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Conducta: Las fobias en la especie canina  
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Publicado: 31/5/2003
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Las fobias en la especie canina

por Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros


Original en : http://www.aepe.jazztel.es

El problema que origina para un dueño la fobia de su perro frente a un o unos estímulos determinados, es uno de los mas graves con los que debe convivir tanto él como el animal.

Hace pocos días leía en una revista de divulgación canina que este problema tenía muy fácil solución tanto si se cogía a tiempo como si se trataba de corregir en un estadío vital avanzado del perro. Con el debido respeto que me merece la autora del artículo, debo decir que difiero sustancialmente en sus conclusiones. La fobia tiene mal diagnóstico y es difícil, cuando no imposible, su tratamiento. Hace pocos meses trabajé con un perro, destinado al deporte, que presentaba fobias generalizadas hacia un amplio abanico de estímulos. Se pudieron paliar algunas e incluso, erradicar otras pero, el consejo final que tuve que dar al dueño, fue que no llevara al perro a determinadas pruebas o que adquiriese otro para ellas.

Se puede definir la fobia como una respuesta de miedo excesiva y persistente frente a un estímulo determinado. Puede ir acompañada de ansiedad por separación del dominante, conducta destructiva, agresividad por miedo e incluso, autolesión. No podemos afirmar que el componente racial sea determinante pero sí que el genético, la experiencia previa o el índice de percepción individual influyen de manera notable en la licitación de estas conductas asociadas al miedo.

También, y en el contexto de licitación, vemos perros que solo muestran fobia a ruidos asociados con desastres naturales (relámpago, caída de rayo, truenos o cohetes) y otros que lo hacen hasta en presencia de un estímulo novedoso como la apertura brusca de un paraguas o la caída de un objeto. Otra distinción importante es la ontológica, es decir, hay animales que presentan estas conductas desde el periodo crítico de socialización y otros que comienzan a licitarlas a los dos años o tres años de vida.

Antes de analizar los distintos tipos de fobias – imnatas o adquiridas- veamos el enfoque etológico del problema para tratar de comprender su naturaleza.

Como sabemos, el individuo más apto (en libertad) sería el que mejor evitara la depredación, tuviese mas acceso a las fuentes de recurso y obtuviera mas éxito reproductor. Nuestros perros, con solo un periodo de domesticación de dieciseismil años, no pueden haber olvidado, en su mensaje genético, que el desastre natural los afecta sobremanera en sus factores de supervivencia. Tampoco el que una experiencia novedosa puede ser la responsable de su extinción ya que no estarían capacitados para resolverla. Tampoco habrán olvidado que una comunicación agonistica intensa por parte de un dominante, puede ser un aviso de muerte inmediata.

Realmente no debe sorprendernos el que el 20% de nuestros perros domésticos sufran fobias si tenemos en cuenta el enfoque anterior. Pero tampoco soluciona nada, al dueño del perro, el que el concepto de fobia pueda ser asimilado a una conducta adaptativa en su propia evolución. Veamos pues los dos tipos de fobias y su forma de paliarlas o erradicarlas.

La fobia imnata puede ser considerada como una conducta heredada del carácter miedo. Hará su aparición cuando el proceso de socialización esté tocando a su fin y se manifestará frente a varios estímulos. Es la más peligrosa por su capacidad de extrapolarse a otros estímulos posteriores que aparecerán en la vida del animal. El perro que presente esta elevada emocionalidad jamás será apto para pruebas deportivas y mucho menos para ser adiestrado en defensa. En un futuro, puede ser responsable de lesiones a personas o protagonista de conductas aberrantes. Por supuesto, a tenor de su raza, puede ser utilizado como animal de compañía pero siempre con las limitaciones propias del individuo. Por otra parte, y debido a la condición de especie altricial del perro, esta fobia puede ser controlada por medio de manipulaciones neonatales y condicionamiento operante. Entre los adiestradores es muy normal buscar el carácter temple -que no es más que la ausencia de fobias - entre los cachorros de dos meses de una camada, para adoptar un ejemplar de trabajo.

Cuando la fobia se manifiesta en el periodo de madurez del animal y solo frente a un determinado estímulo, debemos sospechar que el perro ha sufrido un proceso de sensibilización. Si unimos, en el tiempo, un estímulo aversivo (daño físico o frustración) con otro neutro (cohete) el animal tenderá a licitar conductas de miedo o agresivas con la sola presencia del neutro. La mayor parte de las veces, nosotros somos los responsables de las sensibilizaciones de nuestros perros y otras pueden ser personas ajenas a la familia las que pueden causar fobias con o sin intención. En Sevilla vi un ejemplar de trabajo que licitaba conducta fóbica hacia su jaula sin llegar a averiguar quien había sensibilizado al perro.

El tratamiento de esta clase de fobias se basa en el condicionamiento operante. Cuando la habituación (proceso contrario a la sensibilización) se prevé lenta, debemos recurrir a la administración de fármacos siendo en estos casos, imprescindible la actuación conjunta del veterinario y el especialista en conducta. Con los tranquilizantes conseguiremos que la respuesta de miedo sea menos intensa y podremos utilizar la exposición gradual al estímulo como base del tratamiento. Premiaremos cualquier conducta de tranquilidad mientras aumentamos la exposición. El guía debe permanecer tranquilo frente al estímulo y nunca recurrir al castigo durante el tratamiento ya que, por muy aversivo que fuese este, siempre lo será más el estímulo desencadenante. Si el animal en tratamiento es un dominante, debemos apartarlo de los demás ya que, el riesgo de que contagie al resto, es muy elevado. En el caso de que se tratara de un subordinado, la presencia de dominantes que no reaccionen al estímulo, será tremendamente beneficiosa pare el perro. Es desaconsejable tratar de que el animal asocie el estímulo desencadenante con la licitación condicionada de conductas instintivas. Me refiero, a título de ejemplo, a darle salida al perro mordiendo cuando suena un cohete. En este caso estaríamos potenciando su agresividad y condicionándolo de forma errónea. Es mucho más beneficioso unir al estímulo unas conductas lúdicas o de tranquilidad. En términos generales debemos huir de asociar el desencadenante con estímulos de supervivencia y/o reproducción.

Algunos autores sugieren la posibilidad de que alguna causa orgánica y no genética o aprendida, justifiquen alguna fobia del tipo imnata. La hiperacusia podría ser una de ellas ya que para un perro que oye demasiado, la sola presencia de un agente ruidoso podría ser desencadenante de miedo por dolor.

De todas formas, debemos pensar que el perro doméstico está en un proceso de selección artificial que ya ha conseguido hacer descender su timidez a umbrales muy bajos en comparación con sus parientes en libertad. ¿Y las fobias?.

Conclusiones


Las fobias pueden ser genéticas y solidarias al factor miedo o adquiridas por sensibilización.

Antes de diagnosticarlas es imprescindible descartar una causa orgánica.

Pueden presentarse frente a uno o varios estímulos.

Las adquiridas por proceso de sensibilización suelen aparecer frente a un solo estímulo.

El rango de percepción sensorial del indivíduo es un factor determinante de la intensidad de la fobia.

Tienen difícil solución y no deben ser tratadas por personas no formadas en comportamiento ni veterinaria.

No descartamos que la selección artificial incida en el aumento de fóbias en el perro doméstico.


AUTOR


Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros E-mail : pacemvis@gmail.com
Web : www.etologiacanina.net , AEPE: Asociacion para el Estudio del Perro y su Entorno

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