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Publicado: 31/5/2003
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Mapa caracterológico canino

por Sergio Grodsinsky



Uno de los errores más frecuentes cometidos al hablar de la conducta de los perros, del que ni los cinólogos escapan, es el empleo de términos que corresponden a otros ámbitos y cuya significación no puede trasladarse a la ethografía canina. Así, comúnmente, se utiliza la antigua clasificación de Hipócrates definiendo "(perros de) carácter excitable, tranquilo, agresivo o temeroso", o el uso del vocablo "temperamento" para significar agresividad o confundir guardia con defensa, etc. En la cinofilia moderna, los estudios han precisado muy bien la terminología correcta e, independientemente del autor o técnico, precisando sin ambigüedades, se facilita la comprensión del comportamiento canino.

En las relaciones que el perro tiene con el ambiente -ocupado por él, y consiguientemente, con otros animales y el hombre, tanto formando parte del grupo socioexpresivo o extraño a éste- se evidencian, de modo notorio, diez comportamientosnaturales: la docilidad, la sociabilidad, la curiosidad, la vigilancia, el temperamento, el temple, la posesividad, la combatividad, la agresividad y el coraje.

Cualquiera de estos comportamientos exteriorizados pueden ser más o menos acentuados según la raza de pertenencia, potenciándose entre sí o contraponiéndose (y hasta anulándose), formando una carta de identidad de sus aptitudes naturales y propias.

...Aptitudes y facultades a tener en cuenta en cualquier instrucción, pues -como bien dice el ethólogo Enrique Lerena de la Serna- "la educación no puede modificar los fundamentos innatos del carácter" y, por lo tanto, el adiestramiento para ciertas funciones resulta desaconsejable en razas cuya memoria genética no las predispone o, aun existiendo concordancia conductal, carecen de las debidas posibilidades morfológicas (tamaño insuficiente; particularidades corporales que las impiden desempeñarse sin mayores riesgos; poca adaptación climática; etc.), en suma no recomendables profesionalmente.

Aunque la instrucción específica quizá demande un plus de alguna de estas facultades e, inversamente, exija un mínimo en otras de las aquí mencionadas, los comportamientos básicos del can adiestrable son las que siguen:
  • Docilidad. Refiere a la facilidad del especimen canino para aceptar al hombre como su superior jerárquico. Evocamos el rol en la jauría, no la condición de esclavo temeroso y sumiso. Por perro dócil se entiende a quien acepta al humano en el rango de guía equivalente al líder de las agrupaciones caninas salvajes. La docilidad, pues, no será confundida con timidez ni miedo al castigo; parte de la confianza, de la entrega natural y beneficiosa a un mismo proyecto de porvenir, no anula la índole sino que la amplía.
  • Sociabilidad. El perro, animal gregario, sólo se expresa en complitud integrado a comunidades; de ahí, un ejemplar sociable gana en lo personal y conforme al designio de su género zoológico. De este modo, insertarse con naturalidad dentro del ámbito propicio, comunicarse sin excitación o impaciencia extrema es inherente al impulso genético de domesticidad distinguible de la actitud de su primo el lobo. La falta de sociabilidad se manifiesta con temor, ansiedad e inquietud. Sociabilidad y docilidad son dos comportamientos de base que se declaran en el cachorro ya al segundo mes de vida, y autores como Daniel Tortora dividen dicha capacidad sociable en: para con la familia, hacia los niños y respecto a extraños de la casa; Humel agrega la disposición para con otros congéneres y la sociabilidad con distintas especies (gatos, aves, equinos, vacunos, etc.).
  • Temperamento. Esta definición contempla la intensidad y velocidad de respuesta ante los estímulos externos de cualquier naturaleza. No se debe aplicar el término como sinónimo de carácter y mucho menos de agresividad. Tal como sucede con la sociabilidad y la docilidad, la instrucción canina permite acrecentar el temperamento de los especímenes adiestrados.
  • Curiosidad. Hay un axioma comprobable: No ve ni entiende el mundo aquel que no sea curioso, quien no tenga sed de indagar, buscar y conocer (Condición previa a todo aprendizaje). También en el perro lo que llamamos curiosidad se denuncia en el deseo, el placer y la facultad de interesarse -naturalmente- hacia todo lo circundante y fundado en la aptitud de explorar territorios y descubrir entornos, problemáticas y resoluciones nuevas, imprevistos, acrecentando la conducta instintiva con el imprinting o troquelado -al decir de los ethólogos- y que definen al comportamiento adquirido, donde la curiosidad juega un papel muy importante. La presencia de esta cualidad -en mi opinión- es primordial para el éxito de todo adiestramiento.
  • Vigilancia. Representa la particularidad sensitiva del perro para advertir algo anormal y, por ende, acaso peligroso, amenaza hacia él como individuo y/o como integrante de jauría (que encuentra equivalente en la familia humana). A veces, asociada a la gran sensibilidad olfativa y auditiva de los caninos, la aptitud vigilante conformando un sexto sentido le permite preadvertir gravísimos eventos naturales -aludes, terremotos, inundaciones, incendios, tormentas- y resolver por anticipado la guarda del grupo (congéneres, personas o animales a su cuidado).
  • Temple. En el campo de la conducta canina, el temple describe la capacidad de resistencia a una acción o factor externo desagradable o agresivo. Es condición indispensable para la guardia.
  • Coraje. La palabra "coraje" sintetiza una convergencia de impulsos para enfrentar positivamente situaciones riesgosas conocidas o no que pudiesen afectar la integridad física del individuo o de su grupo comunitario. Esta disposición de lucha surge como respuesta directamente proporcional a la sociabilidad y al temperamento de cada quien, sin contraponerse a la docilidad. El coraje opone al sentimiento de fuga –instintivo personalista- aún a costa del sacrificio personal y, por añadidura, la defensa del conjunto (de la jauría, de la familia) lo exime del miedo y consideraciones individuales.
  • Agresividad. En los perros, nos interesa como reaccionan física y activamente –pero de modo proporcionado y sin exageración- ante el supuesto peligro (Amenaza territorial, de sus congéneres, de él mismo o de los seres a su cuidado, cualquiera fuese el género). La agresión siempre obedecerá a un motivo provida. En los caninos salvajes este comportamiento es primordial para obtener alimento y, consecuentemente, se relaciona con el instinto predatorio y la supervivencia del más apto.
  • Posesividad. Dícese de un perro que es posesivo cuando, naturalmente, está predispuesto a convertirse dueño de cualquier cosa o alguien. Deriva –por sublimación- del comportamiento predatorio de los canes silvestres (no domésticos y cimarrones). El apropiarse de seres u objetos se manifiesta como expresión de competitividad y afirmativa del espacio aprehendido.
  • Combatividad. El concepto alude a la capacidad de luchar con vigor contra un estímulo exterior negativo ni bien este se manifiesta. Verdadero "resorte" emocional, la combatividad ha de expresarse con una firme actitud de lucha que, en algunos casos, compone figuras de riña (Esquemas ritualizados de combate) y, de desencadenarse la agresión abierta, se distingue de otras formas de pugna porque utiliza las señales atávicas de la especie (posición de cola, orejas, pelo erizado en la cruz, etc.). Autores como Enzo Vezzoli sostienen que de manera frecuente la combatividad se asocia e inclusive se origina en la posesividad.


