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Publicado: 11/9/2007
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La cognición animal


por Natalia Estramil*, 2007


Artículo originalmente publicado en : Correo del Maestro Núm. 132, mayo 2007



Murciélago frugívoro.
hypatia.morelos.gob.


En un artículo anterior vimos las líneas generales del aprendizaje en los animales.1 En el presente trabajo, basado principalmente en el libro titulado Comportamiento animal. Un enfoque evolutivo y ecológico, de Richard Maier (2001), consideraremos tanto la capacidad de aprender un lenguaje como también otras capacidades vinculadas con los procesos cerebrales en los animales. Para ello, debemos tener en cuenta que si bien poseemos características en común con el resto de los animales, las diferencias que nos separan hacen muy difícil nuestro intento de entender cómo ven el mundo. Incluso si pudiéramos simular sus estilos de vida y poseer sus capacidades o habilidades particulares, existe siempre implícita una visión antropomórfica; así, por ejemplo, podríamos llegar a sentir como humanos lo que es ser un murciélago, pero no sentir como murciélago lo que es ser un murciélago. El filósofo Thomas Nagel se pregunta: "¿qué es ser un murciélago?" Casi todos los murciélagos, además de poseer otras características biológicas, utilizan la ecolocación para percibir el mundo externo. Se trata de un sistema en el cual ellos emiten y perciben ultrasonidos, es decir, sonidos por encima de nuestra percepción acústica normal. De esta forma, por más que sepamos mucho sobre su biología y debido a que el mundo sensorial de los murciélagos es tan diferente del nuestro, Nagel en esencia concluye que "nunca lo sabremos".2 Sin embargo, que no podamos sentir lo que es ser otro animal como si fuéramos ese animal no implica que no podamos intentar valorar de algún modo si existen o no estados de conciencia o, de forma más general, "capacidades cognitivas"3 en otros animales.

¿Qué pasa por la "mente" de un animal?


Dentro de su medio natural, muchos animales se comportan como si reconocieran parientes, valoraran el nivel de agresividad y el tamaño de sus oponentes, y recordaran las interacciones sociales que ocurrieron en el pasado. Además, aparentemente resuelven de forma eficiente problemas relacionados con la localización y cosecha del alimento. Debido a que dan evidencia de "conocer" de una forma bastante sofisticada algunos aspectos de su ambiente y de sus compañeros sociales, uno podría preguntarse: ¿qué es lo que pasa por la "mente" de un animal? ¿Los animales son capaces de formar conceptos, de aprender el lenguaje, de tener noción de cantidades? ¿Poseen memoria y percepción de los hechos? ¿Presentan acaso procesos cognitivos complejos al igual que los humanos? Éstas son algunas de las preguntas que están en debate dentro de la comunidad científica y sobre las cuales centraremos nuestra atención.

A tener en cuenta


Cuando se trata de comparar las capacidades de aprendizaje o de "inteligencia" que poseen los diferentes animales, puede cometerse una serie de errores de interpretación. Diferentes especies son sometidas a un mismo tipo de experimento, y ciertas especies generalmente aprenden a resolver el problema planteado con mayor dificultad que otras. Este resultado debe evaluarse con cuidado, ya que puede ser consecuencia de que el animal no se encuentra motivado o que no "entiende" el problema planteado. No hay que olvidar que cada especie evolucionó en un ambiente ecológico y social diferente, y quizás el animal no se encuentre familiarizado con el problema o situación al que es expuesto en los experimentos. Sin embargo, aun si estuviera familiarizado, podría no resultar importante para la historia natural de la especie. De estos hechos deriva, en parte, el cuidado que se toma al valorar cuán "inteligente" o cuánta capacidad de aprendizaje tienen los diferentes animales.

¿Pueden formar conceptos?


