye. Ya se desplaza – aunque reptando - con cierta facilidad y juega con sus hermanos. Los juegos son de pelea, y ya ahí cada uno de los perritos va a demostrar su papel en la manada: o sea, si manda o si obedece. Se puede decir que a las siete semanas de vida, va a estar encaminado su carácter. Es por eso que es a sea edad que se recomienda realizar el Test de Campbell.

Al llegar a la casa que lo ha adquirido, el cachorro va a comenzar a reproducir lo aprendido, y es así que desde el primer momento los propietarios deben estar perfectamente entrenados para saber cómo ubicar al animal en el escalón jerárquico que le corresponde.

Esquemáticamente debemos explicar que hay tres formas en que el animal asciende en dicha jerarquía, y que se debe estar atento para bajarlo rápidamente, si es que ha subido a algún peldaño que no le corresponde.

Estas ocasiones son: al comer, al descansar y en la parte sexual.

En la vida salvaje, cada vez que un animal es cazado para alimentar a la manada, quien primero accede a la comida es el Macho Alfa, o sea el macho dominante, luego quien lo sigue y así, hasta llegar al último, que en caso de no quedar nada se va a dormir con el estómago vacío. Ni se le ocurre intentar tomar el alimento de otro, a menos que quiera subir jerárquicamente.

Por supuesto que nosotros no es eso lo que pretendemos, pero sí que nuestro animal no nos robe la comida de la mesa o que esté al lado de esta pidiendo mientras nosotros comemos. Además claro está de que no se sienta un igual, porque entre otras cosas nos morderá si pasamos cerca de él mientras come y considera que podemos ser una amenaza para su alimento.

Entonces, desde el primer momento el perro debe comer luego que todos en la casa lo hicieron, y no solo eso: debe comer en un lugar poco importante de la casa. Por ejemplo en un cuartito lavadero o en caso de no tenerlo, debajo de una mesa, en un lugar casi incómodo.

Con respecto al descanso, éste es muy importante para el perro. El cuerpo del perro está repleto de glándulas, las que dejan el olor de quien se ha acostado en determinado lugar.

Donde duerme el Macho Alfa, no duerme ningún otro perro. Es un lugar de dominancia. Eso, puede ocurrir en nuestra casa con nuestra cama (que tiene nuestro olor) o en un sillón determinado del living. Esto es algo que no debemos permitir bajo ningún concepto. Puede ocurrir que cuando se suba a la cama, por considerar que es una posición conquistada, al querer nosotros acostarnos, nos muerda. Eso de por si es grave, pero además debemos tener en cuenta que una cama es un sitio elevado jerárquicamente, y el solo hecho de acceder a ella le otorga prerrogativas que pueden repercutir en otros aspectos de la vida de la "manada".

Entonces es importante que sepamos aconsejar en éste tópico a nuestros clientes.

El perro jamás debe acceder a los mismos lugares de descanso que los humanos. Es más, su lugar de reposo debe estar bien delimitado en un sitio poco importante de la casa. Nunca en un corredor o en el dintel de una puerta. Hay perros dominantes que tienen por costumbre echarse a dormir debajo de una puerta o en un corredor, haciendo que todo aquel que quiera pasar deba hacerlo pasando por encima de él, si él quiere, claro.

Y con respecto a la sexualidad, es importante que no se le permita al animal posturas de monta con los humanos, ya que si al principio es tomado como un juego, todo apunta a un esquema de dominación, ya que hay que tener claro que en la vida salvaje, en la manada, no todos los animales se reproducen, sino los que tienen determinado rango jerárquico.

Con respecto a la limpieza, debemos saber que el perro, a los dos meses de edad tiene la capacidad de aprender a ser "limpio como perro". Esto significa que no orina ni defeca donde come. La educación consiste, si es que el animal está recluido, en ir alejando paulatinamente el plato de comida del lugar de las deposiciones.

A los cuatro meses el perro tiene la capacidad de aprender a ser "limpio como un humano", esto es que paulatinamente va a ir aprendiendo a controlar esfínteres y a hacer sus necesidades en el lugar que nosotros hemos elegido.

La educación para ello se basa en el conocimiento nuestro de los momentos que más posiblemente el animal tenga necesidad de evacuar. Estos son fundamentalmente tres: al despertar, un rato luego de comer (reflejo gastro- cólico) y luego de hacer ejercicio o jugar.