Las constantes de conducta consecuentes a cada grupo canino diferenciado en raza, según observaciones comparativas de numerosos ejemplares, permite trazar un mapa caracterial donde clasificamos los comportamientos normales, comunes a la facción.

La evaluación indica valores medios, advirtiéndose que cada raza se destaca en algún aspecto y cualidad, conforme a la presión selectiva, ambiental y humana. Otras variaciones pueden ser reveladas a nivel individual y como consecuencia de la influencia genética de sus ascendientes, del troquelado y por obra del ambiente en el cual maduró. Dicho índice puntualiza del 2 al 5, sin contemplarse el valor 1, puesto que a este nivel un comportamiento se considera ausente o casi y denuncia una grave desventaja psicológica genética.

El siguiente cuadro no comprende la totalidad de las razas, sino las más difundidas, y se completa con el seguimiento en dos tipos de lobos (estudio de la ethóloga Wanda Altman) que hace a una mejor comprensión de la conducta del can domesticado.

RAZA
O
GRUPO CANINO
D
O
C
I
L
I
D
A
D
S
O
C
I
A
B
I
L
I
D
A
D
T
E
M
P
E
R
A
M
E
N
T
O
C
U
R
I
O
S
I
D
A
D
V
I
G
I
L
A
N
C
I
A
T
E
M
P
L
E
C
O
R
A
J
E
A
G
R
E
S
I
V
I
D
A
D
P
O
S
E
S
I
V
I
D
A
D
C
O
M
B
A
T
I
V
I
D
A
D
Perros de defensa: Schnauzer y pinscher
4 3 5 4 3 3 4 4 5 4
Perros de defensa: Algunos pastores
4 4 5 4 4 3 3 4 4 4
Perros de guardia: molosos
3 3 4 4 5 5 4 5 5 4
Spitz nórdicos:
3 3 4 5 5 5 5 3 4 3
Lebreles:
Rusos y europeos
4 3 4 4 4 3 4 2 3 3
Perros de caza: terrier
3 4 5 5 4 5 5 4 4 5
Perros de caza: Spaniel y símil
4 5 4 5 4 3 4 2 3 2
Perros de compañía: asiáticos
4 3 4 3 4 4 4 3 3 3
Lobo europeo
2 2 3 2 4 3 1 3 4 2
Lobo americano 1 2 3 4 5 4 3 3 3 3

FUENTES CITADAS en el texto: Ethología general, E.C.Lerena de la Serna; El perro apropiado para Usted, D.Tortora; Perros de guardia y defensa, F.Humel; El perro y el hombre, M.Perricone; Vivir Juntos, E.Vezzoli; Estudio psicológico del perro, I.Sierra Martinez; Conducta de lobos y chacales actuales, W.Altman.

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