Conceptos de objeto
Al presentarle varias fotografías a un animal cuando sólo algunas de ellas muestran ejemplos de una determinada categoría de objeto, como por ejemplo personas, podemos evaluar su capacidad de formación de conceptos. Para ello se debe recompensar al animal cada vez que emita una respuesta correcta; por ejemplo, cada vez que una paloma picoteara una tecla en respuesta a la aparición de una o varias personas en la fotografía. Si la paloma sólo picotea consistentemente cuando observa fotografías con personas, entonces podemos asumir que formó el concepto "humano" o "persona". Aunque podría argumentarse que las palomas estarían respondiendo a otros aspectos de la fotografía como su brillo, cuando éstos se regulan las palomas todavía son capaces de formar conceptos como "humano", "árbol" y "agua".4

Se ha visto que las palomas tienen la capacidad de estimar cantidades.
Enciclopedia de los animales, v. 6, Anesa, Noguer, Rizzoli y Larousse, B.A., 1972.


La importancia biológica de esta capacidad en las palomas radica en que interactúan con dichos conceptos en condiciones naturales. Los primates, en cierto modo, poseen la capacidad todavía más desarrollada de formar conceptos que las palomas. Así, los macacos rhesus (Macaca mulatta) aprenden a distinguir diapositivas con individuos de su misma especie de otras con individuos de macacos japoneses (Macaca fuscata) que presentan un aspecto similar. Esto les permite tomar las "estrategias sociales correctas".

Conceptos abstractos
Para formar estos conceptos, el animal debe ser capaz de extraer un principio que se aplique a una gran variedad de circunstancias. Se ha estudiado la formación del concepto de similitud tanto en aves como en mamíferos. Para ello, se presentan tres estímulos, dos de los cuales son similares, y se recompensa al animal cada vez que elija cada uno de los dos estímulos. Una vez aprendida la respuesta correcta, se presenta un nuevo trío de estímulos en el que también dos de ellos son similares. Si el animal mejora su aprendizaje, es decir, si elige cualquiera de estos dos estímulos más rápidamente, se puede suponer que ha formado el concepto de similitud o igualdad.

De forma análoga, se puede generar el concepto de disimilitud si se recompensa al animal cuando elige el estímulo diferente. Los estudios demuestran que varias especies de aves así como mamíferos poseen la capacidad de formar conceptos abstractos tanto de similitud como de disimilitud.

¿Poseen la capacidad de aprender un lenguaje?


Como ya hemos visto, ciertos animales diferentes al hombre poseen la capacidad de formar conceptos. Por otra parte, sabemos que los conceptos pueden ser representados a través de símbolos o palabras, entonces, ¿podrán también estos animales aprender el significado de los símbolos o las palabras?

Un caballo llamado Hans el Listo y su dueño despertaron las primeras controversias en lo que respecta al lenguaje. Cuando su dueño le hacía preguntas matemáticas, Hans el Listo respondía correctamente golpeando con sus cascos el suelo. Hans parecía entender lo que su dueño le preguntaba. Sin embargo, experimentos posteriores demostraron que de manera inconsciente su dueño realizaba movimientos sutiles de su cabeza y rostro, indicándole a Hans que dejara de golpear el suelo una vez que lo hubiera hecho el número de veces suficiente.

El hecho de que un humano transmita pistas para que un animal emita "respuestas  aparentemente inteligentes" se ha popularizado con el nombre de "fenómeno de Hans el Listo" y ha llevado a que los investigadores extremen los cuidados al realizar experimentos complejos como los de comprensión lingüística.

Algunos ejemplos de lenguaje animal


Si bien pueden existir grandes controversias como en el caso de Hans, en general se ha visto que algunos animales diferentes al hombre poseen la capacidad de aprender un lenguaje rudimentario.5 Los grandes simios, por ejemplo, después de ser instruidos por mucho tiempo, pueden comunicarse usando símbolos que representen objetos y acciones. No obstante, aunque la distancia que nos separa no es tan larga, no son capaces de aprender el lenguaje sin la ayuda del hombre, y el domino de la sintaxis que llegan a desarrollar es muy limitado. Si al parecer el abismo que existe entre grandes simios y humanos en lo que respecta al lenguaje no es tan grande, ¿por qué los grandes simios no han desarrollado de forma natural el lenguaje? La respuesta probablemente se encuentre más relacionada con problemas en la producción de sonidos (debido a que poseen un aparato fonador distinto) que en la comprensión del habla. La postura bípeda quizá favoreció a que se desarrollara sólo en humanos un aparato fonador anatómicamente adecuado para la producción de sonidos como las consonantes, vitales en el desarrollo del lenguaje oral.6

Además de los grandes simios, algunos estudios sugieren la existencia de un potencial rudimentario para aprender algún tipo de lenguaje en muchos mamíferos marinos.