Entonces, en esos momentos, así como cada vez que veamos que el cachorro toma la postura para orinar o defecar, debemos llevarlo al lugar indicado.

Un mito muy extendido es que cuando el cachorro defeca u orina donde no debe, hay que refregarle el hocico en las excretas, para que aprenda. Seguramente si eso nos lo hicieran a nosotros surtiría un efecto ejemplarizante, pero para un perro, que no solo no le da asco, sino que cada vez que puede lame o ingiere orina o materias fecales, no le resulta para nada terrible. Así que cuando nos planteen dicho método educativo lo debemos desterrar de plano.

Es buena cosa recompensar al perro cuando hace sus necesidades en el lugar elegido por nosotros, ya sea con una golosina, un pedazo de queso o algo que le guste, o con una caricia, cosa que el entiende como gratificante.

También debemos aprender a aconsejar a los propietarios para que su animal se relacione en forma armónica con el medio en el que va a convivir, esto es que se sociabilice correctamente.

En otras épocas se decía que el perro no podía salir a la calle hasta no estar completamente vacunado, cosa que ocurriría a eso de los tres meses y medio o los cuatro, y aquí estaríamos cometiendo un gravísimo error para la sociabilizacion del cachorro.

Debemos introducir aquí el concepto de "período sensible", aunque no ahondaré mucho, ya que no es el objetivo de este trabajo, pero si definirlo, pues es preciso para lo que viene.

Un período sensible, es una etapa en la edad del animal durante la cual los sucesos tienen un efecto de ser susceptibles de persistir por largo plazo, o durante el cual se realiza un aprendizaje facilitado y memorizado a largo plazo. Corresponde a un momento particular del desarrollo del sistema nervioso central.

Este que nos ocupa va de los dos hasta los tres y medio o cuatro meses, y durante el mismo es fundamental que el cachorro tenga contacto con todo aquello que va a convivir con él en su vida de adulto. Me refiero a personas de distintas características (distinto color, niños, etc.), ruidos (explosiones, gritos) formas de movimientos (andar en auto), etc.

A mis clientes les aconsejo que en ésta edad lleven a su perro a lugares como mercados, ferias, calles concurridas, etc., donde seguramente tomará contacto con todos esos elementos extraños.

Además que si es posible se consigan pequeños explosivos (traques) y que acostumbren al animal a escuchar el estallido, así de esa manera evitaremos en muchas ocasiones la fobia a los mismos, especialmente en las fiestas de fin de año.

Se me podrá decir acerca del riesgo que corre un animal que no está completamente inmunizado a exponerse a fuentes de virus. Bueno, a eso respondo que el riesgo es el mismo que corre al exponerse a nosotros cuando llegamos de la calle, ya que nadie que yo conozca, se pone ropa estéril al entrar a su casa.

Para terminar, he de recalcar que el objetivo de este trabajo es dual: por un lado brindar elementos al veterinario que no ha recibido en sus formación curricular y que son de mucha ayuda en la clínica cotidiana. Y por otro, despertar en los colegas la inquietud de ahondar en una disciplina nueva y poco conocida.

Un prestigioso colega peruano, el Dr. Pedro Acha, hablaba acerca de la triple fuente sobre la que abrevaba la profesión veterinaria, formada por la Medicina Animal, la Alimentación de la población y la Salud Pública. Comprender a ésta última, no solo de cómo evitar los riesgos a que los humanos están expuestos en cuanto a las aguas, la polución o la conservación de los alimentos, sino también a la relación que con los animales debemos tener, es justificar en parte el dinero con que el resto de la población paga nuestros estudios.

(1) Médico Veterinario (UBA) Especialista en Clínica de Caninos y Felinos domésticos (CVPBA)- Especializado en Etología Clínica – Docente Autorizado (UBA) Hospital Escuela de Medicina Veterinaria y Área de Enfermedades Médicas del Departamento de Medicina de la F.C.V. de la UBA; consultorio de Etología Clínica del C.E.M.V.
(2) Médico Veterinario, Egresado de la Escuela Nacional de Lyon, Francia. Es el creador de la consulta de patología del Comportamiento en el Servicio de Medicina de la Escuela de Lyon, de Maison Alfort y una cátedra de Etología Canina al igual que en la Escuela de Nantes.


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