En las aves, por otra parte, se ha visto que, además de formar conceptos, en algunos casos también pueden expresarlos vocalmente. Así lo demostró Alex, un loro gris (Psittacus erithacus) que aparentemente entendía los conceptos igual y distinto, y además era capaz de expresarlos vocalmente. Este loro aprendió a discriminar entre 80 objetos diferentes, así como a responder correctamente si dos objetos nuevos diferían en color o en forma.

¿Poseen la capacidad de estimar algún tipo de cantidades?


Si bien las capacidades cuantitativas de los animales distintos al hombre son limitadas, algunos animales, entre ellos ciertas aves y mamíferos, poseen la capacidad de estimar algún tipo de cantidades. Si el alimento es abundante y está bien distribuido, las probabilidades de que un animal lo encuentre son muchas. Sin embargo, cuando el alimento se encuentra en mayor medida en ciertas zonas, el animal deberá buscar formas para encontrarlas e identificarlas.

Así pues, cuando se expuso a carboneros comunes (Parus major) ante parcelas de distinta densidad de alimentación, durante los primeros minutos estas aves buscaban el alimento de forma aleatoria en varias parcelas, pero luego de un breve periodo pasaron la mayor parte del tiempo alimentándose en la parcela con mayor cantidad de comida. Al parecer, durante los primeros minutos los carboneros obtuvieron información sobre la densidad de alimento que existía en cada parcela de alimentación, es decir, evaluaron la calidad de cada una. Esto último era justamente lo que les permitía elegir la mejor parcela para alimentarse, y permanecieron en ella por más tiempo. La capacidad de estimar algún tipo de cantidades no sólo puede servir para abandonar la parcela en el momento más adecuado, sino para definir el momento en el cual existe una cantidad de alimento dado (u otros recursos) como para defenderla de los intrusos.

En un experimento, algunos carboneros palustres, como el de la imagen,
demostraron que las aves tienen la capacidad de recordar.
Enciclopedia de los animales, v. 4, Anesa, Noguer, Rizzoli y Larousse, B. A., 1972.


Para finalizar, mencionemos que se ha visto que también las palomas tienen la capacidad de estimar algún tipo de cantidades, ya que en un experimento se demostró que son capaces de distinguir si se ha producido mayor cantidad de destellos de luces azules que rojas o si se ha producido lo contrario. La capacidad de estimar una cantidad mayor o una cantidad menor también se ha visto en primates como los chimpancés y los macacos rhesus.

Memoria y percepción


Indudablemente los animales diferentes al hombre han de tener sistemas para organizar y almacenar la información. Desde la década de 1980, por ejemplo, varias pruebas señalan que al menos algunas especies de aves poseen la capacidad de recordar en qué lugar escondieron las provisiones, sin embargo, el recuerdo es más específico de lo que se pensaba, por lo menos en algunos casos. Los carboneros palustres (Parus palustris) ejemplifican este hecho: en un experimento se dejó a estas aves esconder dos tipos de semillas, uno de ellos era el preferido. A continuación se sacaron las semillas de los escondites para evitar cualquier pista. Los investigadores observaron que cuando estos carboneros palustres tuvieron la posibilidad de recuperar sus semillas, se dirigieron primero a los escondites que antes contenían sus semillas predilectas. Además, los carboneros palustres demuestran que las aves pueden tener la capacidad de recordar si el alimento almacenado ha sido recuperado o no, pues tienden a buscar semillas sólo en los escondites que no han sido visitados.

Si hablamos de percepción en los animales, no debemos dejar de mencionar dos puntos:
1) Las imágenes de búsqueda: cuando uno sabe con exactitud lo que busca, probablemente es más fácil que lo encuentre, de esto se tratan las "imágenes de búsqueda". Lo mismo sucede en el resto de los animales, esto les facilita tanto la obtención de alimento como la identificación de potenciales predadores. En animales como los primates, las imágenes de búsqueda también ayudan al reconocimiento individual de sus compañeros de grupo, y en algunos casos incluso se perciben relaciones familiares.7

En animales como los primates, las imágenes de búsqueda también ayudan al reconocimiento individual de sus
compañeros de grupo.
Enciclopedia de los animales, volumen 6, Editorial Anesa, Noguer, Rizzoli y Larousse, Buenos Aires, 1972.


2) La permanencia de objeto: es otro fenómeno relacionado con la percepción, que también facilita la obtención de alimento además de otras actividades relacionadas. El concepto de "permanencia de objeto" trata de la capacidad de percibir que un objeto existe de forma continua aunque no esté a la vista. Aunque una gran variedad de animales posee este concepto desarrollado a un nivel simple,8 perros y primates terrestres aparentan poseer un nivel más complejo del mismo.9

Hasta aquí hemos tenido en cuenta algunos aspectos básicos de la cognición animal; para finalizar consideraremos otros procesos cognitivos que son todavía más complejos y que hasta hace relativamente poco eran considerados sólo en los humanos.

Los procesos cognitivos complejos



La intencionalidad y la planificación
Permiten preparar al animal para los sucesos que enfrentará en el futuro. Un trabajo bastante convincente que da indicios de su posible existencia es el realizado en condiciones naturales con chimpancés: en el medio natural, las madres de estos primates dejan objetos que podrán ser utilizados como yunques o martillos cerca de nueces, o a veces depositan nueces sobre la piedra que actúa como yunque (hembras sin crías no presentan estos comportamientos). Y aún más, las madres, en general, no hacen caso al pedido de sus crías para obtener nueces ya cascadas, así ayudan a que las crías aprendan a cascar las nueces por sí solas; de esta forma las madres promueven el aprendizaje del uso de instrumentos en sus crías. Aunque puede atribuirse a otras causas, este hecho puede ser tomado como una posible evidencia de intencionalidad o planificación.

Perro adiestrado para guiar a los ciegos.
Enciclopedia de los animales, volumen 2, Editorial Anesa, Noguer, Rizzoli y Larousse,
Buenos Aires, 1972.


El autorreconocimiento10
¿Acaso los animales se ven a sí mismos como algo distinto del medio y del resto de los animales? Considerando el conjunto de investigaciones que se han realizado, se puede decir que hay suficientes pruebas que indican la existencia de autorreconocimiento en ciertas especies no humanas. Al respecto, Gordon G. Gallup Jr. observó cómo reaccionaban los chimpancés al presentarles un espejo. Si bien al principio se mostraban como si estuvieran observando a otro chimpancé, luego de unos días comenzaban a explorarse partes del cuerpo que no podían verse sin la ayuda de un espejo. Para saber si esto podía estar indicando algún tipo de autorreconocimiento, se anestesió y pintó a cada chimpancé en orejas y frente con pintura no irritante e inodora. Posteriormente, al ver que no notaban la pintura, pues rara vez se tocaban las manchas, se les presentaba un espejo. Al verse reflejados, los chimpancés tocaban con mayor frecuencia sus manchas de pintura. Este tipo de autorreconocimiento también ha sido observado en orangutanes.

La teoría de la mente
Esta teoría hace referencia a la posible capacidad de atribuir intenciones, estados de conocimiento y sentimientos a otros individuos. El estudio de autorreconocimiento en chimpancés mencionado anteriormente permite pensar que en ellos por lo menos existe el primer paso para su desarrollo: el concepto del "yo". Las pruebas que existen hasta hoy proponen que al menos algunos simios poseen rudimentos de esta teoría aunque se diferencien del grado de sofisticación alcanzado en los humanos. No sabemos si este resultado es consecuencia del escepticismo en la interpretación de los datos o si realmente se han evaluado de forma correcta las diferencias que poseemos al respecto. Aún faltan numerosos estudios para evaluar esta teoría; la tarea, claro está, no es sencilla.

La conciencia
Según el psicólogo Donald Griffin, no podemos rechazar la posibilidad de que algunos animales posean "conciencia". De cualquier forma, si fueran conscientes, no significaría que, en comparación con nosotros, tuvieran la misma conciencia de sí mismos y de su existencia. La tarea de evaluar los indicios de existencia de conciencia es también difícil, incluso en humanos que pueden expresarse mediante el lenguaje. ¿Puede uno afirmar que lo que experimenta una persona de forma consciente es comparable a lo vivido por otra? O por decirlo de otra forma, ¿puede uno afirmar que el sabor de un caramelo de vainilla es el mismo en diferentes personas?

Para cerrar conceptos


Animales distintos del hombre son capaces de formar conceptos y están capacitados para evaluar algunos aspectos cuantitativos. Asimismo, pueden llegar a aprender un lenguaje para comunicarse, aunque sea de forma rudimentaria. Sin embargo, necesitan de los humanos para lograrlo y están limitados por la anatomía de su aparato fonador. Ciertos animales, además, aparentemente poseen cogniciones complejas, principalmente los grandes simios. No podemos responder con los métodos científicos de hoy en día si los animales distintos del hombre poseen conciencia. De todas formas, no tenemos por qué descartar en principio la posibilidad de su existencia. La creciente necesidad de saber cuánto se acerca el resto de los animales a nosotros, por lo menos a este respecto, seguirá nutriendo el avance en el conocimiento de la cognición animal.

Notas


* Mi agradecimiento a Macarena González por su lectura y comentarios.

1Natalia Estramil, "Aprendiendo sobre el aprendizaje", Correo del Maestro, año 11, núm. 127, diciembre de 2006, pp. 38-43.

2Esta visión, cabe mencionar, se puede extender al resto de los animales si nos hacemos la misma pregunta para cada uno de ellos.

3La cognición, según Markl (1985), es la habilidad de relacionar piezas de información diferentes, que no estaban conectadas, con nuevas formas, y aplicar los resultados adaptativamente.

4Las palomas también tienen la capacidad de formar otro concepto, el concepto "pez".

5Cabe mencionar que los animales aprenden a comprender el lenguaje antes de poder expresarlo.

6Ésta es una de las principales explicaciones que existen sobre por qué no surgió de manera natural algún tipo de lenguaje articulado en los grandes simios.

7En el momento en que un mono vervet (Cercopithecus aethiops) observa que una cría es agredida por otro mono, generalmente busca con la mirada a la madre de dicha cría.

8Requiere la capacidad de recordar eventos recientes, así pues, cuando se esconde un objeto delante del animal, lo buscará en el área en que acaba de desaparecer.

9Cuando se esconde el objeto en dos lugares posibles y el experimentador da evidencia de que no se encuentra en uno de ellos, el animal busca de forma sistemática en el otro, entonces se puede pensar en procesos más complejos que la memoria.

10Hacemos en este artículo referencia al "autorreconocimiento" como sinónimo de "autoimagen", es decir, poder reconocer la propia imagen corporal ya sea en espejos, fotografías, filmaciones, etcétera.


Bibliografía


carranza, J. (ed.), Etología. Introducción a la ciencia del comportamiento, Universidad de Extremadura, Cáceres,1994.

cheney, D. L. y R. M. Seyfarth, How Monkeys See the World. Inside the Mind of Another Species, University of Chicago Press, Chicago, 1990.

maier R., Comportamiento animal. Un enfoque evolutivo y ecológico, McGraw-Hill-Interamericana de España, sau, Madrid, 2001.

manning, A. y M. S. Dawkins, An Introduction to Animal Behaviour, 4a edición, Cambridge University Press, Gran Bretaña, 1995.

vargas-pérez, H. y J. L. Díaz, "El enigma de la mente animal", Elementos, ciencia y cultura, www.elementos.buap.mx


 
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